sábado, 2 de octubre de 2021

Raquel Fernández

 


PETER PAN ESTÁ MUERTO


¿Cuándo supiste que Peter Pan estaba muerto?
Siempre lo supe.
La única manera de no crecer
es morir.
La única manera de que te recuerden y te amen
como a un niño eterno
(como a ese hermano mayor idealizado
que se accidentó patinando sobre hielo
y no alcanzó a cumplir los catorce)
es morir.
La única manera de no mancharse las manos
y el corazón
con el hollín de la vida
es morir prematuramente.
Conservando intacto
el dulce cosquilleo de la infancia.

¿Y qué quería con los chicos Darling?
No sé.
Quizás quería mostrarles cómo era
ser eternos en una estrella
antes de que el dolor
los tocara con sus largos dedos húmedos.
Quizás quería que tuvieran
la oportunidad de elegir
entre un adiós temprano
o una vida que decantaría en la soledad
o el tedio.

Quizás Peter Pan nos visitó a todos,
alguna vez,
y no lo recordamos
porque elegimos vivir.
Porque elegimos quedarnos sin estrella
y estrellar el cuerpo contra la insistencia
de los almanaques.
Quizás era ese amigo invisible
con el que teníamos largas charlas
a la hora en que las muñecas tomaban el té.

Claro que vivir
tiene sus cosas buenas.
Claro que crecer trae amor, y deseo,
y todas esas pequeñas flores de orgullo
que nos prendemos, victoriosos,
en las solapas del cuerpo.
Claro que vivir
también es una aventura.

Pero a veces me pregunto cómo sería
tener ocho años limpios
en la segunda estrella a la derecha.



LAS RECITADORAS


Bicho colorado mató a su mujer
con un cuchillito de punta alfiler.
Le sacó las tripas, las puso a vender:
"A veinte, a veinte,
las tripas calientes
de mi mujer"
Rima infantil anónima

Lo recitábamos
con una naturalidad que espanta:
“Bicho Colorado mató a su mujer…”
Yo me preguntaba cómo un bicho colorado
(que era, para mí, una florcita silvestre,
un remedo diminuto de margarita
que te dejaba la mano picando si la tocabas)
podía tener mujer.
Pero nunca se me ocurrió
preguntarme por el crimen:
a nadie le importaba demasiado
la mujer de Bicho Colorado;
el algo habrá hecho también nos daba la mano
cuando jugábamos a la ronda.

“Bicho Colorado mató a su mujer…”
Lo repito y un cuchillito de punta alfiler
sube por mi columna vertebral
como una arañita de metal rabioso.
Se clava en cualquier momento.
Y no.

Lo recitábamos
con una naturalidad que espanta:
“Bicho Colorado mató a su mujer…”
Nos programábamos
para aceptar lo inaceptable.
Para naturalizar el horror.

Desprogramarnos a puro grito,
a puro mirarnos, palparnos, sentirnos
nos toca hoy a las recitadoras.
Nos toca una ronda que pregone
que la mujer de bicho colorado
era una de las nuestras.



EL MAR POR ÚLTIMA VEZ


En diciembre de 1975
vi el mar por última vez
con ojos de niña.
De la mano de papá y mamá, vi el mar.
Y el mar fue un grito azul
que me inundó la garganta.
Un grito de alegría
(y algo de miedo también,
en blanco y negro la chica desnuda y el tiburón,
en blanco y negro el juramento de que nunca, nunca, nunca,
iba a meterme al mar desnuda).

Después, papá soltándome la mano.
El mar escapándose,
escurriéndose entre las grietas del recuerdo,
¿cómo era ese azul,
cómo era ese grito,
cómo era dormirse sin saber que el miedo
no eran la chica desnuda y el tiburón,
porque la muerte estaba en mi casa
y lo había mordido a él que tenía los pies secos?

Después, las tarjetas postales de las amigas
a mediados de enero:
puestas de sol y gaviotas,
sombrillas de colores.
Alfajores Havanna que traían los tíos
y alguna chuchería comprada en la feria de artesanos
o en los negocios del puerto
(cositas horribles que cambiaban de color según el tiempo
y no quedaban bien en ninguna repisa).
Y yo tratando de hacer pie en ese azul
cada vez más lejano,
en ese grito de la mano de papá y mamá,
tratando de hacer pie para no ahogarme
en una casa seca donde la chica desnuda y el tiburón
se dormían abrazados
a mis temblores de huérfana
y el verano,
con su insistente olor a sol y a flores aturdidas,
se parecía tanto, tanto a la muerte.



