jueves, 26 de marzo de 2015

Javier Aduriz





Ahora te veo. Estás ahí en el cuarto atareada en tus cosas de amor. Te rodean ángeles y algunos demonios. Conque rías nomás, la historia cambia para siempre. Todavía dura un café conversado a la vuelta de la Plaza las Heras. Estás bellésima con tu cartera vieja y esa pasión que te cocina los ojos. Después y casi de inmediato sos los hijos, cada día, cada hora, la vida entera. Levantás la mano y nos despedimos un instante. A continuación llego y es una música fina tu habla. De perderse, como señalaba un amigo. El ciclo de las estaciones. El frío y el calor. La montaña y el río. La sostenida ternura.








                                                                        Entre tus piernas
                                                                        La rabia de vivir
                                                                                       Vale la pena




Javier Aduriz
DE "ESTO ES ASÍ"  -  Ediciones del Dock  2009

Nació en Bs. As. (1948- 2011)

Obra: Margarita Sikorskaia

martes, 24 de marzo de 2015

Carlos Patiño





DE ELLA


Nace de lo profundo
de lo más hondo y sólido del pueblo.

Nace de los indios estaqueados
por el conquistador de lata y de caballo
y recorre la piel el alma el grito
y estalla en las banderas y en el canto.

Crece desde los pechos
secos pechos maternos de madres de ojos secos.
Crece desde los vientres inflamados
de los hijos del hambre.

Se desarrolla y trepa por sueldos y gendarmes
se trasmuta en la piedra que destruye cristales
se transforma en fusiles
se corporiza, avanza, elimina alambrados
perseguida por gases y metralla.

Nace de lo profundo
de lo más hondo y sólido del pueblo.

Crece desde la muerte se transforma en la vida
se desarrolla y triunfa
i
  ne
       xo
             ra
                  ble
                        men
                                te.



Carlos Patiño
De "RETRATOS"   -  Editorial papeles de Buenos Aires



Nació en Buenos Aires en 1934 y murió en 2013. Poeta, integrante del Grupo Barrilete.

Colección: La pluma y La palabra Nº 21 - Dirección: Roberto Santoro

Obra: Aquí estoy  -  Eva Armisen

jueves, 19 de marzo de 2015

Sergio Manganelli




47


Y si el amor no fuera
el rebaño apacible de los días,
pastando en la licitud de la costumbre
y colmando de estiércol
los prados de la vida?

Si bajo el agua
verde y serena
de tránsito seguro
surgiera el borbollón,
perdiendo al débil saltamontes,
en las fauces atroces
de la insatisfacción y el desaliento?

Y si el amor
es este gorrión melancólico
anidando entre tus pechos,
que a pico y pluma
te escarba el corazón
y reposa en tu ombligo
su vuelo clandestino?

Puede que en el almácigo
de la certidumbre
prenda la mala hierba
de la duda vital,
la gramínea perenne
reclamando tu viento
bajo la densa alameda
o el trébol de acertijos
que te brinde en franqueza
sus cuatro mejores hojas?

Quizás.

Ojalá el otoño
no haya tumbado aún
la fruta sin mordisco.


Sergio Manganelli
(Inédito)
Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967.


Obra: Flora  -   Giuseppe Arcimboldo
extraída: http://mind-the-art.blogspot.com.ar/2014/03/giuseppe-arcimboldo-dos-pinturas-de.html

jueves, 12 de marzo de 2015

Romilio Ribero




La mujer del delirio


He paseado con mi padre y mi madre
por todos los prostíbulos del mundo.
Mi madre con sus senos catedrálicos, vestida de negro
y mi padre con su abanico de tempestad
y su chaleco deslumbrante ceñido a su espantosa sotana.
Han sido muchos años de búsqueda.
Querían para mí la mujer de delirio,
la que devora relámpagos en su sexo infernal
y que con su resplandor sagrado
enceguece el dormitorio de los frutos prohibidos.

Mi padre opinaba
que era preferible una virginidad estremecedora
a que cualquier mujer cohabitara conmigo
entregándome el paraíso de su vértigo.
Por eso, exigía de esa dama
un conocimiento exacto del cinturón de castidad,
la sabiduría del manejo de la cópula
y otros menesteres como lapidación y locura.
Mi madre, por el contrario
habituada a sus ritos conyugales,
consideraba sagrado de mi sexo,
y por lo tanto soñaba con una dondella
exactamente igual a la que encontró a Moisés en las
       aguas.

