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miércoles, 20 de julio de 2016

Oliverio Girondo




Las puertas


ABSORTO tedio abierto
ante la fosanoche inululada
que en seca grieta abierta subsonríe su más agrís recato
abierto insisto insomne a tantas muertesones de inciensosón
                                     revuelo
hacia un destiempo inmóvil de tan ya amargas manos
abierto al eco cruento por costumbre de pulso no mal digo
pero mero nimio glóbulo abierto ante lo extraño
que en voraz queda herrumbre circunroe las parietales costas
abiertas al murmurio del masombra
mientras se abren las puertas




Oliverio Girondo
Argentino (1891 – 1967)


De: “En la masmédula” - En: “Otro río que pasa”
Un siglo de poesía argentina contemporánea - Comp. Jorge Fondebrider
Ed. BajoLaLuna – 2010


Fotografía: concursofotografiapilay.com


sábado, 26 de septiembre de 2015

Oliverio Girondo




15


Exigió que sus esclavos le escupieran la frente, y colgado de las patas de una cigüeña, abandonó sus costumbres y sus cofres de sándalo.
¿Sabía que las esencias dejan un amargor en la garganta? ¿Sabía que el ascetismo puebla la soledad de mujeres desnudas y que toda sabiduría ha de humillarse ante el mecanismo de un mosquito?
Durante su permanencia en el desierto, su ombligo consiguió trasuntar buena parte del universo. Allí, las arañas que llevan una cruz sobre la espalda lo preservaron de los súcubos extrachatos. Allí intimó con los fantasmas que recorren en zancos la eternidad y con los cactus que tienen idiosincrasias de espantapájaro, pero aunque tuvo coloquios con el Diablo y con el Señor, no pudo descubrir la existencia de una nueva virtud, de un nuevo vicio.
El ayuno de toda concupiscencia ¿le permitiría saborear el halago de que un mismo fervor lo acompañara a todas partes, con su miasma de sumisión y de podredumbre?
Precedido por una brisa que apartaba las inmundicias del camino, las poblaciones atónitas lo vieron pasar cargado de aburrimiento y de parásitos.
Su presencia maduraba las mieses. La sola imposición de sus manos hacía renacer la virilidad y su mirada infundía en las prostitutas una ternura agreste de codorniz.
¡Cuántas veces su palabra cayó sobre la multitud con la mansedumbre con que la lluvia tranquiliza el oleaje!
Sobre la calva un resplandor fosforescente y millares de abejas alojadas en la pelambre de su pecho, aparecía al mismo tiempo en lugares distintos, con un desgano cada vez más consciente de la inutilidad de cuanto existe.
Su perfección había llegado a repugnarle tanto como el baño o como el caviar. Ya no sentía ninguna voluptuosidad en paladear la siesta y los remansos encarnado en un yacaré. Ya no le procuraba el menor alivio que los leprosos lo esperaran para acariciarle la sombra, ni que las estrellas dejasen de temblar, ante el tamaño de su ternura y de su barba.
Una tarde, en el recodo de un camino, decidió inmovilizarse para toda la eternidad.
En vano los peregrinos acudieron, de todas partes, con sus oraciones y sus ofrendas. En vano se extremaron, ante su indiferencia, los ritos de la cábala y de la mortificación. Ni las penitencias ni las cosquillas consiguieron arrancarle tan siquiera un bostezo, y en medio del espanto se comprobó que mientras el verdín le cubría las extremidades y el pudor, su cuerpo se iba transformando, poco a poco, en una de esas piedras que se acuestan en los caminos para empollar gusanos y humedad.