Raquel Fernández

Nació en Avellaneda, en 1967. Recibió más de cien premios nacionales por su actividad poética, otorgados por prestigiosas instituciones. A estos logros se le suman otros obtenidos en España, EEUU, Italia, Chile y Perú. Es autora de los poemarios “Ojos que miran el cielo”, “Revelaciones”, “Todos los hombres que me amaron”, “Hermano”, “La antigua enfermedad del otoño”, “Cierta condición nocturna”, “Como nosotros”, “Once upon a time”, “Interrumpidas”, “Pretty in Pink”, “Goodbye, Norma Jeane”, “Un rayo a tiempo” y “Enaguas de encaje rotas”. En 2015 fue nombrada Personalidad Destacada de la Ciudad de Avellaneda por el Honorable Concejo Deliberante de dicha ciudad. En 2019 recibió una distinción como Vecina Destacada por el su aporte cultural a la ciudad de Avellaneda otorgada por la Secretaria de Cultura, Educación y Promoción de las Artes del municipio.

domingo, 19 de septiembre de 2021

martes, 13 de julio de 2021

Alejandra Martin

 

Cuanto más viento sopla,

más se me vuelan

los recuerdos

y salgo corriendo

a atraparlos,

no vaya a ser cosa

que esta noche

no me visites

otra vez.

 

*

 

¿Acaso hay hallazgo

más estremecedor

que encontrarse

a uno mismo

en plena metamorfosis

-como una mariposa-

cambiando de parecer?

 

*

 

una flor crece

mientras

un pájaro reposa

pese a los intentos

de ese muñeco

que intenta espantarlos.

Yo los observo

como quien

se posa incrédula

frente a lo establecido.

 

*

 

En el borde

de mi cuerpo

tu sombra

parece

no encontrar

retorno

a su hogar.

 

*

 

Vértigo

 

He atravesado todos los límites

incluso muchos más

de los que creía alguna vez posibles.

He caminado por los bordes

de la locura

y los peligros del andar anestesiada

para llegar a estar viva.



Alejandra Martin
Nació en San Miguel de Tucumán, 1987. Es Psicóloga graduada en la Universidad Pública Nacional (UNT). Recide en Flores, CABA. Participó en el taller de escritura, de poesía que coordina Mariana Kruk. Participó en grupos de trabajo de Arte y Psicoanálisis, en la EFA (Escuela Freudiana de la Argentina). 


miércoles, 7 de julio de 2021

Pablo Queralt

 


(Fragmentos)

Sabemos lo que queremos nosotros? Aquí en la habitación que adoramos estar
cuando entra el colorado del atardecer o el amarillo del medio día
en toda esa luz nos bañamos pasando del living a la cocina tenemos las palabras
los libros este lenguaje que nos hace felices invisibilizados
en lo que hace nacer soñar tanto
en esa luz imaginación del sueño invencible como nuestra necesidad nuestro deseo
todas esas pequeñas extrañas vidas
que aquí vemos en nuestras vidas que miran para otro lado.


Es ya de noche? esta oscuro negro como esa oscuridad del cine pero son las 4 de la tarde que puede ser ¿una gran tormenta? el mar esta encima de nuestras cabezas el que llegue primero a la orilla le gritará al otro y el otro sabrá si el día se acortó o es que pasamos demasiado rápido.

Es que estos árboles que ves me llevan a mi tiempo en el colegio su oscuridad tal vez o ese verde van más allá de lo que yo creí recordaba. Una vez un chico como fauno 

entre los faunitos volaban las blancas tizas por el aire esa era la guerra de 2 bandos o de todos contra todos que yo odiaba porque no me gustaba pelear y sino peleabas te decían cagón.

Ah, esa oscuridad de mañana que tan bien conocí a eso de las 6,30hs el silbido de algún pájaro, la naturaleza despuntando un nuevo giro y yo en la parada del colectivo, a las 7,30 estaría en la puerta del colegio entre eso que se escucha, voces, ruido de autos que pasan, todo eso tan lejano que es horizonte.