Días y años, de país en país,
solicitaban turnos en las casas prohibidas,
y mujeres jóvenes y viejas,
vírgenes e infecundas,
mostraban sus negrísimass clepsidras ente mi desnudez.
Eran examinadas por mis progenitores,
se desvestían ante espejos vociferantes
y mostraban sus cualidades de amor.
Sus extrañas poses fatales,
sus trances y sus espasmos
sobre lechos del crimen, del pavor, del júbilo,
y de las revelaciones.
En sus cuerpos había extrañas inscripciones rituales
       heridas y mordeduras
y en sus pieles acerbas y terribles, recuerdos de miles
       de manos
que han partido de viaje hacia el olvido o la muerte.
Y de sus labios se desprendían vocablos oscuros,
comprensibles únicamente en los países del asco.
Algunas portaban en sus senos
guirnaldas de fuegos misteriosos y al principio o al final
de la jornada, siempre alguna de ellas, moría por mí,
en una comedia desagradable y estúpida.

De esta manera, he envejecido junto a mis adorables
padres.
Todas las noches, hay una extraña luna en mi aposento.
Una luna inmortal y atávica que sonríe como una
advertencia.
Y mi madre sigue con sus muertas historias
y sus pruebas de magia.
Y mi padre examinando su traición.




Romilio Ribero
Argentino (1933 – 1974)


De: El libro de viaje de los varones prudentes - Ed. Alción –

Foto extraída:  Red federal de Poesía

lunes, 9 de marzo de 2015

Luis Alberto Spinetta





Todas las hojas son del viento


Cuida bien al niño, cuida bien su mente, 
dale sol de enero, dale un vientre blanco, 
dale tibia leche de tu cuerpo. 
Todas las hojas son del viento, 
ya que él las mueve hasta en la muerte; 
todas las hojas son del viento, 
menos la luz del sol. 
Hoy, que un hijo hiciste, cambia ya tu mente, 
cuídalo de drogas, nunca lo reprimas, 
dale el aura misma de tu sexo. 
Todas las hojas son del viento, 
ya que él las mueve hasta en la muerte; 
todas las hojas son del viento, 
menos la luz del sol
menos la luz del sol. 



Luis Alberto Spinetta
Argentino (1950 – 2012)

Intérprete: León Gieco (Sta. Fe – 1951)

Del CD: Raíz Spinetta – 2014

miércoles, 4 de marzo de 2015

Mirta Rosenberg




Retrato terminado


Es una manera de decir
quiero quedarme sin palabras,
perder sin comentarios.

Hasta cuándo voy a hablar
de lo que ya no está.

De la que ya no está
viéndome escribir de ella.
¡Y con esos ojos!

También yo de noche los abro
y miro el silencio
en la oscuridad
donde el retrato termina
sin que lo alcance a ver

y pienso
y pienso
y pienso

en temas como vos
que no parecen tener
vencimiento,

en tu deseo de llegar a casa:
con la llave preparada,
aferrada a la puerta del taxi,
te dejabas caer en tu puerta
casi con la voluntad incierta
de una hoja en otoño,

esa clase de vencimiento,

y esos ojos bien dorados
de los que decías en las descripciones
ojos verdes. Para mirar
cada ocasión con buenos ojos
que no me miran más,
aunque los recuerde.

Y ahora
quiero quedarme
sin palabras. Saber perder
lo que se pierde.

O eso parece.

Parece que las dos
nos hemos quedado sin madre:
yo sin vos
vos sin ella,

y sucesivamente,
como eslabones perdidos
y encontrados por un rato
con los padres,

pero ésa es otra historia
que está mejor contada
en la foto de casamiento
para las que palabra
nunca tuve,

como si fuera anticipo
de mi propio vencimiento.

De los padres decías que el tuyo
tenía ojos verdes
como vos, tu nieto Juan,
y nadie los tenía del todo
aunque merecían tenerlos:
 tu manera
de embellecer el retrato
era tu manera de verlo.

De ella decías en cambio
desde su muerte no fui la misma,
y ésa sería tal vez tu manera
de no terminar el retrato.

