viernes, 29 de abril de 2011

Liliana Ancalao



poema del mameluco

el mameluco de mi viejo espera jubilarse
por el resfrío crónico del pozo
y el dolor de las espaldas

tiene el talle del cansancio en la garganta
el salario ajustado en la cintura
y guarda un corazón de estopa en el bolsillo

es un guerrero de cielo desgastado
tiempo de flor con la investidura de una roca
una protesta de sueño apresurado
por el turno: ese tirano

cuando este mameluco se une a otro
de dos despojos se hace un alma
y los pasos que caminan juntos
caminaron solos mientras yo dormía

cada mancha es un grito de impaciencia
de petróleo que amanece de pobreza
son frentes amplias son banderas
caliente la mirada por saberse limpios
mamelucos postergados pero enteros

mameluco
es una arruga de asombro por la luna
tenso el brazo el bolsito de la vianda
el paso duro

por no aflojarle a la vida
viejo
no aflojarle



Liliana Ancalao
De ”Tejido con lana cruda” - Editorial “el suri porfiado”



Poeta, escritora y educadora nacida en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut (1961). Profesora de Letras, integra el grupo universitario de investigación de mapuzungun -idioma originario mapuche- y da talleres de enseñanza del mismo. Integra la comunidad mapuche-tehuelche Ñankulawen. Coordinadora de talleres literarios, también es organizadora de recitales de música y poesía con el grupo Arte Popular en los Barrios. Su poética, de un profundo conocimiento del alma mapuche, es una voz reinvidicativa de la lucha de los pueblos originarios.
Es autora del poemario: "Tejido con lana cruda" (2001) e “Inchiú” (2006, Campaña Nacional de Lectura). Su obra ha sido incluida en las antologías: “Taller de escritores: lenguas indígenas de América” (1997, Temuco, Chile) y “La memoria iluminada. Poesía mapuche contemporánea” (2007, Málaga, España

miércoles, 27 de abril de 2011

Juan José Millás




La velocidad del sonido
“cuento breve”


Si te asomas a la ventana y gritas un hola, ese hola viaja por el aire a 340 metros por segundo y llega a Nueva York antes que un Jumbo. La particularidad del Concorde es que iba a mayor velocidad que el sonido. Volaba más deprisa que el hola, sólo que con 100 personas dentro. Y cuando el avión rompía la barrera del sonido, se oía en la cabina de pasajeros un portazo, como si el avión hubiera entrado en otra dimensión. Y así era. Ir más deprisa que las palabras tiene su mérito. Además, si partías de París a las diez, llegabas a Nueva York a las siete o las ocho del mismo día, es decir, dos o tres horas antes de haber salido. Esto es lo más parecido a una experiencia extracorpórea. Poca gente tiene en vida una oportunidad semejante de permanecer fuera de sí mismo.
El otro día se cayó un Concorde y todos nos quedamos perplejos, como si se nos hubiera caído la cometa de colores de la infancia. O como si hubera caído a nuestros pies un hola lanzado a la velocidad del sonido. Lo cierto es que es cada día se caen infinidad de holas y de adioses, pero no salen en el telediario porque no los vemos estrellarse contra el suelo. En la dimensión del sonido también hay, pues, problemas mecánicos, aunque no se nos hubiera caído ningún Concorde hasta el momento. Llegar a Nueva York antes de haber salido de París tiene sus ventajas, pero tiene también sus riesgos. Hasta ahora sólo le habíamos visto las ventajas.
Uno se pregunta por qué, si el sonido viaja a la velocidad del sonido, como es lógico, la gente no se entiende mejor. A veces, pides algo a la persona que tienes al lado y no te lo da sino muchos años más tarde, cuando los viajeros del Concorde han ido y venido mil veces de París a Nueva York y vuelta. Es más fácil que te traigan un frasco de melatonina de Nueva York que una caja de aspirinas del cuarto de baño. Las aspirinas tienes que ir a buscarlas tú y a veces te da un infarto en el pasillo. Al Concorde le dio un infarto en el pasillo aéreo, pero fue una excepción.
Se caen más las palabras que los aviones, sobre todo cuando las palabras transportan juramentos o promesas de amor.



