jueves, 12 de marzo de 2015

Romilio Ribero




La mujer del delirio


He paseado con mi padre y mi madre
por todos los prostíbulos del mundo.
Mi madre con sus senos catedrálicos, vestida de negro
y mi padre con su abanico de tempestad
y su chaleco deslumbrante ceñido a su espantosa sotana.
Han sido muchos años de búsqueda.
Querían para mí la mujer de delirio,
la que devora relámpagos en su sexo infernal
y que con su resplandor sagrado
enceguece el dormitorio de los frutos prohibidos.

Mi padre opinaba
que era preferible una virginidad estremecedora
a que cualquier mujer cohabitara conmigo
entregándome el paraíso de su vértigo.
Por eso, exigía de esa dama
un conocimiento exacto del cinturón de castidad,
la sabiduría del manejo de la cópula
y otros menesteres como lapidación y locura.
Mi madre, por el contrario
habituada a sus ritos conyugales,
consideraba sagrado de mi sexo,
y por lo tanto soñaba con una dondella
exactamente igual a la que encontró a Moisés en las
       aguas.

Días y años, de país en país,
solicitaban turnos en las casas prohibidas,
y mujeres jóvenes y viejas,
vírgenes e infecundas,
mostraban sus negrísimass clepsidras ente mi desnudez.
Eran examinadas por mis progenitores,
se desvestían ante espejos vociferantes
y mostraban sus cualidades de amor.
Sus extrañas poses fatales,
sus trances y sus espasmos
sobre lechos del crimen, del pavor, del júbilo,
y de las revelaciones.
En sus cuerpos había extrañas inscripciones rituales
       heridas y mordeduras
y en sus pieles acerbas y terribles, recuerdos de miles
       de manos
que han partido de viaje hacia el olvido o la muerte.
Y de sus labios se desprendían vocablos oscuros,
comprensibles únicamente en los países del asco.
Algunas portaban en sus senos
guirnaldas de fuegos misteriosos y al principio o al final
de la jornada, siempre alguna de ellas, moría por mí,
en una comedia desagradable y estúpida.

De esta manera, he envejecido junto a mis adorables
padres.
Todas las noches, hay una extraña luna en mi aposento.
Una luna inmortal y atávica que sonríe como una
advertencia.
Y mi madre sigue con sus muertas historias
y sus pruebas de magia.
Y mi padre examinando su traición.




Romilio Ribero
Argentino (1933 – 1974)


De: El libro de viaje de los varones prudentes - Ed. Alción –

Foto extraída:  Red federal de Poesía

lunes, 9 de marzo de 2015

Luis Alberto Spinetta





Todas las hojas son del viento


Cuida bien al niño, cuida bien su mente, 
dale sol de enero, dale un vientre blanco, 
dale tibia leche de tu cuerpo. 
Todas las hojas son del viento, 
ya que él las mueve hasta en la muerte; 
todas las hojas son del viento, 
menos la luz del sol. 
Hoy, que un hijo hiciste, cambia ya tu mente, 
cuídalo de drogas, nunca lo reprimas, 
dale el aura misma de tu sexo. 
Todas las hojas son del viento, 
ya que él las mueve hasta en la muerte; 
todas las hojas son del viento, 
menos la luz del sol
menos la luz del sol. 



Luis Alberto Spinetta
Argentino (1950 – 2012)

Intérprete: León Gieco (Sta. Fe – 1951)

Del CD: Raíz Spinetta – 2014

miércoles, 4 de marzo de 2015

Mirta Rosenberg




Retrato terminado


Es una manera de decir
quiero quedarme sin palabras,
perder sin comentarios.

Hasta cuándo voy a hablar
de lo que ya no está.

De la que ya no está
viéndome escribir de ella.
¡Y con esos ojos!

También yo de noche los abro
y miro el silencio
en la oscuridad
donde el retrato termina
sin que lo alcance a ver

y pienso
y pienso
y pienso

en temas como vos
que no parecen tener
vencimiento,

en tu deseo de llegar a casa:
con la llave preparada,
aferrada a la puerta del taxi,
te dejabas caer en tu puerta
casi con la voluntad incierta
de una hoja en otoño,

esa clase de vencimiento,

y esos ojos bien dorados
de los que decías en las descripciones
ojos verdes. Para mirar
cada ocasión con buenos ojos
que no me miran más,
aunque los recuerde.

