lunes, 30 de mayo de 2011

Aldo Luis Novelli



Salvador green

Desde hoy voy a darle un sentido a mi vida/
dejaré de beber como un desahuciado
de fumar como un escritor solitario
y de fornicar como un animal en celo.

Voy a cambiar radicalmente mi vida.
Ya basta de orgías desenfrenadas con mujeres sin fe
de apostar a la muerte en cada golpe de dados
de beberme el alba en alcoholes baratos
entre borrachos y poetas fantasiosos.
Me quitaré de la cabeza la idea de que el progreso fue un fracaso
de que el mundo es un deshecho de esta ambición sin fin
y que la llamada especie humana/ ha desaparecido definitivamente.
Dejaré de escribir papeles inútiles que nadie lee
intentando ganarme no se que cielo prometido/
el cielo está contaminado de misiles nucleares
y los ángeles murieron carcomidos por la radiación.

Ya no buscaré flores en el desierto
para dárselas a ellas como ofrenda de amor.

Voy a darle un vuelco a mi vida.
Me afiliaré a los buenos de Green Peace
formaré una fundación con artistas y deportistas
preocupados por los animales/
y me dedicaré enteramente a salvar al peludo patagónico
de las garras de los charanguistas.
Si bien aún no es una especie en extinción
pero si seguimos así/ pronto lo será
el folklore los exterminara dentro de poco tiempo/
hasta usarán al quirquincho bola para jugar al fútbol playero.
¡No quiero ver ese día!

Seguirán muriendo de hambre niños en Bangladesh/ Tucumán o Etiopía
continuarán muriendo mujeres y hombres del tercer mundo
de enfermedades curables en el primer mundo/
pero sepan ustedes una cosa
cuando desaparezcan los últimos sobrevivientes
el peludo patagónico estará vivito y coleando
y será gracias a mí
el salvador green de la patagonia.



Aldo Luis Novelli
Del libro: "Estúpidos mirones de TV"



Nació en 1957. Vivió en Challacó, un campamento petrolero en medio del desierto patagónico.



Libros publicados: “La noche del hastío” Ed. Limón – 2003; Plaqueta “16 poéticas” Ed .Limón – 2004 -“Agonistas del fin del mundo” Ed. La luna que – 2005. Publicó en las siguientes antologías: “Poesía y cuento patagónicos” - 1992, “La Poesía en Neuquén” Ed. Sec. de Cultura del Neuquén – 1993, “Poesía y cuento de la Patagonia” Ed. FBPN – 1994; “La Palabra escondida” Poesía escrita durante la dictadura militar – 1996; “Poesia Neuquina de los 90” Ed. Narvaja Editor – 1996; “Canto a un Prisionero” de Ed. Poetas Antiimperialistas de América – Otawa -2005; “País de vientre abierto” antologia de poesía social argentina – Ed. Ediciones Patagonia -2005.
Integró el grupo de poetas ‘Poesía en Trámite’ formado por veinticinco poetas de la región, que realizaron lecturas, espectáculos y perfomances callejeras y del grupo 'Poetas del Montón' que formaron la 'Casa de la Poesía' de Neuquén.

sábado, 28 de mayo de 2011

Daniel Oronó



Convalecencia

El pastillero
Acumula insomne
Promesas de un universo estable
Para el sobreviviente en su mesita.

Cumple su memoria cardíaca
con el agua del vaso
como el día y la luz
que emerge y lo rodea.

Ahora el espíritu indócil
Deberá negociar intensidades
Sobre la incertidumbre de la carne,

el anhelo de la arteria
destapada del presente
ciega y dispuesta
a la vida
prescripta.




Angiografía

Me encuentro de repente
con unos nubarrones de película muda.
Un tormentoso cielo
a punto de llover con pelados ramajes.
El informe visual desmiente mi lirismo
Y confirma que eso que late en blanco y negro
es lo más parecido a un músculo sensato
que ha empezado a dudar
de sus obligaciones.

No entiendo lo que veo . Pero seguramente
en esa confusión de manchas y neblina,
tubérculos y arañas
se atascó empecinada
la razón de estar vivo.

Y el caso no se cierra con haber destapado
la arteria. y una dieta a futuro
con las drogas correctas.

El estupor es ver , adivinando,
que la cardiología ha cumplido su praxis,
que ante mis ojos tengo
las viñetas virtuales de la tecnología.
Con un dilema en ciernes:
saber al fin y al cabo
qué se llevó el infarto,
cuánto de ese chantaje sentimental
que arrastro. Todavía.



Daniel Oronó
Inéditos

(1962) Buenos Aires

jueves, 26 de mayo de 2011

Carlos Henrickson




AN OLD BLUES SONGBOOK
(Fragmentos)

Para Cecilia H.


