
NOSOTROS TAMBIÉN TENEMOS NUESTROS MUERTOS
Amílcar va y viene tratando de encontrar la solución para este día oscuro.
Claudia María se acerca a mí y toma mi tendón herido,
lo abarca dulcemente y sonríe:
sabe que su gesto amortigua los espasmos del dolor.
Arquímides tiene sobre la mesa una guitarrita llena de agujeros,
llena de balazos.
Amílcar finalmente se saca un abrazo del corazón y me dice: para Marcela.
Yo le pido su camisa rota y sucia y salgo a la calle con ella.
Salgo a la calle con mi pierna rota
y con la guitarra llena de agujeros.
Salgo a la calle y me abrazan las madres con siglos de espera
y se me suman los perros en mi vagabundear
y hasta las palomas un día desconfiadas de bajar a la tierra
por fin caminan a mi lado.
¿Quiere usted estar una hora en el corazón de la madre de Quime?
¿Quién se ofrece a ser el hijo de una fotografía?
¿Quiénes nos acompañan a buscar una tumba,
dos,
tres,
ocho mil agujeros?
¿Hay alguien entre ustedes que cante para ellos?
Para José Antonio Domínguez, compañero en esta travesía de orfandad.
POETA MALDITO
Casi pierdo los ojos
al mirarte desnuda
Pero casi los pierdo definitivamente
cuando dejé de verte
Otoniel Guevara
De "Poesía Latinoamericana Hoy" 20 países, 50 poetas
El Salvador, 1967. Poeta y periodista.
Fotografía: www.elfaro.net
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