miércoles, 30 de junio de 2010

Fernanda Nicolini



1.

hay que dejar la casa de doce habitaciones antes
de que empiece el verano y ensayar la obra de la familia feliz
que puede acomodarse en dos ambientes
hasta el fin de la temporada
ya sabemos: otra familia va a usar nuestra vajilla
vienen con mayordomo pero a la mujer no le gusta
el empapelado de la habitación en suite
papá hizo cuatrocientos kilómetros durante dos años
lo veíamos los fines de semana
ya lo olvidamos y qué risa cuando te cuento que mi hermana
lloró en su cumpleaños de nueve
odiaba la torta con crema y nadie entraba en el living de turistas
ni una sola amiguita en el barrio en el que no vive nadie
mejor no pensar quién usa las sábanas esta noche cuando
la escena está montada para que vos gires de un lado a otro
sin reconocer cuál es tu casa.



3.

se dispara la imagen y suena una canción
son los 80 cuando veía la ropa colgada de la soga
y pensaba que las casas se hacían casas por la ropa
el día que desapareció la malla a flores
mamá con un broche en cada mano
dijo que los turistas nos daban de comer
y los consagró santos.



10.

a nosotros que nos hace felices un plato de sushi pagado por el hijo del
embajador que mira la etiqueta del vino y calcula cuánto le cuestan
unas líneas simpáticas en la revista política sin que se mencionen las
gotas de transpiración que caen más ágiles que sus respuestas
calma: todo bien
terminado
hubo plata y tiempo para irse de vacaciones pero te dormís
me duermo
y en el minuto previo a la vigilia despunta
la certeza como una tijera que no sirve ni siquiera para cortar ese
lugar en el que no soy novia ni amante sino más bien
una profesional de la evocación
el mismo oficio de pensar:
las palabras del que ya no me toca alcanzan
porque alguna vez me prometió un fin de semana en la costa.



Fernanda Nicolini
Nació en 1979 en Buenos Aires, y hasta los dieciocho años vivió en Mar del Plata. es periodista, publicó las plaquetas de poesía Rubia y Once. También el libro Ruta 2 y la novela Te pido en taxi en colaboración con Mercedes Halfon. Actualmente vive en Buenos Aires y trabaja como periodista.

martes, 29 de junio de 2010

Matías Néspolo



Réquiem por las enaguas de chocolate de tatiana Mijailkova

no era mujer
fue pura dicha era demonio
de nueva orléans se vino orillando el río

siete palmos de condenada cordura
por la cintura se ahorcaron
por el cogote la gallina

ay, Tatiana
"bendita sea la madre que te parió"
y benditas sean tus pecas
azafranadas

locos
todos locos se volvieron
por untar de chocolate su vainilla
"entre la hombrera y la cabeza
entre rodilla y cinturón"
no hubo hombre sensato
ni lo había
que no perdiera el juicio y las plumas perdía
por hurgar sus pecas el pico
ni quisiera resistirse
ni podía

encendido el braguero
ígnea la melena y coloradas
sus deliciosas pecas azafranadas

en aguas de permanganato se bañaba
y las enaguas de chocolate se quitó
dulce melodía sureña
oreaban al sol del mediodía secó

empolla sus huevos la gallina
y la locura rompe el cascarón

bien delineados
encantadores fueron sus labios
mayores y menores
"la señorita Mijailkova hoy no recibe"

y locos desplumados
todos locos se volvían
Red McKensie subía a la azotea por ella
por ella abandonó la causa
el padre Benedit purgaba el infierno por ella
por ella enfermó grave
el loco Sid componía lamentos y por ella
por ella predicó cinismo

la locura rompe el cascarón
y ardió el azafrán en la hondonada
aún hoy la siguen penando
y en aguas de chocolate
lloraban resecas
las vidalas.


Matías Néspolo
(Buenos Aires, 1975) es poeta y crítico. Publica en diversos medios culturales españoles. El poema seleccionado pertenece a su libro inédito Antología seca de Green Hills

lunes, 28 de junio de 2010

Elida Manselli



I

Entre y cierre la puerta que detrás vienen los presagios.
Aquí no encontrará más que tristeza y pequeñas fatigas
azules buscándose como torres a larga distancia.
Entre y ubíquese en diagonal a las pesadillas, que para
estar tranquilo basta hacer el pan diariamente sin pausa
y retribuirlo para no quedarse solo.
Voy a encender el espectro del bosque.
Necesito una mirada que pueda más que el agua, que el
dominio del tiempo sobre la inteligencia, que ese fuerte
dolor a aguacero en lo sentidos.
Siéntese tal cual ha nacido, Con pocas palabras, que hoy
descubrí un capullo con diez años de antigüedad y conocerá
usted la belleza que nunca ha entrado por los ojos.

¿Siente el roce del planeta?
Pronto desplegará el cielo la fila de perdices, esos privilegios
de invierno en los campos.