Y ahora
quiero quedarme
sin palabras. Saber perder
lo que se pierde.

O eso parece.

Parece que las dos
nos hemos quedado sin madre:
yo sin vos
vos sin ella,

y sucesivamente,
como eslabones perdidos
y encontrados por un rato
con los padres,

pero ésa es otra historia
que está mejor contada
en la foto de casamiento
para las que palabra
nunca tuve,

como si fuera anticipo
de mi propio vencimiento.

De los padres decías que el tuyo
tenía ojos verdes
como vos, tu nieto Juan,
y nadie los tenía del todo
aunque merecían tenerlos:
 tu manera
de embellecer el retrato
era tu manera de verlo.

De ella decías en cambio
desde su muerte no fui la misma,
y ésa sería tal vez tu manera
de no terminar el retrato.

La palabra no.

Lo mismo digo yo.

Aunque también se diría una ocasión
más bien vulgar: en general,
todos nos quedamos sin ella,
y esa ausencia de luz parece
descansar los ojos
sin vaciarlos. Los anima,

o los vuelve hacia la oscuridad,
que es donde el retrato termina.

Dijo mi padre de la suya:
nací con ella y ahora
voy a tener que morirme
solo. Y después
lo hizo.

Dijo mi maestro de la suya:
me pasé toda la vida para tener
la letra de mamá. Y después
la tuvo.

Era un dolor perfecto:
hablando de ella,
hablaban de si mismos.

O eso parece.

Parece que perder
no es un arte difícil:
los muertos de verdad de uno
son víctimas amada de los vivos.

De lo que cada uno dijo.



Mirta Rosenberg
De "El arte de perder, 1998"  en Poetas Argentinas 1940-1960 - Ediciones del Dock

Nació en Rosario, 1951. Es poeta y traductora.

Obra poética: Pasajes,( 1984). Madam (1988); Teoría sentimental (1994); El arte de perder (1998), El árbol de palabras. Obra reunida 1984-2006, Bajo la luna, Buenos Aires, 2006,  El paisaje interior, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012.

fotografía: Valentina Rebasa

viernes, 27 de febrero de 2015

Carlos Patiño




Charla distendida con mi propia muerte


Yo sé que estás siguiendo mis pasos desde que nací
y que muchas veces me tiraste manotazos arteros-
Este mundo está lleno de vos
de tu blancura sórdida
y sólo me dejas
un angosto/largo pasillo
en donde tengo que hacer todas mis cosas
con vos encima
repartiendo flechazos.

Nunca sabré si me dejaste hacerlas
o si yo supe esquivarte durante largos años.
Tal vez no importe mucho tan mortal ejercicio
esta suerte dis-suerte que acompaña mi vida
porque me has hecho sufrir y hacer pedazos
llevándote en castigo los seres que quería
algo tal vez peor que calar tu mortaja.
Y sé que nunca me dejarás
que seguirás siendo mi más fiel amante
y que haga lo que haga
inexorablemente acabaré en tu lecho
cuando tu voluntad diga “hasta aquí”.

Me tiene sin cuidado tu andar de policía
y hasta es posible que sea yo
quien se arroje a tus brazos
cuando no encuentre un verso que pudiera enhebrar
cuando mi hermosa máquina de sangre huesos sueños
decida estallar en burbujas
y ni un bello atardecer acaricie mis ojos ni nada en este mundo
haga flamear mi risa.
Tuyo soy. Más que de nadie de quien haya sido.
No hay humano que escape
a tu abrazo final fronterizo y callado.

Sin embargo, tu triunfo es tu derrota.
Nada quedará de vos: ni un murmullo
ni una foto perdida en los cajones
ni un suspiro nostálgico. Nada.
Yo quedaré:
vos desaparecerás en tercera persona
como una anécdota,
como el humo del cigarrillo que te arrojo en la cara,
o una muela extraída,
la niebla matinal,
o una ola perezosa
que hace burbujas en la orilla
y otra ola la borra de inmediato.

Yo seguiré viviendo
en los recuerdos de quienes me aman
en mi sangre hecha  palabra
y tu abrazo final será
como un hueso mugriento robado por un perro
en cualquier basural.



