jueves, 30 de abril de 2020

Miguel Angel Morelli




dejad que los muertos entierren a sus muertos



¿cómo será nuestro reencuentro
con aquellos que no hemos sido capaces de enterrar?
cuando el futuro ya no sea una suma de los días
y cada madre busque a su hijo entre difuntos
¿qué haremos con estos huesos insepultos? |
con tanta ceniza devorándonos los ojos?

que los muertos entierren a los muertos |
que sus bocas queden mudas para siempre



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toda palabra entreteje profecías:
con algunas nace el amor
con otras la fe |
con un nombre la pena

pero hay palabras pequeñas | dolorosas
con las que nacen los poemas que no nombran |
esos versos que desbautizan el decir
y arrojan al ser de su propia morada



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si en este instante | si en este abismo de luz
el tiempo se detuviese ante tus ojos
podrías ver la flecha todavía en el aire
y al pájaro ensangrentado cayendo desde el cielo

la herida  amor  es siempre una parte de abismo |
la flecha una excusa de la muerte




Miguel Angel Morelli
De - Despojos - Tiempo Sur (2009)

Poeta nacido en Cnel. Suarez, Pcia. de Buenos Aires, (1955). Reside en Quilmes.


martes, 21 de abril de 2020

David González




David González


la voz
abre los fuegos
de la materia

habla en mi

no alcanza el tacto
para trascenderla.




no ser nada
de la piel para adentro
fiable prudencia

los pájaros rebotan
entre
la pelvis
y el habla.




las ceremonias creativas
son un huevo de serpiente
sostenido por dos palos

ambas manos entrelazadas
tornan en espiral la sombra

cierran el occidente
que habito y me habita.





nazca
reciba los nutrientes necesarios para desarrollar su cerebro
siéntase el perro de Pavlov antes de saber que existe algo llamado así
tenga una familia disfuncional
lea siempre cualquier cosa que caiga en sus manos
lea poesía
lea poesía desordenadamente
lea poesía hasta pensar que no hay más nada nuevo por decir
piense en no volver a escribir
sienta la poesía rondar en la nuca
conozca la incineración
use las palabras como bayonetas
tenga amigos y piérdalos
sea genital
invéntese una moral o un dios
regocíjese en el barro y la altura
indague en la intensidad
inmólese
siéntase morir
resucite
entiéndase uno más
descifre el run run del viento.





Patria o Muerte
en la pared

palabras estalactitas
incrustándose
en dudar

sólo 2 habitantes por km 2

algunos
(los menos)
entienden los vientos..





huesos del esqueleto social
erguidos de ausentes
bailan la música del polvo

descartes de la memoria
enterrados en descampados

el miedo gotea y calla
quedan en fotos los muertos.



David González

Nació en Capital Federal en 1979. Vive en Viedma (Río Negro) Argentina .
Realiza al taller literario Rayuela con Lidia Ravonne de Huniken en 1989.
Entre los años 1996 y 2000 asiste al taller literario  El Dinosaurio Dormido  con Ana Maria Destefanis.

Publica textos y poesía en publicaciones literarias, suplementos culturales y páginas webs culturales y poéticas de Latinoamérica y España.
Sube material de su autoría en la pagina https://www.facebook.com/11DGPOESIA/

Ha participado en diversas antologías de Argentina.
Publicó la plaquette de poesía  “11” (ediciones de La Mariposa y La Iguana) en el año 2016.
Desde  2018 integra Paralelo 40, un colectivo literario y cultural de la comarca Viedma/Carmen de Patagones.
En la actualidad acaba de publicar 40º 63º, un poemario editado por Vela al Viento.
Participa en diversos eventos culturales de Argentina (Fiesta de la Palabra Bariloche, Feria del Libro Viedma, Feria Internacional del Libro de Comodoro Rivadavia, lectura de poesía en teatros, bares, marchas, escuelas, entre otros)

jueves, 26 de marzo de 2020

Tomás Arinci





"Quedate en casa" Composición Tomás Arinci / Coro Municipal de CBA y Orquesta de Cuerdas Municipal

Tomás Arinci
Cantante, pianista, compositor y arreglador. Nació en la ciudad de Córdoba en 1983





martes, 17 de marzo de 2020

Fernando Pino Solanas





Solo

Solo y al costado,
como un cero solo,
al que marginaron
y resiste solo.