Un viento de otoño se instaló en este día de febrero
sino fuera por la promesa de 3 o 4 semanas más de calor agobiante
me pondría el pullover encendería la estufa y me sentaría a contar
los días que me quedan
para volver a ser feliz.  


Todo hace sistema las emociones hacen su pilita
acá allá sus montoncitos
que te tiran a sus orillas y te hacen retirar de otras
en el orden del movimiento general
es una curva del cuerpo que busca su equilibrio
en su andar vencido de una forma y no de otra
todo potencia en su tiempo de tolerancia
en el largo recorrido de su blues.


El presente nunca desaparece
subo al colectivo saco uno de diez
me espera alguien en el centro no sé si iremos
al cine o al teatro pero cuando estemos comiendo algo
y dejemos las pistas falsas le diré si quiere seguir
conectado, y dejaremos el mundo entretenido
que cabe en la superficie en ese punto de inflexión
viaje en un hilo
que es el techo de nuestro cordón de vida,
su texto de agua, su sombra arrojada.


Y las cosas van y viene ¿como olas? Es el jubilo de las manos. Es el arte
que tiene el día y seguimos con tanta ternura.
Todo se mueve y estamos contentos. 
Adentro afuera. Sigo las huellas de la gran fiesta. Después
de los artistas. Siguiendo su curso de agua un cielo.
El cántico de los niños o las ranas. Era el mundo pero era agua. Un estuario.
Mirábamos las estrellas. No sabíamos por donde comenzar. Todo lo demás era nada comparado con esto.
Me quedo más tranquila cuando me hablas.
Me mostrás tus ojos. Veo su bondad.
Las horas se ponen en su sitio con su beso.
Y dijiste pongo el corazón en todo lo que hago esa es mi felicidad.


Que no me pase lo que al niño que al subir
al manzano sepa bajar que sepa elegir mi grano feliz.
Esa mi alegría mi diccionario de bolsillo lo ínfimo.
Ahí colgué los cuadros más míos.


Pero la lancha pasó rápido haciendo del río
un picadero y nos perdimos en esas preguntas
y vagas respuestas que nos llevaban a nuestra
propia intimidad.


Alcé la linterna para que el tren pasara
y algo naciera y otra muriera.


Las cosas que me hicieron que sea yo en el mundo.
En el interior de mis dimensiones.
Descubrí el primer plano invisible.
Un camino hacia algún lado.
Ni sabemos cuales son las leyes.
La del caballo muerto en la playa ya la vimos!
Él salía al balcón y lo veía, bajaba rápido
y lo observaba parecía un halcón o un aguilucho.
Levantamos la vista y era la visión
de otra vida. Depende donde uno haga foco
para obtener una realidad? Yo no sé más
de lo que oigo, lo que veo, lo que pienso
ese mosaico es el rayo de luz que entra
por mi ventana. Y a veces crece tanto
que yo no sé, no me puedo contener, me desborda
me parece que todo se ríe de mí.


Está todo tan blanco como si el cielo se nos hubiera
venido encima no sé
si era el Halcón Maltés o el capitán Montalbano,
y andamos y andamos como si pidiésemos permiso
por existir.
Pero hay algo muy profundo que llevo en mí.
Hay veces que tengo alas y vuelo,
te tengo cerca y venís como una voz,
un ruido, una risa un astro en mí. Yo quisiera hablarte.
Y en ese momento
creciente apoyo mi pie
y desaparece como un reflejo en la vereda.
Algo que me dice que estoy acariciando el amor.


En el deseo de besarla. En las palabras que encontré.
Conocí mis genes. Seguí mi camino.
Y me dio sus rubíes.


Si no te lo preguntás no lo vas a saber
porque te quieren robar las palabras que encontraste
que encontramos seguimos por el parque
la noche estaba fresca te di mi sweater
sentí que era mi doble el que estaba allí
y mi palabra no era la mía
y ahí mi alma escribió.


Amar en esa sombra adelantada entre lo que existe
y no existe
arrastrando los pies en sus lindes
recién nacida del milagro de cuanto dura
sigo en su hora unido al cielo
de pasar la vida lamiendo la dicha.