Teoría sobre la ingenuidad


Esa sombra que pasa
no es la sombra que espero.
Mi sombra tiene cabellos largos
una silueta sinuosa
como camino de montaña
y una enorme sonrisa que ilumina el camino.
Pero aquí estoy
esperándola
con todas mis mañanas a cuestas
mis noches solitarias
con mis muertes fundidas en bloques de acero.
Y sé que no vendrá:
de mil sombras que pasen
ninguna será la de ella
porque ella
pertenece al pasado
y el pasado no vuelve
aunque hagamos conjuros formidables
sobre la flor más bella del jardín de adelante.




Carlos Patiño
De "Caderas, lejanías y diagonales" - El Monje Editor 2013


Argentino – 1934-2013. Miembro del Grupo Barrilete. En 1990 obtuvo el Premio Casa de las Américas de poesía, Cuba, con su obra "Esquinas silenciosas".

martes, 24 de febrero de 2015

Enrique Lihn




Ciudades


  Ciudades son imágenes.
Basta con un cuaderno de escolar para hacer
la absurda vida de la poesía
en su primera infancia:
extrañeza elevada al cubo de Durero, 1
y un dolor que no alcanza a ser él mismo,
melancólicamente.

  Dos ratas blancas giran en un círculo
a la velocidad de la neurosis;
después de darme vueltas sesenta días justos
en el gran mundo como en una jaula,
me concentro en un solo pensamiento:
ratas que giran.

  Blanca, velluda, diminuta esfera
partida en dos mitades que brincan por juntarse,
pero donde fue el tajo, la perpleja lisura
y el dolor, ahora están esas patitas,
y en medio de ellas sexos divisorios,
sexos compensatorios.

  Nos salen cosas donde fuimos seres
aparte enteramente, enteramente aparte.
Cinco minutos de odio, total.   cinco minutos.

  Ciudades son lo mismo que perderse en la calle
de siempre, en esa parte del mundo, nunca en otra.

  ¿Qué es lo que no podría dar lo mismo
si se le devolviera al todo, en dos palabras,
el ser mezquinamente igual de lo distinto?
Sol del último día; ¡qué gran punto final
para la poesía y su trabajo!


1 El poliedo de Durero.


Enrique Lihn
De "Poesía de paso" 1966

Chile (1929-1988) - Premio Poesía 1966, Casa de las Américas  - Cuba

Fotografía extraída: www.omni-bus.com

domingo, 22 de febrero de 2015

Belén Iannuzzi





Otra emoción equivocada


No, no te estoy diciendo que nos casemos, P,
sólo que me llames
no bien estés saliendo de mi casa
llamame desde el ascensor
desde el garage
desde la cocina cuando vas a buscar agua
llamame desde el baño cuando estoy en el cuarto
invitame a irnos de vacaciones juntos
la segunda vez que nos veamos
en la tercera cita
hablemos de los nombres de nuestros hijos.

No, no te estoy diciendo que tengamos hijos, P,
te digo que los imaginemos
hablemos de la casa de Montevideo
de la casa en la playa
aunque después no exista
nunca exista
ya no exista
yo no exista
ni vos
hablemos de los viajes en combi hasta Venezuela, P,
hablemos de las flores.

No, P,
no me digas hablemos en la semana
no me digas quedate tranquila
no me digas tranquila
¿dónde vamos a festejar tu cumpleaños?
¿y nuestro aniversario?

Yo ya sufrí, P,
y aprendí un montón de cosas
lloré hasta la deshidratación
te lo digo bien,
te lo digo bien,
no tengo tiempo
de que seas
otra emoción equivocada.



Belén Iannuzzi
De: "El origen de las especies"  - Ed: Pánico el Pánico -  2010

Foto extraída de: www.tatooimagenes.com

jueves, 19 de febrero de 2015

Jacobo A. Rauskin





Al viento


¿Qué puedes hoy traerme
que no me hubieses ya dejado
con algún atardecer bajo un árbol
en el interminable verano de esta tierra?
Sin embargo, te espero.
Ven, compañero de cigarras tardías
y de las dos primeras estrellas
las que timidamente anuncian el cielo,
las que anuncian la noche que llega
las que anuncian el próximo encuentro
de un hombre y su amor. Ven, viento,
no te demores, ella conoce el sitio,
el delgado arroyuelo, el árbol, y, contigo,
tendrán un temblor nuevo las hojas.



Jacobo A. Rauskin
De "Los rumbos del viento"  (Antología de Poesía) Ediciones Trilce, 2005

Nació en Villarica, Paraguay, 1941.

Imagen extraída: casabello.gob.ve

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com