Lejos y perdido,
como un perro lejos,
voy contra el olvido
rastreando mis huesos.

Solo y sin un mango,
como en un suicidio,
solo tengo un tango
pa'contar mi exilio.

Lejos de mi vida,
sin tener un puerto,
ando a la deriva
y me dan por muerto.

Solo y perseguido,
en mi Buenos Aires,
ando sin sentido
como un tiro al aire.

Lejos todo extraño
y me siento poco
y si no me engaño
yo me vuelvo loco

Solo y escondido,
con toda la historia,
que nos han prohibido
y está en mi memoria.

Solo es el exilio,
como un cero solo,
tiempo de delirio
que lo borra todo.

Solo como un cero solo,
solo resistiendo solo
lejos como un perro lejos
lejos rastreando mis huesos
solo como en un suicidio
solo pa'contar mi exilio.

Cuelgo el corazón en el ropero
mi pobre corazón lleno de agujeros
lejos como están los viejos
lejos de cualquier espejo,
solo como un cero solo
solo resistiendo solo.



Música: Fernando Pino Solanas
Intérprete: Roberto Goyeneche





Vuelvo al Sur

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,
inmensa luna, cielo al revés,
busco el Sur,
el tiempo abierto, y su después.

Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.

Te quiero Sur,
Sur, te quiero.

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.
Vuelvo al Sur,
llevo el Sur,
te quiero Sur,
te quiero Sur...



Música: Astor Piazzolla
Intérprete: Roberto Goyeneche



Fernando Pino Solanas
Argentino, 1936.



Director de cine y político argentino. Entre sus obras cinematográficas se destacan La hora de los hornos (1968) codirigida con Octavio Getino y El exilio de Gardel (Tangos) (1985).


martes, 25 de febrero de 2020

María Barrientos





El principio del padre


        Te llamo por tu nombre
como la hija adúltera, lejos
de la brutalidad del momento


labios sellados
                 y esta prohibición
         de hielo:
no puedo quebrarla con mis manos
y ser tu virgen


pero no te olvides
               que
empezamos
juntos esta necesidad
de nombrarnos.




Zoo


Culpa
 de tu carne
es esta rama de
venas
  que calienta
una circulación
melancólica


ambos
atacamos
con un desgarro
triste:
  la boca en la comisura
de la cacería


la sangre
corriendo


    pequeños ciervos
que vimos
aquel día
en su selva
doméstica.




Tu madre, ese anillo y su costura


Viajes viajes
    para encontrar
a tu joven madre muerta


y no pensabas en otra mujer
porque todas
se habían
           roto con ella,
como copas
             finas,
        fragmentos
de operaciones
            sin sangre,


y así heredé una tolerancia al dolor
que los médicos
admirarían


pero ese síntoma
ni llegaba a palidecernos
apenas
           dóciles
nos domaban
hacia un alivio instantáneo,
como si un ángel golpeara
con su pala
la verdadera enfermedad.




María Barrientos
De "La duración" - Editorial La luna qué (2012)



(Buenos Aires, 1959) Ha publicado los libros “Habitaciones para la vigilia” (Poesía, Filofalsía , 1990. Faja de Honor de la Sade), “Cross” ( Poesía, Libros del Empedrado, 1995.


jueves, 30 de enero de 2020

Joaquín Giannuzzi




Instituto de belleza


El derrumbe de un cuerpo
no proclama el fracaso del universo.
El piojo se deteriora súbitamente;
los leones caen en un soñoliento
crepúsculo reumático.
Como los hombres de Hesíodo.
Así, durante un sepelio observé
la majestuosa degradación
de un ramo de gladiolos.
Entonces compruebo estupefacto
la alienada esperanza de negar y resistir,
el estúpido escándalo que confunde lo bello con lo inmutable
y que hace de miss universo, por ejemplo,
el último juguete de occidente.