XVII.

Cuando el cuerpo quiere
mostrar que existe, se desplaza, se
mueve, dice algo de sí en su mudez sanguínea,
se enerva: es el viejo animal oscuro del tiempo
en nosotros. ¿En ti? ¿Qué sé yo del tiempo
de las olas, qué
de la noche en esos países fríos, qué
de ti y el tiempo dentro tuyo, en ese lugar
donde el tránsito es un puro,
azul silencio? Yo sólo sé de mí, el aliento
quebrado por ese enfermizo amor del espacio
a su azaroso
cambio; el corazón latiendo como un bárbaro en caza, recordando
la suave calma de las pieles, la sanguínea
y mutua demanda bajo el indolente paso
del carnaval vacío, ese animal ridículo
que no nos reconoce ya, hechos hijos
de esa pieza ajena, de la caricatura mentirosa
de las horas mirándose, dormidas, en el
espejo cóncavo del roce de los cuerpos
inquietos, oscuros por una noche más larga que los días,
que allí fuimos
y somos.


XVIII.

¿Sabe el sol, saben
los limpios ríos o los enturbiados, los cielos
abiertos en este estío impúdico? Porque entonces,
sería tan simple preguntarles, conocer con certeza
cómo sin nuestros ojos, sin el tacto azul de las manos inquietas, anda eso
que le llaman
mundo; si la escena repetida, hora
tras día en este sueño mío, es tan sólo
eso, y no un trazo de victoria, no el principio
y el fin de algo deshaciéndose en un pleno
abrazo. Claro, es mentira todo,
la ambulancia, el muchacho de la
bicicleta, la distancia de un punto
a otro de las cartografías náuticas; lo sabemos, ya conocemos
las grandes conquistas del hombre cuando
quiso negar a las bestias murmurantes
que le quitaban
el sueño. Realidad, mundo, día de sol o suspirar
de aguas, qué es eso cuando
tomo todavía tu mano en la tiniebla. El gran tema de estas
canciones es la victoria; silenciosas celebran
una épica final y cansada, que en mi
boca no suenan como deben, envuelto
aún mi aliento en tu pelo
extendido, espalda
abajo.


XIX.

Pues claro que esto es intrascendente; éstas
guardan con las canciones de amor
la relación del niño y sus piruetas con los firmes y exigidos
seres de la adultez. Si dije que era
música de calle, es que estos blues no pueden
abandonar este rugir de los autos, esta mala
costumbre animal de los saltos pasmados antes
de dormirse, el transcurso falaz de uno a otro
lugar. La poesía podría decir algo sobre el amor
que estos blues no pueden. Y quizá esto no es el amor, acá nada interminable
se canta, y las estrellas se mueven, como el sol, solas, sin
que ninguno pueda hacerlas andar o detenerse. ¿Cómo, tendremos
que salir, y a pedradas forzar a que el Gran Tiempo sea
de nuevo aliado? ¿Para que salir de esta casa, si acá
hace tanto frío como afuera, y nunca aparece el dueño
de estos muros, y somos, como nunca, a nosotros
mismos iguales, cuando dormida tú,
encuentras en la sombra, sin
saberlo, al calor de ti misma hecho reflejo, a mi
tacto vencido por tu calma, cuando sigo sin cesar hallando en torno a mí ,
como fantasma de opereta,
lo inútil, la perfecta
ceguera, lo intrascendente
de este nosotros en plena, abismal, detención?


XX.

Puede que esto sí sea sólo
un sueño mío. Día tras día el amargo
caracol deja la baba de su camino, y no tenerla ante los ojos
sería olvidarse de la vida, volver a los años
de las buenas intenciones, creer que sólo una por la pura voluntad
se hacen las ciudades infinitas, distantes. Amor, toco esta
musiquita en el símbolo abstracto de esta esquina, y no es
la divina poesía del universo la que hace el compás. En esta encrucijada tan sólo
acompaña la guitarra del enemigo
oscuro, al pie de la higuera. ¿Me salvará el tap-tap del pie
sobre la tierra seca? ¿Me escucharán con ganas los borrachos
en el carnaval, o desdeñarán la música y los artificios, se ence-
rrarán en piezas ajenas de casas viejas, y en otros cuerpos de nuevo viviremos,
hasta el día final la victoriosa belleza de tu calma en mis brazos;
esta piel que me cubre del vacío, repartida,
toda la ciudad festejante de súbito
silenciosa, hecha un puro abismo
mudo, sin
final?


XXI.

