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viernes, 27 de abril de 2018

Carlos Patiño





¿BARBARIE O CIVILIZACIÓN?



Las hordas salieron de sus cuevas
a millones. La barbarie se apropió de las calles
las veredas/ los paseos/
pisotearon primorosos canteros
agitaron banderas olvidadas
aullaron
cantaron
gritaron
saltaron/eran
manadas y manadas inabarcables
días y noches
con sus carpas verdes/rojas/amarillas
el mate/la cerveza/el vino
pidiendo algo que no se entendía bien.
Desde los autitos los miraban rostros impecables y bellas mujeres/
tratando de acelerar lo más posible no vaya a ser que...
Las luces de la plaza/ democráticas ellas/
se encendieron sin preguntar a quien alumbran
y los cantos y los gritos siguieron y siguieron.

Algún día ocurrirá tanta hermosura. Al menos, eso creo.



escritomuchoantesdequeempezaranlosquilombosenSusan,Libia,Etc-





HERENCIADAS



Hijos míos 
nietos míos
pido perdón por no haber podido/sabido
dejarles  un mundo mejor,
aunque les diga que peleé hasta donde pude 
o donde me dejaron 
                                      para cambiarlo:
sé muy bien que un solo hombre no puede
pero ya deben saber que nunca peleé solo 
que siempre hubo miles de hermanos
que calzaron  los guantes de derribar gigantes 
pero no pudimos.
Hijos míos 
nietos míos y todos aquellos que en adelante 
harán equilibrio en mi árbol
genealógico
perdón 
no pude. Simplemente no pude. 




Carlos Patiño
Argentino – 1934-2013


De: Caderas, lejanías y diagonales
El Monje Editor – 2013

Fotografía: Estación Quilmes (Blog)
       

viernes, 19 de febrero de 2016

Carlos Patiño




Futuros imperfectos


Nosotros/ los poetas/ barremos con nuestras palabras
esforzadas/ limpitas/
las inmundicias que cada día
los dueños del mundo
dejan tiradas por las calles.
Pero no alcanza.
Al día siguiente ellos
producen más y más y así
no hay palabra que pueda.

Tal vez deberíamos librar algún exhorto
en nombre de todos los amantes del mundo
que los obligue
a no ser tan mezquinos
/mire usted, si es un asco/
dejan bancos abiertos como boca de
rinoceronte
prontos a devorar el dinero del prójimo
y después nos eructan en la cara papeles sin valor
que el viento de las calles amontona
con rumbo a los suburbios/ahítos de hambre/
Sin que nadie los barra.

Eso no es educado ni social ni moderno.
Pero ellos también preparan
limpian, bruñen, inventan
máquinas de matar
/a veces son máquinas humanas
azules/amaestradas/
con ojitos inyectados de furia nadie sabe por qué/
/sí sabemos por quién/
que siempre buscan y encuentran en las multitudes
a los jóvenes limpios de corazón y cuerpo
y los sangran de muerte hasta que mueren.
con que placer lo hacen/ con que ceño fruncido/
con que mandato firme.

Y en cualquier rincón del mundo/
de noche y a mansalva/ sin decir agua va/
bombardean casamientos/ cumpleaños de 15/
ritos de primavera
solo porque esa gente
tiene otro color de piel o de esperanza/
no entiende los avances de la tecnología/
y/ bárbaros/ celebran sus costumbres
como si les estuviera permitido.

O ahora, en este momento, mientras Marcela y Juan se besan
o se tocan eléctricos debajo de la mesa
/que para algo sirven los manteles/
los que ordenan el mundo rezan a eso que llaman dios
ese su dios
le piden protección y buenaventuranza
para seguir matando al diferente.
o sea a nosotros.