En Las condiciones de la época (1967)




El puesto del gato en el cosmos


Uno siempre se equivoca cuando habla del gato.
Se le ocurre por ejemplo que junto a la ventana
el gato se ha planteado en el fondo de los ojos
un posible fracaso en la noche cercana.
Pero el gato no tiene un porvenir que lo limite.
A uno se le ocurre que medita, espera o mira algo
y el gato ni siquiera siente al gato que hay en él.
¿Cómo admitir detrás del movimiento de la cola
una motivación, un juicio o un conocimiento?
El gato es un acto gratuito del gato.
El que aventure una definición debería
proponer sucesivas negaciones al engaño del gato.
Porque el gato, por lo menos el gato de la casa,
particular, privado e individuo hasta las uñas,
comprometido como está
al vicio de nuestro pensamiento
ni siquiera es un gato, estrictamente hablando.





Un domingo de Fernando Pessoa


Desde su ventana arroja hacia la calle
una caja de fósforos vacía: es domingo
y en el orden desierto cae tristemente
con un sonido condenado
a un significado secreto. La tarde que declina
todo lo desampara. Nada es eterno
en la escena. ¿Valía la pena
recorrer los años para concluir
con ese gesto que se cierra sobre si mismo?
Pero los hechos no han concluido. Los días
aún se repetirán. Mientras tanto, en Lisboa,
un fragmento de calle, una caja vacía
son elementos mudables que sostienen
una visión en ruinas de las cosas.




Gladiolo


Envainado y bermejo,
estriado de púrpura,
continuación suntuosa
del tallo afilado como navaja. Engendrado
por la suave torsión de pétalos tensados,
una forma cumplida en torno a un centro
de energía. Vástago breve de febrero
que abarca el día a partir del sol,
abriéndose a su paso, girando y plegándose
con la luz menguante, hasta cerrarse
como un puño a las puertas de la oscuridad.
¿Qué especie de certeza hay en esta oscilación
del movimiento no visible?
La pulsación del día escapa a mi ojo
pero yo he amado, perplejo,
este drama mecánico en una tierra que perdura
y cada año, testigo, mi yo es un susurro inverso
al camino del sol, humillado




Apuntes de Época


Frecuencia de tiroteos
En las inmediaciones de nuestro cuerpo.
Las noches llegan como amenazas secretas.
Explosiones, aullidos de ambulancias y neumáticos,
pasos que se precipitan.
Espasmos de una agitación avanzada.
La vieja época
pierde el ritmo cardíaco, boquea
en el estanque seco de su propia historia.
Detrás de las puertas
cerradas a doble llave, pasador y moral sin dientes
todo el mundo conteniendo el aliento.
Timbales y música a volumen crítico.
El baile de los muchachos
del otro lado de la pared.
Desde aquí no hay mucho que explicar:
acumulo muecas, examino ideologías
pero en conjunto ignoro
si son libres o felices,
qué heroísmo reclaman, qué sueños conciben.
A veces hay un accidente en el tocadiscos
y entonces los muchachos
con puños y pies golpean las paredes
para escapar de estos tiempos difíciles y oscuros.



Joaquín Giannuzzi

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1924. Se dedicó al periodismo, publicó críticas literarias en los diarios Crítica, Crónica, Clarín y La Nación. En 1962 empezó a colaborar con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo.

En 1958 publicó Nuestros días mortales, con el que obtuvo el premio de la Sociedad Argentina de Escritores. Le siguió Contemporáneo del mundo, y en 1967, Las condiciones de la época, y Señales de una causa personal de 1977, y en la década de los ochenta: Principios de incertidumbre; Violín obligado y Cabeza final.¿Hay alguien ahí?, se publicó poco antes de su fallecimiento el 26 de enero de 2004 2004.