Juan José Millás
Valencia, 1946 Escritor español.

lunes, 25 de abril de 2011

Malcolm Lowry



Delirium en Vera Cruz


¿Dónde se ha ido la ternura? Le preguntó al espejo
Del hotel Biltmore, habitación 216. Ay,
¿Puede ser que su reflejo se apoyase, también, contra el cristal
preguntando dónde me perdí, dentro de qué horror?
Y ahora me mira con espanto
detrás de tu barrera frágil y ladeada? La ternura
Estuvo aquí, en este refugio, en éste
Lugar; vio tu figura, escuchó tus lamentos.

¿Dónde está el error? Soy esa imagen temeraria y dividida?
¿Es el fantasma del amor lo que reflejas?

Ahora en segundo plano tequila, colillas, cuellos sucios
Perborato de sodio y una página garabateada
Para los muertos, el teléfono desconectado?
Rompió todos los espejos de la habitación. Factura 50 dolares.



Felicidad

Montañas azules con nieve y fría agua azul tumultuosa,
Un cielo tormentoso lleno de estrellas encendiéndose
Y Venus y la luna menguante al amanecer
Gaviotas siguiendo una lancha contra el viento,
Los árboles con ramas enraizadas en el aire
Sentado al sol del mediodía junto a la furiosa
Sombra humeante de la chimenea de la cabaña
Las águilas volando a favor del viento,
Las golondrinas de mar impulsadas por las ráfagas,
Una marca nueva de tabaco a las once,
Y mi amor que regresa en el autobús de las cuatro
-Dios mío, ¿por qué nos has dado todo esto?



Malcolm Lowry
Poeta y novelista inglés nacido el 28 de julio de 1909 en Birkenhead aunque posteriormente adquiriría la nacionalidad canadiense. Progresivamente alcoholizado, transformó sus obsesiones en materia de una brillante obra literaria, influida por Melville y por Joyce.
Falleció el 26 de junio de 1957 en Sussex, Inglaterra

sábado, 23 de abril de 2011

Atahualpa Yupanqui




El arriero

En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos,
el arriero va, el arriero va.

Es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan las flautas del pajonal,
y animando la tropa por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.

Las penas y las vaquitas
se van par la misma senda.
Las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas.

Un degüello de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.

Amalaya la noche traiga un recuerdo
que haga menos peso mi soledad.
Como sombra en la sombra por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.



Atahualpa Yupanqui
seudónimo de Héctor Roberto Chavero (Pergamino, Argentina; 22 de enero de 1908 - París, Francia; 23 de mayo de 1992)

"No sé soy creyente; cuando le preguntaban eso mismo a mi padre, él repondía, en broma, que era dudante. En lo que hace a mí mismo, no soy religioso. Tengo por ahí algún sarampión místico que repentinamente me inquieta."

Intérprete: Divididos



Obra: El arriero va - Rodolfo Campodónico

jueves, 21 de abril de 2011

Heinrich Heine





Versión de Victor Torres de "Am leuchtenden Sommermorgen" de Robert Schumann sobre un poema de Heinrich Heine.


En una luminosa mañana de verano
paseo por el jardín.

Las flores murmuran y hablan,
yo solo camino en silencio.

Las flores murmuran y hablan,
y me miran, compasivas:

No te enfades con nuestra hermana,
¡pálido y triste hombre!



Am leuchtenden Sommermorgen
Geh' ich im Garten herum.

Es flüstern und sprechen die Blumen,
Ich aber wandle stumm.

Es flüstern und sprechen die Blumen,
Und schaun mitleidig mich an:

Sei unsrer Schwester nicht böse,
Du trauriger, blasser Mann!



XX

Si supieran las flores
cuán triste y lacerado
está mi corazón, derramarían
de sus perfumes, en mi herida, el bálsamo.

Si supieran las aves
cuán triste y cuán enfermo
estoy, alegres cantos
dieran, por distraer mi pena, al viento.

Si las estrellas de oro
conocieran mi pena,
el cielo dejarían y a prestarme
consuelos de fulgores descendieran.

Pero ¡ay! que nadie puede
conocer mi quebranto;
ella sólo lo sabe,
Ella, que el corazón me ha destrozado.



LV

En noche fría y triste, paseaba
por el bosque sombrío mi tristeza,
y el árbol que a mi paso despertaba,
compasivo inclinaba la cabeza.