Y nosotros/ tozudos/ nocturnos/ endiablados/
seguimos inventando palabras para poder barrer con la inmundicia.
Palabras dirás vos, solo palabras;
ellos también lo dicen
y se van a dormir despreocupados porque
a quien le sirve/que podrán con hormigas
dormidas en papeles amarillentos/ casi vírgenes/ huidizos/
muy merecidos anónimos.
Pero ellos
no deben olvidar
-esperemos que ´si, que esto lo olviden-
que en la era de la gran tecnología/
de las naves que surcan los espacios sin tiempo/
de micrófonos que oyen hasta el gemido de Marcela/ que trata de
gemir hacia adentro/ no sea que se den cuenta en la mesa de al
lado/
en que los aviones despegan verticales/
y los satélites espían hasta el caer de un durazno en el jardín del
fondo
de un vecino de Quilmes o Estambul/
las armas más letales fueron
cortaplumas gastados y cacerolas rotas/ entonces/
por qué no la palabra/ esta palabra
esforzada/ limpita
dispuesta a convocar
con toda la potencia de quien ya dijo basta
la primera conjugación en voz pasiva
modo indicativo plural del futuro imperfecto del verbo amar/
aunque la humanidad haya sufrido siempre
la segunda conjugación modo indicativo plural
del futuro imperfecto
del verbo temer.
Palabras enlazadas. Solamente palabras.

Pero
de estas conjugaciones
depende el embarazo de la humanidad/
o sea
quién se la mete hasta la garganta:
si ellos o nosotros.




Carlos Patiño
Argentino (1934 – 2013)



De: Buscados (Pero no hay recompensa) - Ed. El ojo de la ballena – 2005

Obra: futuros imperfectos
Extraída de:  zonanegativa.com

lunes, 23 de noviembre de 2015

Carlos Patiño




LUGARES


El paraíso es un rinconcito del corazón
en donde los vivos

mantenemos felices nuestros muertos.


_______________________________


PAROLE PAROLE PAROLE 


Tu silencio aturde  mis oídos
como un choque de trenes.
Las palabras – nuestras palabras –
que tantas veces sirvieron para reír o
exponer
ahora
ya no vienen ni van.
A las palabras – a veces -  también las carga el diablo.
Y la vida está atenta a estas palabras
como un matón de barrio a su próxima víctima.  


_______________________________


THE END


¿ Y qué te queda después de
atravesar
un manantial en llamas
sino el dolor
la soledad
el alcohol
la locura y
                  la muerte?     



Carlos Patiño
De "Cadera, Lejanías y  Diagonales" (2013)  -  El Monje Editor


Argentino (1934 – 2013). -  Integrante del "Grupo Barrilete"

martes, 24 de marzo de 2015

Carlos Patiño





DE ELLA


Nace de lo profundo
de lo más hondo y sólido del pueblo.

Nace de los indios estaqueados
por el conquistador de lata y de caballo
y recorre la piel el alma el grito
y estalla en las banderas y en el canto.

Crece desde los pechos
secos pechos maternos de madres de ojos secos.
Crece desde los vientres inflamados
de los hijos del hambre.

Se desarrolla y trepa por sueldos y gendarmes
se trasmuta en la piedra que destruye cristales
se transforma en fusiles
se corporiza, avanza, elimina alambrados
perseguida por gases y metralla.

Nace de lo profundo
de lo más hondo y sólido del pueblo.

Crece desde la muerte se transforma en la vida
se desarrolla y triunfa
i
  ne
       xo
             ra
                  ble
                        men
                                te.



Carlos Patiño
De "RETRATOS"   -  Editorial papeles de Buenos Aires



Nació en Buenos Aires en 1934 y murió en 2013. Poeta, integrante del Grupo Barrilete.

Colección: La pluma y La palabra Nº 21 - Dirección: Roberto Santoro

Obra: Aquí estoy  -  Eva Armisen

viernes, 27 de febrero de 2015

Carlos Patiño




Charla distendida con mi propia muerte


Yo sé que estás siguiendo mis pasos desde que nací
y que muchas veces me tiraste manotazos arteros-
Este mundo está lleno de vos
de tu blancura sórdida
y sólo me dejas
un angosto/largo pasillo
en donde tengo que hacer todas mis cosas
con vos encima
repartiendo flechazos.