 
BIBLIOGRAFÍA

Nuestros días mortales (1958)
Contemporáneo del mundo (1963)
Las condiciones de la época (1968)
Señales de una causa personal (1977)
Principios de incertidumbre (1981)
Violín Obligado (1984)
Cabeza final (1991)
Apuestas en lo oscuro (1991)
Obra poética (2000)
Un arte callado (2006)


Información extraída: www.escritores.org


domingo, 19 de enero de 2020

Fernando Delgado



El Futuro de Ayer


“Se aferraron uno al otro sin mostrar su identidad, se complacían con el solo hecho de hacerlo juntos. Inquietantes para el resto de la gente, que aún vivía bajo los efectos de un pasado que recién empezaba a mostrar sus máscaras.” 



Entre la Av. Belgrano y la calle Moreno se situaba la gran casona "así la llamaban los vecinos" con cierta intriga y desprecio por sus habitantes. Defensa al 500, Capital Federal.
Amalia no era su verdadero nombre, ella lo adoptó al conectarse con Ulises.
Con el tiempo descubrió que mucho antes, también él se llamara de otra forma.
Ninguno de los dos quiso preguntarse  por el pasado del otro. Ambos intuían que nadie quedó sin averías al año 1976 y que a su vez sin salida, había un camino el cual no dejarían de transitar.
El decidió compartir esta especie de locura de "todos encerrados" sin ninguna otra posibilidad de escape. Ella no dejaba de buscar cualquier cosa que perteneciera a esa época del `76, coleccionaba radios en las cuales decía escuchar el eco de las voces que fueron cómplices.
Su única meta era compartir esta pasión. Entre medio de tanto espanto las calles se habían transformado en algo peor que el miedo a conocer el futuro, sólo ellos dos sabían que el pasado se estaba librando aquí y ahora.
En todas partes, al igual que Amalia escuchaba el eco de voces lejanas, estaban las huellas del tiempo, en los rostros, en la ausencia de mariposas, en la preocupación de la que nos hicieron ocupar, en las casas despintadas.
Mientras Ulises pintaba en la vieja casona, ventanas sobre las paredes y decía que una mañana al despertar las iba a ver abiertas de par en par, ella anotaba el nombre a quien pertenecía cada color de voz que iba reconociendo, locutores, periodistas, artistas y entrevistados.
Tanta intriga como tanto desconocimiento era temeroso para los vecinos, un alto paredón, y una ventana tapiada con ladrillos, y el único indicio que la casa estaba vacía era cuando advertían un fuerte candado uniendo las dos puntas de una cadena oxidada.
Salían todas las tardes a caminar, siempre con los rostros pintados de muchos colores.
La gente los miraba como quien se mirara en un espejo equivocado, diciendo ese no soy yo. Nada les importaba de su alrededor, más que verse juntos. Tenían pocos amigos que de vez en cuando golpeaban tres veces la puerta y esto parecía ser la contraseña de fuera de peligro.

Una mañana de fuerte tormenta, despertó a Ulises que sobresaltado de su sueño más profundo, escuchó el ruido que venía desde la planta baja, eran ruidos, golpes contra la pared, se sentó sin hacer el menor ruido para no despertar a Amalia, bajó muy cauteloso las escaleras y observó que las ventanas que él había pintado eran las que golpeaban. Quedo sin respiración por breve tiempo, sabía que nadie, salvo Amalia lo iba a entender, entonces comprendió que los ecos que se escuchaban en la radio de su compañera, eran tan cierto como la ventana abierta.
En ese mismo momento corrió hasta la ventana y descubrió que una pluma haciendo excavaciones para la construcción de un edificio lindero, había errado el golpe, pero eso, ya no importaba demasiado, la ventana se había abierto en el mismo lugar que él la había pintado.
Subió las escaleras de a dos escalones por vez hasta llegar a Amalia y decirle que encienda la radio, que no era el eco lo que ella escuchaba, sino que eran las mismas voces de antes las que se siguen escuchando.




13 de Diciembre de 2003


Fernando Delgado
Nació en Wilde, Buenos Aires (1954)



Poeta y letrista.


Fotografía: Elizabeth Vitullo

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com