Esta soledad que prepara el ángel.



III

¡Malhaya cielo perdido!...
Montes olvidados, mandarinos en cruz, secretos en lo
hondo de la traición.

He vuelto por el sonido de mi infancia, aquél potrillo
asustado del viento de los fantasmas, potrillo
siempre del profundo timbal, de la geología que cantaba
en el color del silencio.
Y todo lo guardé.
El brazo iba cayendo como una larga nube.
Destino brazo sellado por Dios, Dios Surgente, Dios Aparejo
de mi estancia pura, pupila para mi edad.
Cuando yo formaba cuerpo en infinitas sustancias, cuando
la sustancia encarnecía el aire, el alma con más
justicia aún, yo sabía ser sabiduría mejor retorno de la
vida.
Sabía ser la rendición del ave, en la hora que su sombra
mece al sauce y se escuchaba al agua abrirse y
temblar.



Elida Manselli
De "GRACIA-TORCAZA"
(Botella al mar, Buenos Aires, 1978)

Nació en Buenos Aires, República Argentina, en 1941.
Ha desarrollado actividades en las Artes Plásticas y publicado los siguientes libros de poesía: “La guerra en la flor del aire” (Interlínea, Buenos Aires, 1973), “Gracia-Torcaza” (Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1978) “Manantiales que reinan” (Nuevohacer-Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2005).

domingo, 27 de junio de 2010

Silvina Ocampo



El perro Okinamaro

A Sei Shonagon
(que vivió en el siglo XI A.C)


Él, que paseaba un día coronado
de flores de durazno y de cerezo,
el triste Okinamaro como un preso
a la isla de los perros fue expulsado.
Cuando volvió al palacio oscuro, herido,
lo llamaste, pero él no te miró,
y nadie, nadie lo reconoció,
mas era él mismo, él mismo destituido.
Y lo reconociste en el momento
en que lloró a tus pies y que lo viste
desfigurado, sucio, hinchado y triste,
y lloraste con él su sentimiento.


Silvina Ocampo
1903 - 1994

sábado, 26 de junio de 2010

Silvina Ocampo



Envejecer

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.

Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.


Silvina Ocampo
Nació en Buenos Aires en 1903.
Publicó «Enumeración de la patria» en 1942, le siguieron «Espacios métricos»
en 1945, «Poemas de amor desesperado» en 1949 y «Los nombres» en1953. Incursionó con mucho éxito en el cuento, la novela y la literatura fantástica, regresando a la poesía en 1962 con «Lo amargo por dulce» y en 1972 con «Amarillo celeste». Luego publicó «Árboles de Buenos Aires» en 1979 y su antología, «Las reglas del secreto» en 1991.
Obtuvo numerosos premios nacionales entre los que se destacan el Gran Premio Nacional de Literatura en dos ocasiones, el Premio Nacional de Poesía, la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores y varios galardones municipales.
Murió en Buenos Aires en 1994.

viernes, 25 de junio de 2010

Reynaldo Sietecase



Botellas

Bajo la cama
Quietas sobre la mesa
Junto al cuerpo muerto de la Difunta Correa
Santa de los que anhelan vasos y besos

"Sufro una enfermedad incurable llamada sed"

Acaso mi plata no vale
Ocaso
la risa no vuela en mi pena

Botellas en la tempestad

Se necesitan dos para convencer
Tres para olvidar
Una para arrojar al mar.



"Nadie es de nadie"

Como mirarla entonces
sin este deseo infernal
de hacerla mierda.

Como pensarla durmiendo
acompañada
sin la dulce intencion
de fragmentarla
partirla en pedacitos
de colores.

Como escuchar callado
su buen dia
sin querer hundirle
mi sexo hasta los ojos.

Como ir tontamente
a visitarla
sin pretender tapar
tanto agujero
que le sobra
en fin
mojarle el corazon
con un buen polvo.



Reynaldo Sietecase
Nació en Rosario en 1961.

jueves, 24 de junio de 2010

Lina Caffarello



A contraluz

Mientras la luz arrastre el polvo de los gritos,
vidrios, números, un río,
monedas...
Mientras alguien azuce a los amos del santuario
y ojos inocentes estrechen manos muertas,
buscaremos el fuego consagrado
que aleje a las máscaras tribales,
al gato entre la hierba.

Con los costados cosidos
y una estaca horadando las palabras,
como espectros al borde de lo humano,
recelosos del llamado de la flauta,
ulularemos sin voz
hasta que los dioses se aburran del espanto.


Lina Caffarello
De “Aduanas de Aire” antología cubano-argentina
Buenos Aires (Argentina), 1949. Escritora, pianista, fotógrafa artística, antóloga. Pertenece al consejo de redacción de la revista "Tamaño Oficio". Coordina la página "El Escribidor" Poemarios publicados: "Suma y resta" (2003) y "Alguien tiene un talismán" (2004).

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com