Nunca sabré si me dejaste hacerlas
o si yo supe esquivarte durante largos años.
Tal vez no importe mucho tan mortal ejercicio
esta suerte dis-suerte que acompaña mi vida
porque me has hecho sufrir y hacer pedazos
llevándote en castigo los seres que quería
algo tal vez peor que calar tu mortaja.
Y sé que nunca me dejarás
que seguirás siendo mi más fiel amante
y que haga lo que haga
inexorablemente acabaré en tu lecho
cuando tu voluntad diga “hasta aquí”.

Me tiene sin cuidado tu andar de policía
y hasta es posible que sea yo
quien se arroje a tus brazos
cuando no encuentre un verso que pudiera enhebrar
cuando mi hermosa máquina de sangre huesos sueños
decida estallar en burbujas
y ni un bello atardecer acaricie mis ojos ni nada en este mundo
haga flamear mi risa.
Tuyo soy. Más que de nadie de quien haya sido.
No hay humano que escape
a tu abrazo final fronterizo y callado.

Sin embargo, tu triunfo es tu derrota.
Nada quedará de vos: ni un murmullo
ni una foto perdida en los cajones
ni un suspiro nostálgico. Nada.
Yo quedaré:
vos desaparecerás en tercera persona
como una anécdota,
como el humo del cigarrillo que te arrojo en la cara,
o una muela extraída,
la niebla matinal,
o una ola perezosa
que hace burbujas en la orilla
y otra ola la borra de inmediato.

Yo seguiré viviendo
en los recuerdos de quienes me aman
en mi sangre hecha  palabra
y tu abrazo final será
como un hueso mugriento robado por un perro
en cualquier basural.



Teoría sobre la ingenuidad


Esa sombra que pasa
no es la sombra que espero.
Mi sombra tiene cabellos largos
una silueta sinuosa
como camino de montaña
y una enorme sonrisa que ilumina el camino.
Pero aquí estoy
esperándola
con todas mis mañanas a cuestas
mis noches solitarias
con mis muertes fundidas en bloques de acero.
Y sé que no vendrá:
de mil sombras que pasen
ninguna será la de ella
porque ella
pertenece al pasado
y el pasado no vuelve
aunque hagamos conjuros formidables
sobre la flor más bella del jardín de adelante.




Carlos Patiño
De "Caderas, lejanías y diagonales" - El Monje Editor 2013


Argentino – 1934-2013. Miembro del Grupo Barrilete. En 1990 obtuvo el Premio Casa de las Américas de poesía, Cuba, con su obra "Esquinas silenciosas".

sábado, 12 de octubre de 2013

Carlos Patiño
















Vientos del sur

Bufa, gime, arremolina, bate, silba, canta.
Si lo dejas te lleva a culatear contra los alambrados
o contra las paredes de las casas cerradas,
te zambulle en el mar si no te cuidas
o te lleva a dar con los arbustos espinosos que
enojados
te insertan sus agujas.
O acaso a topetar contra esa mujer que camina de espaldas
tratando de engañarlo
y que por casualidad es tu enemiga
porque te amó o la amaste o no te amó o porque no la amaste
o acaso contra quien amaste, amas o te amará
pero ninguno ve los rostros ni musita perdón civilizado
y siguen ateridos su camino
como si fueran viento también ellos.
Son cosas que a este viento bien del sur
jamás le importarán.
Él bufa, gime, arremolina, bate, silba, canta.
porque no sabe de ninguna otra cosa.
De donde viene, desde allá, de las nieves,
desde las montañas inabordables
desde el silencio mentiroso de los hielos
tiene ese mandato de arrastrar con todo aquello que se cruce delante
con la furia, el enojo, la prepotencia y la arrogancia de los impunes.
Porque el viento es impune.
La montaña es impune.
Los atardeceres son impunes.
Por eso este viento del sur bufa, gime, arremolina, bate, silba, canta
con la impiedad y la grandeza de las cosas que son.