La poesía, el mundo, seres de vida
y muerte: alguna vez se acaban. La retórica
menor y pobre de la música
popular de a poco construye la lápida del viejo lirismo: estos blues
quieren ser, entonces, grandes
epitafios, improvisa-
ciones acompañadas de cuerdas que no alcanzan a hacer
un instrumento, y quien las hace no sabe tocar
una sola nota de guitarra. Música de calle, armonías
de radioemisoras de recuerdos, todo, todo,
ya muy escuchado, repetido sin la menor muestra
de vergüenza. Una mera repetición de una cosa solamente:
vacío, detención, fin de mundo, la pura
nada de dos cuerpos cansados, afirmándose el uno al otro en la cuenca vacía de la historia:
tibios, nocturnos, mudos y porfiados ante
la metafísica agonizante. Afuera,
los niños irritados, sedientos de amor,
escriben poesía.



Carlos Henrickson
(Chile, Santiago, 1974): poeta y traductor. Ha publicado: Ardiendo (poemas), Y si vieras la mañana (cuentos y poemas), Aviso desde Lota (poemas) y En tiempos como éstos (cuentos). Mantiene inéditos los poemarios Teología sorda, An Old Blues Songbook y El desconcierto.

martes, 24 de mayo de 2011

Leonor García Hernando




                            en la mesa familiar mi padre no tenía silla.
Él comía parado, erguido sobre el mármol como un monumento fúnebre;
pero su voz era alegre y ronca
y le gustaba relatar los condimentos usados al preparar el almuerzo
porque mi padre era quien cocinaba en casa

                            Tiempo atrás él degollaba gallinas en la pileta del lavadero
y tapaba los chillidos del animal con el ruido del agua
Con mi madre compartían ese espacio.
Allí donde mi madre golpeaba la ropa
él golpeaba la cabeza de un pájaro feo y sin otra gracia que su entrega a una muerte cruenta.

                            Supe entonces que si era fea compartiría la suerte de unas plumas sangrientas y así fue cierto
que mi garganta respira por el tajo.



* * *



                                   y ella dijo: __no te daré mi muerte
como no te daré el pañuelo que anuda pequeños objetos rotos.
                                   Seré otra historia de raras fauces un escalón de piedra alquitranada
pero no distraeré tu fastidiada mano con mi espalda,
ni me quitaré las medias para que conozcas el tamaño de mi pie.
                                   Seré imprevista aún en tu melancolía
cuando retires tus dedos de los guantes y un deseo de frío,
de algo lastimado que rozar, los agite.

                                         esta materia de la deformidad no quiere gestos

ligustro amargo para demorar mis sienes
y precarias tazas de arcilla donde beba mi alcohol blanco
y los días lluviosos de junio alzados en una terraza viva
pero no devuelvas mi cuerpo
envuelto por vendas que se deslizan como culebras pálidas
porque no te daré mi muerte
ni el pedido de agua de los lastimados
ni el estupor de los traicionados entre hierros curvos, en una estación de tren.

                                         Dame el brindis en esa copa de hierro que asegura tu boca dame el desvío de paredes en la celda.
Estoy atada al mástil del despecho en el pavimento ardido

                                         bandera negra en plaza de armas blancas.




Leonor García Hernando
De "El Cansancio de los Materiales"

Nació en Tucumán en 1955. Formó parte del taller literario "Mario Jorge de Lellis" y de la dirección de la revista Mascaró. Publicó Mudanzas (1974), Negras ropas de mujer (1987), La enagua cuelga de un clavo en la pared, y Tangos del asesinato (1999).
Su última lectura pública fue el 22 de marzo de 2001 en la Universidad de las Madres.
El viernes 30 de marzo de 2001 falleció en el Hospital Oncológico Marie Curie.

domingo, 22 de mayo de 2011

Roberto Fernández Retamar




Felices los normales


Felices los normales, esos seres extraños,
los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
los que no han sido calcinados por un amor devorante,
los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
los satisfechos, los gordos, los lindos,
los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
los flautistas acompañados por ratones,
los vendedores y sus compradores,
los caballeros ligeramente sobrehumanos,
los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
los delicados, los sensatos, los finos,
los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
que sus padres y más delincuentes que sus hijos
y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.



Roberto Fernández Retamar
Poeta cubano nacido en La Habana en 1930.
Se licenció en Filosofía y Letras y luego se doctoró en La Sorbona y en la Universidad de Londres.
Ha dirigido las publicaciones Nueva Revista Cubana 1959-60 y Casa de las Américas desde 1965.
Obra poética: "Vuelta de la antigua esperanza»", "Con las mismas manos", "Buena suerte viviendo" y "Qué veremos arder".

viernes, 20 de mayo de 2011

Humberto Costantini



El futuro

Qué lindo era el futuro,
el futuro
del pizarrón de cuarto grado,
todo hecho con tizas de colores
y una confianza buena,
de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado.

Era realmente lindo, lindo
aquel futuro
del pizarrón de cuarto,
había chicos decentes
tomados de la mano
chicos con las orejas limpias
y las medias derechas
y los dientes seguramente cepillados.