LVI

Yacen bajo la tierra los suicidas,
al final de la negra encrucijada,
y allí crece una humilde florecilla.

La flor azul del alma condenada.

Era la noche silenciosa y muda;
llegué a la encrucijada suspirando;
ante el fulgor de la amarilla luna
aquella flor azul miré oscilando.



Heinrich Heine
Poeta alemán nacido en Düsseldorf el 13 de diciembre de 1797.
Estudió la carrera de Derecho, luego se dedicó de lleno a la poesía, mostrando en su obra la gran influencia que ejerció en él Wilhem F. Hegel, gran filósofo alemán. De esa época es su famoso "Libro de canciones" .
En 1827 viajó a Inglaterra e Italia y finalmente se radicó en Paris en 1831.
Después de varios años de enfermedad, falleció en Paris 1856.

martes, 19 de abril de 2011

Elio Aprile




Cielo

Un rasguñón de oscuridades prematuras
una pincelada plomiza como la nada
una amenaza de andamios aéreos que se derrumban
una metáfora del infinito en clave de vacío
un resplandor de noche criminal
una sabana colgada de las cerrazones del olvido
una fiesta de piedras que bailan la algarabía de las penumbras
un paisaje mostrenco que flota como una cueva invertida
un alarido que anticipa la negrura victoriosa
el cielo se ha vuelto el reverso penumbroso del espanto
aunque una sutil belleza aflora entre sus pliegues apocalípticos
y siembra maravillas en mis ojos que no cesan de aplaudir
mientras la lluvia inminente se demora
embelesada por los negros borrones que flamean
como una promesa que adelanta desgracias terminales
va a llover
todo anuncia derroches de aguas estruendosas
el viento que se agita como una bestia en celo
los pájaros que huyen buscando cielos amigos
las gentes que se asombran del miedo a su propio asombro
va a llover
irremediablemente lloverá
como un designio fatal
todo es preludio de cataratas y derroches
pero mientras la lluvia dispone el ritual de sus ritos arcanos
mi hijo y yo
como dos adolescentes que contemplan el fin del mundo
nos deleitamos pensando palabras
palabras capaces de atrapar en un verso
tanta conmovedora desmesura.
parece que va a llover
pero en verdad
¿a quién puede importarle la lluvia
cuando todo el universo es este cielo acerado y terrible
que se estrella contra mi mirada
como una montaña que cae sobre una humilde casita?


Elio Aprile



Nació el 20 de marzo de 1949 y vive en Mar del Plata desde 1960. Poeta, ensayista, narrador y profesor de Filosofía en escuelas e institutos y en la Universidad de Mar del Plata, fue secretario de Educación y Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredon.
Entre sus obras se encuentran; “Espejos rotos”, 1980, “Resonancias”, 1983, “Poesía sustantiva, Ficcionario”, 1989; “A la altura de la gente”, 1991; “La ciudad posible”, 1991; “El campo de la ética”, 1997; Ensayo en colaboración, “Urgencias y cenizas”, 1997; “Las causas,” 1999; “Poesía Quieta”, 2000; “Sonetos compartidos”, 2000, con Rafael Beláustegui; “Humano después de todo, el coraje de vivir”, 2004.
“La poética de las cosas sencillas” en 2009.

Obra: Final de la sesión (1886) - Jean-Léon Gérôme

domingo, 17 de abril de 2011

Pablo Queralt




11

Ahora que la luz pincha
los ojos del recuerdo
gastado y pesado

y la volvés a olvidar

historia que se hace incomprensible
hasta que la reconstruís

Arrojando uno, otro recuerdo
Cielo por cielo
Escalás subís
Hasta que lo encontrás
En el maldito traqueteo del tren
de todos los días
en la llaga y la belleza



39

Pasé al carcelero otro aire
gané la calle el avión el mar
al final nunca supe
que había en mis ojos
pero me saqué el televisor de la frente
y ahora estoy urgando

no me olvido la lámpara encendida en la esperanza



40

Cincelando una visión
en silencio después un ancho
tapa un 7 y entrás y salís
del campito de grosellas sobre la mente
sobre el tapete verde
hojas cayendo en un movimiento
seco donde descansa
el sentido



Pablo Queralt
De "Crack" Ediciones Eloísa Cartonera

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com