Carlos Patiño
De "Los rumbos del viento" (Os rumos do vento)

Antología de Poesía  -  TRILCE EDICIONES  (2005) Salamanca - España

Pintura:  Amantes en el viento   -  Peter Rudolfo

Anécdota: año 2005, estaba como tallerista de Carlos Patiño, con varios compañeros mas, un día Carlos nos comenta de su participación en esta antología y que le habían regalado dos ejemplares de este libro.
Dijo: uno me lo quedo yo y el otro lo sorteamos entre todos ustedes.

Imagen escaneada:




martes, 11 de junio de 2013

Carlos Patiño





















HERENCIADAS


Hijos míos
nietos míos
pido perdón por no haber podido/sabido
dejarles  un mundo mejor,
aunque les diga que peleé hasta donde pude
o donde me dejaron
                                      para cambiarlo:
sé muy bien que un solo hombre no puede
pero ya deben saber que nunca peleé solo
que siempre hubo miles de hermanos
que calzaron  los guantes de derribar gigantes
pero no pudimos.

Hijos míos
nietos míos y todos aquellos que en adelante
harán equilibrio en mi árbol
genealógico
perdón
no pude. Simplemente no pude.




Carlos Patiño
Argentino – 1934-2013


De: Caderas, lejanías y diagonales
El Monje Editor – 2013

sábado, 12 de noviembre de 2011

Carlos Patiño




Damas y caballeros

“Ellos/Los otros... no perdonan”
María del Carmen Colombo



¿Quién me alivia esta fisura hendida en mis entrañas?
¿ Los señores que pervierten el mundo con sus negocios sucios
y después surgen amenazantes y ofendidos
porque un amor escapó de su jaula?
¿Las señoras que se conmueven con las telenovelas
pero en la realidad condenan a la mujer de carne y piel
que lloraron personaje ante las pantallas?
¿Los jóvenes que juegan a la libertad en sus propias veredas
pero entrerrejan al diferente que osa
ejercer esas libertades que pregonan
de la boca hacia el viento?

Nunca digas te lo dije pero te lo dije:
saldrán de todas cuevas
hordas de envidiosos/moralistas/hipócritas/
a destruir sin piedad
aquello que lastima sus vidas
hace mucho acabadas en desvíos sin emoción alguna/
o matadas antes de comenzar.

Nunca digas te lo dije pero te lo dije:
los ojos de los otros se nublarán al vernos
verán lo que sus torvas cabezas les amparan
mentirán todo vicio que no complete el cuadro
crucificarán a aquellos que se hayan atrevido
(maten al distinto)
evacuarán a quienes todavía tengan sangre en sus venas
y los arrojarán felices a la mitad del río:
ellos gustan dormirse enclaustrando debajo de su almohada
corazones sangrantes.
Así ha sido siempre y lo seguirá siendo
porque
del niño del comienzo hemos adultizado el narcisismo.
Otro mundo sería/respirable y abierto/
si hubiéramos adultizado la inocencia (la nuestra, manantial).
Mirá en tu derredor:
todos trituran/orgullosos y expertos/
algún trozo de prójimo en sus fauces.
Se sientan en sillones repujados
con la piel del más débil.

Viejo/niño Walt Whitman:
no han entendido nada de tu pellejo exhausto
respirando la hierba/ellos
no valen ni siquiera una hebra canosa
de tu vello púbico.

Nunca digas te lo dije pero te lo dije:
y te dije también: sólo tu amor nos salvará.




Carlos Patiño
De "Manantial en llamas"
Argentino – 1934


Obra: Backstage at the opera - Jean Béraud

sábado, 19 de marzo de 2011

Carlos Patiño



Carátula

La mujerona miente-
Juan Gelman


A esa mujer de mirada tan tierna
la acorrala una sombra;
le encanta recorrer eternamente
como el monstruo- dios de los cretenses
el mismo laberinto/
en sus labios dormitan besos como gaviota y
jadeos que no deja volver/ son
antiguas holladuras que la ponen de espaldas/ y la palabra nunca
se aparece de pronto enclaustrando su acaso y su quisiera.
Del fondo de sus ojos vuelan como cenizas
rescoldos de volcanes sofocados a lágrimas ya secas
a fuerza de inventarse una sonrisa nueva para andar por ahí.