La palabra no.

Lo mismo digo yo.

Aunque también se diría una ocasión
más bien vulgar: en general,
todos nos quedamos sin ella,
y esa ausencia de luz parece
descansar los ojos
sin vaciarlos. Los anima,

o los vuelve hacia la oscuridad,
que es donde el retrato termina.

Dijo mi padre de la suya:
nací con ella y ahora
voy a tener que morirme
solo. Y después
lo hizo.

Dijo mi maestro de la suya:
me pasé toda la vida para tener
la letra de mamá. Y después
la tuvo.

Era un dolor perfecto:
hablando de ella,
hablaban de si mismos.

O eso parece.

Parece que perder
no es un arte difícil:
los muertos de verdad de uno
son víctimas amada de los vivos.

De lo que cada uno dijo.



Mirta Rosenberg
De "El arte de perder, 1998"  en Poetas Argentinas 1940-1960 - Ediciones del Dock

Nació en Rosario, 1951. Es poeta y traductora.

Obra poética: Pasajes,( 1984). Madam (1988); Teoría sentimental (1994); El arte de perder (1998), El árbol de palabras. Obra reunida 1984-2006, Bajo la luna, Buenos Aires, 2006,  El paisaje interior, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012.

fotografía: Valentina Rebasa

viernes, 27 de febrero de 2015

Carlos Patiño




Charla distendida con mi propia muerte


Yo sé que estás siguiendo mis pasos desde que nací
y que muchas veces me tiraste manotazos arteros-
Este mundo está lleno de vos
de tu blancura sórdida
y sólo me dejas
un angosto/largo pasillo
en donde tengo que hacer todas mis cosas
con vos encima
repartiendo flechazos.

Nunca sabré si me dejaste hacerlas
o si yo supe esquivarte durante largos años.
Tal vez no importe mucho tan mortal ejercicio
esta suerte dis-suerte que acompaña mi vida
porque me has hecho sufrir y hacer pedazos
llevándote en castigo los seres que quería
algo tal vez peor que calar tu mortaja.
Y sé que nunca me dejarás
que seguirás siendo mi más fiel amante
y que haga lo que haga
inexorablemente acabaré en tu lecho
cuando tu voluntad diga “hasta aquí”.

Me tiene sin cuidado tu andar de policía
y hasta es posible que sea yo
quien se arroje a tus brazos
cuando no encuentre un verso que pudiera enhebrar
cuando mi hermosa máquina de sangre huesos sueños
decida estallar en burbujas
y ni un bello atardecer acaricie mis ojos ni nada en este mundo
haga flamear mi risa.
Tuyo soy. Más que de nadie de quien haya sido.
No hay humano que escape
a tu abrazo final fronterizo y callado.

Sin embargo, tu triunfo es tu derrota.
Nada quedará de vos: ni un murmullo
ni una foto perdida en los cajones
ni un suspiro nostálgico. Nada.
Yo quedaré:
vos desaparecerás en tercera persona
como una anécdota,
como el humo del cigarrillo que te arrojo en la cara,
o una muela extraída,
la niebla matinal,
o una ola perezosa
que hace burbujas en la orilla
y otra ola la borra de inmediato.

Yo seguiré viviendo
en los recuerdos de quienes me aman
en mi sangre hecha  palabra
y tu abrazo final será
como un hueso mugriento robado por un perro
en cualquier basural.



Teoría sobre la ingenuidad


Esa sombra que pasa
no es la sombra que espero.
Mi sombra tiene cabellos largos
una silueta sinuosa
como camino de montaña
y una enorme sonrisa que ilumina el camino.
Pero aquí estoy
esperándola
con todas mis mañanas a cuestas
mis noches solitarias
con mis muertes fundidas en bloques de acero.
Y sé que no vendrá:
de mil sombras que pasen
ninguna será la de ella
porque ella
pertenece al pasado
y el pasado no vuelve
aunque hagamos conjuros formidables
sobre la flor más bella del jardín de adelante.




Carlos Patiño
De "Caderas, lejanías y diagonales" - El Monje Editor 2013


Argentino – 1934-2013. Miembro del Grupo Barrilete. En 1990 obtuvo el Premio Casa de las Américas de poesía, Cuba, con su obra "Esquinas silenciosas".

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com