Oliverio Girondo
Argentino (1892 – 1967)

De: Espantapájaros - Ed. Ceal – 1991


Imagen extraída de: http://www.telam.com.ar/ilustraciones/caricaturas/pagina/57/
(ilustrador, el Tomi)


viernes, 8 de mayo de 2015

Oliverio Girondo



Las puertas


Absorto tedio abierto
ante la fosanoche inululada
que en seca grieta abierta subsonríe su más agrís recato
abierto insisto insomne a tantas muertesones de inciensosón revuelo
hacia un destiempo inmóvil de tan ya amargas manos
abierto al eco cruento por costumbre de pulso no mal digo
pero mero nimio glóbulo abierto ante lo extraño
que en voraz queda herrumbre circunroe las parietales costas
abiertas al murmurio del masombra
mientras se abren las puertas



Oliverio Girondo
Argentino (1891 – 1967)



De: En la masmédula - En: Otro río que pasa – Un siglo de poesía argentina contemporánea-
Ed. Bajo La Luna – 2010


viernes, 23 de agosto de 2013

Oliverio Girondo










Apunte callejero


En la terraza de un café hay una familia gris.
Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas.
El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles.
En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.

Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes,
que se me entran por las pupilas.
Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar...
Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda.

Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto
se arroja entre las ruedas de un tranvía.


Verona


¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra!

Una lluvia pulverizada lustra "La Plaza de las Verduras", se hincha en globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo.

Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su desilusión; mientras la banda gruñe un tiempo de vals, para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren.

La Virgen, sentada en una fuente, como sobre un "bidé", desparrama un agua enrojecida por las bombitas de luz eléctrica que le han puesto en los pies.

¡Guitarras! ¡Mandolinas! ¡Balcones sin escalas y sin Julietas! Paraguas que sudan y son como la supervivencia de una flora ya fósil. Capiteles donde unos monos se entretienen desde hace nueve siglos en hacer el amor.

El cielo simple, verdoso, un poco sucio, es del mismo color que el uniforme de los soldados.


Verona, julio, 1921.


Oliverio Girondo
Argentino (1890-1967)
De "Espantapájaros y otras obras"  Centro Editor de América Latina 1981

martes, 8 de mayo de 2012

Oliverio Girondo






























Llorar a lágrima viva

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, 
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad 
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.


Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!


Oliverio Girondo
(Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967)


Fragmento dentro de la película "El Lado Oscuro Del Corazón" de Eliseo Subiela.
Dario Grandinetti recita Espantapájaros (Llorar a lagrima viva)

Obra: Las compuertas del llanto - Bea Iorio

sábado, 4 de febrero de 2012

Oliverio Girondo

















Croquis en la arena



La mañana se pasea en la playa empolvada de sol.

      Brazos.
      Piernas amputadas.
      Cuerpos que se reintegran.
      Cabezas flotantes de caucho.

      Al tornearles los cuerpos a las bañistas, las olas alargan sus viru-
tas sobre el aserrín de la playa.

¿Todo es oro y azul!

       La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan
novelas y horizontes. Mi alegría de zapatos de goma, que me hace
rebotar sobre la arena.

       Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las
mujeres que se bañan.

       Hay quioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sir-
vientas cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas con
pechos algosos de marinero y corazones pintados de esgrimista.
Bandadas de gaviotas, que fingen el vuelo destrozado de un pedazo
blanco de papel.

       ¡Y ante todo está el mar!

       ¡El mar!... ritmo de divagaciones. ¡El mar! con su baba y con su
epilepsia.

       ¡El mar!..... hasta gritar

                                                    ¡BASTA!

                                                                           como en el circo.



                                                                            Mar del Plata, octubre, 1920. 


Oliverio Girondo
De "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía"

Nació el 17 de agosto de 1891 en Buenos Aires, murió el 24 de enero de 1967.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Oliverio Girondo




Lo que esperamos

Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.



Oliverio Girondo

Nace Oliverio en Buenos Aires, un 17 de agosto de 1891, en el seno de una familia acomodada de ilustres antepasados lo que le permitió desde niño viajar a Europa. Gracias a esto estudió en París y en Inglaterra. Escribió y publicó desde muy joven.
Participó en las revistas que señalaron la llegada del ultraísmo (la primera vanguardia que se desarrolló en Argentina), como Proa, Prisma y Martín Fierro, en las que también escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, la mayoría de ellos del Grupo de Florida que en contraposición al Grupo de Boedo

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com