Ella no es como anuncia. Es otra cosa
algo
guardado entre algodones para que no se trace.
Está allí, enmascarada: la cuestión es hallarla
detrás de sus montañas.



Carlos Patiño
De "SCALAM" Ediciones "El Ojo de la Ballena"
1934, miembro del Grupo Barrilete

Obra: Débora Arango (Colombia)

martes, 14 de diciembre de 2010

Carlos Patiño




Esperar a esa mujer


Sabía que pasaría el tiempo
esperando a esa mujer que nunca iba a llegar;
ella tiene el sí rengo/y suele decir sí pero termina en no
porque está convencida que la vida
va a hacerle alguna jugarreta
que nada cuanto los demás dicen
se hará cierto
que será irremediable terminar caminando sola en la noche.

Desde un oscuro resorte del pasado
- si su encuentro es con un hombre -
cree que la ternura es
fatalmente
el antecesor del puñetazo.

¿Cómo decirle que vive detrás de sus murallas
acechando el golpe artero que tal vez no vendrá?

Su por las dudas le congela la piel
la repleta de púas y se trepa a su boca
convirtiendo en un no sus propios sí.



Carlos Patiño
Inédito
Nació en 1934, miembro del Grupo Barrilete.

viernes, 2 de julio de 2010

Carlos Patiño



Parte de guerra niño

Antoine de Saint-Exuperí
murió al comando de un Lokheed p-38 Lighning en 1941
mientras Hill Barnes retornaba victorioso de otro
vuelo nocturno
Hitler se revolvía excitado como un gato en celo dentro
de su bunker
y no había manera de impedir de que José Manuel Moreno
pusiera la pelota
con su pie como mano
en el rincón del arco apostado esa misma madrugada en
la mesa de un bar.

Las noches de Buenos Aires
se veteaban con el haz de los reflectores
hurgando presagios que jamás hallaron.
Por Rivadavia al este los tranvías timbraban iracundos
contra las cucarachas rojas desnudas de neumáticos
con sus redondos dedos de metal usurpando las vías
Hirohito atravesaba su segunda vejez alimentado
con la vida de los kamikazes.
España trataba de apartar su cáliz sin demasiada suerte.
Los hornos de exterminio funcionaban con prusiana
y estúpida eficiencia
y los italianos intentaban desentumir sus miembros
oxidados de fascismo
buscando recobrar el canto y la holganza
los dos pilares de su sabiduría de pueblo milenario.

Por aquellos años mi madre tenía una bella voz de
contralto y nadie podía consolarla de la muerte de
Carlos Gardel
Glenn Millar ascendía a los cielos de donde nadie lo vio
descender
y a los turbios ecos de la Guerra debían sumarse otras
desgracias
como la historia argentina escrita por Astolfi
el guapo de la otra cuadra que la tenía conmigo
o la horrible sospecha de que entre Stewart Granger y yo
mediaban algunas diferencias
visibles a la hora y en el momento menos oportuno.

La guerra era para mí una absurda geografía
de fronteras muy vivas a costa de la muerte
en el mapa que cada tarde traía la quinta edición de
Noticias Gráficas/
algo lejano, impenetrable,
como Jorge Negrete
el catecismo
los incipientes senos de Risita Ametralladora
el cuadrado de la hipotenusa que es igual al cuadrado de
los catetos
o sea curiosa costumbre nocturna de mi tío Roque
de afeitarse para ir a la cama.

Para ese entonces el que Saint-Exuperí
estallara en su Lokheed
era tan apasionante
como que alguien me leyera un tratado de farmacopea
o intentara explicarme la posición esquizo paranoide de
Melanie Klein
porque jamás, jamás, nada de eso podría
siquiera compararse
con algún tranvía loco
saltando de las vías en Emilio Mitre y Rivadavia atascando el tránsito
hecho mil millones de veces más excitante
que todo aquello
y que la caída de Polonia Hungría y Checoslovaquia
juntas.