El ritmo del partido la pelota
hacen que no me vaya a pique
no quiero seguir malgastando mis sentimientos
ese es mi óhlele óhlala
mi sombra anónima
mis palabras espejo de mi persona
mis ojos cerrados
Qué cosa pasó?
algo vino algo se fue
hecho de la infancia
que le da cuerda al reloj


En cuál disparate cósmico me encontré
ya fumaba desde los doce y tu vestidito amarillo
en la noche azul del verano
en su desnudamiento nació mi galaxia personal
en esa matriz del aire mucho tiempo
fue mi dueño fue mi condición
yo soy formado por todo eso.


Este hombre ya estará muerto este que va en moto
en la serie de su propia arena
de los 60 que nos encanta ver por televisión
qué amable su mirada su gesto persiguiendo
una forma de la luz por esos caminos mágicos
de mata en mata borrando deslavando nuestro diseño
vulnerable invisible
ese toque ligero cómico con que hemos nacido
no importa qué pasará sino cómo por nuestro
campo de estupor
aquello que no nos deja ver para reconciliarnos
y descubrir el berberisco porque luchamos
su bombín y su paraguas el lapsus
como búmeran de fugacidad desbandada
trama bajo las cosas que inventa un tiempo
una llave de entrada
a uno mismo entre una niebla recién leída.
Fuera de la fantasía y el presentimiento
los planos se encuentran
navegando otra claridad
mi casa de mañana mi tiro perfecto.


Necesitamos tan poco solo flores con días de verano
y un viento azul
ese aire nuestro suelo o plataforma
nuestro camposanto.

Ese espíritu pleno que fuimos antes de ser hombres
ese rol estelar.

Un buen libro en un día de lluvia. O ir al cine contra
las puertas del día.


Esa será mi música mi zumo a toda hora capaz
de ser a la velocidad de aprender de renunciar.
Ese será nuestro oficio.
Y todo se detiene el tiempo suficiente
y ahí nace la otra edad en su hora plena deambulo
péndulo oscilo en la pedrada en la caída en el centro
de mi duda si no soy yo mismo
en ese día menos ese ocaso que el silencio muerde.
Algo va perdiendo color algo retrocede el amanecer
incendia más allá
lo invisible esa es la contorsión
del mundo dibujado en la expansión
de una estética universal.
Esparcida. Así lo percibo.
Su fuerza de simplificación.


En el Trocadero vi mi mejor película partes de la escena de mi vida 
como agradezco los montones que anhelaban que venciera a mis fantasmas
yo que hacía lo que podía para vencer la turbulencia
de la batalla con esas chispas atrapadas el problema
es ese no saber lo que falta lo que sobra en uno
devenir restaurar un estado de  cólera anterior mudar
en una existencia que se lanza a escena en ese fondo
de torbellino
interior a abrir un mundo donde surgen las cosas
esa es la revelación. 


Pablo Queralt
De "Partes de la escena" 2020 - Editorial detodoslosmares

Buenos Aires, 1955 - Poeta y Traductor.

viernes, 2 de abril de 2021

Paula I. Aramburu

 


Sismo


a veces basta un gesto, una mirada

o un silencio de días para perder

el equilibrio, y entonces

todo comienza a vacilar, 

y de un día para el otro

la vida se percibe como una sacudida

violenta en la corteza de la tierra, una grieta

profunda, una fractura que duele

de lado a lado



Después de la tormenta


como una paloma caída de su nido

el nido barrido del árbol

por una fuerte tormenta, y la lluvia

que todo lo moja, ahora moja el pico

de la paloma, los ojos redondos, las plumas

blancas y grises, todo su cuerpo sumergido

en la lluvia; y el viento, que todo lo toca

toca las ramitas del nido, las esparce

y las hunde en la tierra, y así

desaparecen ramas, nido, y paloma

que es como desaparecen todas las cosas

que cumplieron su ciclo



Cortocircuito

antes de partir, se dio una ducha

caliente, extendió la toalla mojada

sobre el respaldo de la silla del comedor,

y sin hacer ruido

cambió una bombita

quemada por una sana, como si ese gesto

esa luz, pudieran evitar el frío

la oscuridad, un cortocircuito



Cámara lenta

y si todo esto no fuera más que una larga caída

en cámara lenta? como quien da

un paso en falso en una ladera

cubierta de nieve, el sol

reflejándose en la superficie

del hielo, y mi cuerpo allí

helado, enceguecido

deslizándose lentamente



Paula I. Aramburu
De "Desplazamientos"   -   Editorial Ciudad Gótica (2010)

Nació en Rosario, es poeta y psicoanalista. Especialista en psicología forense.