Juro que era lindísimo
el futuro
del pizarrón de cuarto grado.
Había toros, libélulas y ríos
había trenes, palomas y silos y aeroplanos
había campos y escuelas y edificios altísimos
había vacas y ovejas
bellamente pastando.

Había una iglesia y un trigal
y un puerto con muchísimos barcos.
Al fondo, por supuesto,
un ancho sol naciente en amarillo,
con sus ojos, su boca, su sonrisa
en realidad
bastante parecido
al de la tapa del cuaderno 'Sol de Mayo'
pero de todos modos era una maravilla
aquel futuro
del pizarrón de cuarto grado.

¡Ah, si pudiera entrar en el futuro!
En el futuro aquel en seis colores
del pizarrón de cuarto grado.
Cómo caminaría derechito
hacia el gordo sonriente en amarillo
acogedor, humano.
Cómo andaría entre toros, libélulas y ríos
y trenes y palomas y aeroplanos.

A lo mejor irían tomado de la mano
de algún chico decente, buenito, bien peinado.
Caminaríamos alegres y llenos de esperanza
porque, es claro... el camino sería bello y fácil
como eran los caminos del futuro
en el lindo futuro
del pizarrón de cuarto grado.

Sin barreras, sin piedras,
sin pozos, sin semáforos
nadie nos pediría documentos
ni nos requisarían baleros subversivos
ni nos sospecharían ladrones
o extremistas o infiltrados.

Nadie nos metería, por supuesto,
en un atroz fantasmagórico Ford Falcon,
ni mucho menos iríamos a aparecer al otro día
junto a un montón de cápsulas servidas,
ni dirían los diarios
con sus letras chiquititas y su fea sintaxis
cosas como "se procedió a identificarlos".

No, no,
sencillamente no,
porque eso no figuraba para nada en el futuro,
porque eso la señorita no lo había dibujado
con borrador, y tiza y esperanza
en el prolijo y diáfano futuro
del pizarrón de cuanto grado.
El cual como se sabe estaba todo hecho
con tizas de colores
con un redondo sol de Sol de Mayo
y una confianza buena, de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado.



Humberto Costantini
(Argentina, 1924/1987)

miércoles, 18 de mayo de 2011

Paulina Juszko




Con la luz precaria de cada día
bajo un techo que nos protege precariamente
amanecemos
ponemos en marcha un cuerpo precario
repetimos actos cuya reiteración promete
perdurabilidad

(falacias / espejismos)

cada cual con su Morgana a cuestas
hasta que Átropos corta el hilo y ahí comienza
la verdadera eternidad
no la que añoramos sino la temida
la que mezcla paralelas
la que resuelve antinomias


* * *


Estamos aquí
y la nostalgia es nuestra única herencia
una maraña de sueños fallidos nos va sofocando.

a veces / durante un minuto /
siempre y jamás dejan de ser vacías cortezas
el unicornio se escapa del tapiz
viene a mirarse en nuestro espejo
alguien
después de habernos buscado largamente
se detiene ante la puerta
hay días en que /
se camina sin vacilar
días en que /
los tréboles huelen a infancia.



Paulina Juszko
Nació en La Plata y reside en Villa Elisa (Bs.As.). Se desempeñó en tareas docentes en la Dirección de Psicología y Asistencia Social Escolar (Pcia.Bs.As.)
En 2005 condujo con el poeta José María Pallaoro la audición cultural La Talita, por FM Radio Parque de Villa Elisa. En 2007 tuvo a su cargo la columna literaria de la audición La Marca, en FM Difusión de Berisso. Actualmente es columnista de la audición El Altillo, FM Keops de Villa Elisa. En 2006 recibió el Premio Virtud a la Ética, el Trabajo y la Solidaridad, otorgado por la Fundación Principios y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Asesora al grupo de teatro comunitario Arturo Seguí a la Elisa Bell en la puesta de espectáculos inspirados en el libro Vivir en Villa Elisa (2007/2008).

Obra publicada: Poemas del Yo dios y Chant posmoderne son obras juveniles, editadas por la autora. En 1995 Ediciones de La Flor publica su primera novela, Te quiero solamente pa bailar la cumbia. En 1998 su novela Esplendores y Miserias de Villa Teo obtiene el 3er premio del Fondo Nacional de las Artes y es publicada por Simurg en 1999. En 2000 Ed. Biblos publica su ensayo El humor de las argentinas. En 2005 aparece Vivir en Villa Elisa, obra de carácter testimonial declarada de interés cultural por la provincia y la municipalidad de La Plata ( Libros de la Talita Dorada). En 2008 se publica en la Ed.Dunken la novela El año del bicho bolita.

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com