Hoy
el choque de dos automóviles aquí a la vuelta
es mucho menos que dar con el dato del modelo de aparato
en el cual el principito halló el lado oscuro de su planeta
y el enigmático rito de mi tío Roque perdió todo misterio
la primera vez que me sorprendí afeitándome
antes de ir a la cama
sabiendo para qué.
Bill Barnes es una vieja tapa de una vieja historia
que muy pocos recuerdan.
Anduve casi toda la tierra de Jorge Negrete
hasta aprender a amarla
y si bien sigo sin entender ese asunto de la hipotenusa
Stewart Granger y yo no nos hemos reconciliado
aunque nunca lo perdone
y sé que invadir Polonia Hungría o Panamá
es una canallada irremisible.

Lo que no estoy seguro/ y nunca lo estaré
es si gané o perdí con esta travesía.



Carlos Patiño
De “SCALAM” 2006
Nació en 1934, miembro del Grupo Barrilete

lunes, 1 de marzo de 2010

Carlos Patiño

Nota de Marcelo Massarino a CARLOS PATIÑO
Buenos Aires, 31 de mayo (*), especial para ANC-UTPBA).-



Fotografía de Roberto Santoro, por Juan Carlos Malieni en 1972.

“Nosotros queríamos poner en marcha el principio surrealista de sacar la poesía a la calle, que saliera del salón para que llegara al pueblo ¿Cómo lo logramos? Al principio con poemas más o menos espantosos. Nos decían que tirábamos ladrillos florecidos. Íbamos a los mítines, a las concentraciones, leíamos poemas en universidades y sociedades de fomento. Porque había una poesía sin pueblo y un pueblo sin poesía”, asegura el poeta Carlos Patiño, integrante del Grupo Barrilete junto a Roberto Santoro, a quien recuerda como “un generador, un tipo con una fuerza interior poco común.”
Pocos días antes de partir al exilio en México en junio de 1976 -después de firmar un pedido por los escritores desaparecidos que el titular de la SADE, Horacio Esteban Ratti, le entregó al dictador Jorge Rafael Videla el 19 de mayo de ese año- Patiño le pidió a Santoro que se fuera. “Esta guerra está perdida. No vamos a poder enfrentarlos, nos van a matar a todos. Cuando vengan ¿con qué les vas a tirar? ¿con libros? Te van a ir a buscar y te van a matar. Pero para Roberto su lugar estaba en el país y que pasara lo que pasara, se iba a quedar en su puesto de lucha. Consideraba que la situación era peligrosa pero que con cuidado se podía trabajar. Ya en el exterior recibí dos o tres cartas muy breves y sin remitente. Hasta que un día no hubo más cartas ni Santoro”.
“Éramos de la generación del sesenta, luchadores sociales en todos los terrenos contra el colonialismo cultural y por la liberación nacional y social”. En ese marco, la producción de revistas, carpetas con poemas e ilustraciones, libros e informes de Gente de Buenos Aires fue prolífica. Los Informes sobre Discépolo, la Esperanza, Santo Domingo, Lavorante y Trelew, entre otros, son una muestra de la dinámica de la poesía de aquellos años.
“Hacíamos una suerte de periodismo poético”, explica Patiño. “Cuando trabajas en un diario el jefe de redacción te pide una crónica. Nosotros hacíamos lo mismo pero el producto era un poema sobre un acontecimiento que recién se producía, le dábamos un enfoque distinto que le otorgaba otra dimensión a la noticia. Nuestra consigna era ‘¡para mañana, un poema!’, que a la noche siguiente se leían y seleccionábamos”. Reconoce en Roberto Santoro a quien más rápido se adecuaba a este estilo de poesía urgente, de cierre de edición.
Como parte del Informe sobre Santo Domingo, por la invasión norteamericana a la República Dominicana, Humberto Costantini escribió el Yanquis hijos de puta y Patiño incluyó Oración, que motivaron una declaración del Canciller de turno y una misa de desagravio a la Virgen María, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “Esto demuestra –señala Patiño- que el grupo Barrilete sacó la poesía a la calle, mala o buena, mejor o peor, pero siempre ligera y rápida porque tenía que ser comprendida hasta por el más iletrado de los hombres. Nos imponíamos incorporar el lenguaje coloquial en los trabajos, pero no con la intención de revolucionar la poesía. Simplemente, queríamos sacarla a la calle.”
Carlos Patiño, quien en 1990 ganó el premio Casa de las Américas por su obra Esquinas silenciosas y en la actualidad dicta talleres literarios en la zona de Quilmes, con el oficio y la paciencia de un artesano de la palabra explica el protagonismo que tuvo “la generación del sesenta” en la poética argentina: “hay una tentativa de aislar a los poetas productores de poesía política del resto de sus contemporáneos para dejarnos sin generación, porque la poesía del ‘60 fue un fenómeno amplio, con poetas que escribían como sentían, de los temas que sentían y en la forma que sentían.”
Recuerda una y mil anécdotas de su amigo y compañero que está presente en sus versos y en la plazoleta que lleva su nombre en el barrio de Chacarita. Va hasta la biblioteca y busca “un poema premonitorio” de Roberto Santoro, Canto a la esperanza: si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,/ si un día se va,/ yo crucifico al amor/ y después de enterrar a mis hermanos,/ me voy con el tranvía de la muerte/ a clausurar mi corazón en una plaza.” (ANC-UTPBA).
(*) Periodista