Coordina su propio espacio Web: http://lasvocesdesiertas.blogspot.com/













viernes, 22 de enero de 2021

Verónica Boletta

 


Simetría


Los espejos trabajan a destajo

pierdo en el horizonte tu mirada

me rompo te construyo me desarmo


No fue Mahoma

tampoco la montaña



Diario de lunes


Sólo al final

sabré

si esta espera fue tesón

o

tiempo perdido



*


Cerré la puerta

con la esperanza del camello

Tampoco pasaste por la cerradura



de "Vendehúmo" (2017)



En pose


La estatua

infunde quietud

a todo volumen

siembra de silencios

o repetición de eco

suave movimiento de mar

desde la orilla


Ayer


Bendita la estrella inclinada

sobre el jardín.

Sucede el pasado.

Un almendro

inmóvil

congela su sombra.


Ella

bebe

memoria.



#


Uy

¡qué nervios!

Tu tono lánguido

del otro lado

me arrastra las desinencias.


A riesgo de naufragar

hago todo al revés

como el salmón

nado contracorriente



#


Enjuago de mi boca

el gusto de la noche.

Ahora

a escupir palabras.


Inéditos



Verónica Boletta 

Nació en Santiago del Estero. En Tucumán estudió ciencias económicas. Reside en la ciudad de La Plata. Escribe en todas las geografías. 

Es autora de los poemarios Chamuyo poético (puro verso) editado por Peces de Ciudad (Buenos Aires, 2016) y Vendehúmo publicado por Halley Ediciones (Buenos Aires, 2017). Participó en las antologías de cuentos de Fleming Editorial: Habitación 308, Calle 13, Delicious: recetas y cuentos, Seres extremos: relatos de chicos & chicas malas, y Delicious II. Publicó  Los cuentos del tío (Fleming Editorial, 2018) y la colección de microrrelatos Número puesto (Halley Ediciones, 2020) 

En el blog Estación de Micros comparte poesías y relatos breves. 




sábado, 28 de noviembre de 2020

John Berger

 


Sobre una bailarina de bronce de Degas


Dices que la pierna sostiene al cuerpo
pero ¿no has visto nunca
la semilla en el tobillo
desde donde el cuerpo crece?

Dices (si eres constructor de puentes que creo que eres)
que cada pose debe guardar su equilibrio natural
pero ¿no has visto nunca
los tercos músculos de las bailarinas
mantener el suyo tan poco natural?

Dices (si eres tan racional como yo espero que seas)
que la evolución del bípedo
hace ya tiempo que concluyó
pero ¿no has visto nunca
ligeramente metido en la cadera
el signo milagroso aún
que predice la bifurcación de los cuerpos
veinte centímetros más abajo?

Contemplemos, pues, juntos
(los dos sabemos que la luz es la mensajera del espacio y el tiempo)
contemplemos esta figura
para verificar
yo mi diosa
y tú el esfuerzo.

Pensemos en términos de puentes.
Mira. la carretera de la pierna y la espalda
articulada a la cadera y el hombro
se sostiene firme en la palma del talón
como pilar una sola pierna
el muslo sobre la rodilla
un miembro en voladizo.

Pensemos en términos de puentes
en lo que antaño los hombres llamaron Leteo.
Mira: el cuerpo común que atravesamos
vulnerable, habitado, cálido
también aguanta.
Peso muerto, peso vivo
y resistencia aerodinámica lateral.

Dejemos así que el puente que esta bailarina nos tiende
soporte el peso de todos nuestros viejos prejuicios
verifiquemos pues de nuevo,
Tú mi diosa
y yo el esfuerzo.


John Berger
(Londres, 1926) (Francia, 2017)

Traducción: Pilar Vazquez


Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com