miércoles, 17 de febrero de 2010

Carlos Patiño


Minicatástrofes

Mundo
mundo propio
mundito
levantado
hecho
en torno de uno mismo durante años
de pronto todo
comienza a
deshacerse
pequeña filtración
y todo
cae
caracol aplastado
coraza con fisuras
arrastra
separa
borra
mezcla los desórdenes
hasta que el viento
aúlla
entre las grietas insoldables
sin que alcancen las manos a
mantener
unidos
tantos
pedazos
separándose.


Obra de Oswaldo Guayasamín



Guía inconclusa para perder la vida eterna

No hay salvación para los
herejes
para aquellos que viven en la oscuridad de la
duda constante
para aquellos que no poseen explicaciones rápidas
para la vida, la muerte. los insectos, el universo y
la dulce sonrisa de los niños.

No hay salvación para aquellos que descreen
de las revelaciones facilistas de los libros vetustos
de las ideas vetustas
del temor vetusto
de promesas vetustas.

No hay salvación para aquellos que se extasían con los
atardeceres
para aquellos que borronean papeles
para aquellos que traspiran sobre una tela en blanco
o sobre un mármol gris
o sobre una guitarra que en el próximo acorde
romperá alguna cuerda
o para aquellos que exterminan sus ojos en los libros.

No hay salvación para aquellos que saludan a todos los
vecinos
para aquellos que les dan centavos a un ciego
que maltrata su acordeón en las bocas de acceso
de los trenes.
No hay salvación para aquellos que ríen demasiado
no hay salvación para aquellos que bailan demasiado
no hay salvación para aquellos que aman demasiado
no hay salvación para quienes fuman
o beben tranquilamente su copa de whisky.

No hay salvación para aquellos que dicen la verdad
o miran cara a cara a la verdad y no le temen /
para los que temen
para los que esperan
para quienes detestan los revólveres
para quienes no miran los programas de entretenimiento de la TV.

El resto se irá al cielo
envueltos en la nube invulnerable que siempre los cobija.


Abordaje

Inevitable descubrir que en último caso
somos dos náufragos
bogando cada uno en su botecito/
empapados/resignados/
mirando los demás botes capear la tormenta de vivir
con movimientos algo nerviosos/ojos inestables/
volcando a cada rato entre gritos y aullidos

Nosotros bogamos no tanto preocupados por el viaje común
(a nadie sabe dónde y a casi nadie importa)
tampoco por el vuelco
sino por el raro color del agua o los dibujos que formaban
las nubes/esas cosas que a muy pocos inquietan.

Y claro que volcamos como cualquiera/pero sin gritos/
sabiendo inevitable
chapucear esas agua
porque desde muy niños debimos usar ropa amarilla
de naufragio.

del libro "Manatial en llamas"


Carlos Patiño

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com