Ritmos de tambores sacudían el aire en espasmos virtuosos de
llantos y corceles. Aquella ceremonia del encuentro. La cítara
blanda y lenta respirando mi piel. Un encuentro de lenguas de Babel
hilvanándose en un "solo de absoluto". Lengua única y precisa que
más allá del sentido, dibuja clara lo entero.
El día gris y rojo en que dejé de mirarte.
Me quedé sorda y ciega de luz
recordándote
hasta con los huesos.
Mónica Rolandelli De "Desfiladeros"
Argentina, Buenos Aires. Ancló en Filosofía y Letras, en la esquina obvia de Psicología. Palabrera y poeta.
Rubia de las platinadas, teñida como esas que pasan por tele de jean apretado, camina Marylin.
Encara un taxi, sonríe boquilla en la mano, guarda, el tapizado! y el negro la mira, le dice: A dónde vas?
Trabaja de sobrinita con un secretario de otro secretario que no era del barrio, y la hizo progresar. Y ahora le sigue la corte a un chico ‘e familia pa’l matrimonial.
La Marylin se fue pa’ la U.C.D, se comió la película de veras. Y está viviendo allá en un derpa, en la avenida Alvear, diez noches de patín para garpar.
La Marylin, la sweety, petit chat. No le hablen de las cuestiones sociales, en Recoleta copetín sólo con gente bien, y a los cabezas no nos puede ver.
Alfredo Rubin (“El Tape”)
Intérprete: La Chicana con la participación de: "el negro" Fontova Del CD Ayer hoy era mañana (1997)
Ilustración: Mapa de comunas de ciudad de Buenos Aires
Lo peor del amor son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas
las golondrinas muertas en la almohada,
Lo malo de después son los despojos
que embalsaman el humo de los sueños, el sístole
los teléfonos que hablan con los ojos.
El sístole sin diástole sin dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veneales,
condenar a la hoguera los archivos.
Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales,
no le quedan dos puntos suspensivos.
Que el maquillaje no altere tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el ecenario te tiña las canas
que nunca sepas ni como ni cuando,
ni siento volando, ni ayer ni mañana.
Que el corazón no se pase de moda
que los otoños te doblen la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejo,
que las mentiras parescan mentiras,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que se divorcie de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de adas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Que el corazón no se pase de moda
que los otoños te doblen la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noche sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Joaquín Sabina Nace el 12 de febrero de 1949 en la localidad de Úbeda (Jaén), segundo hijo de Adela Sabina del Campo, ama de casa y de Jerónimo Martínez Gallego, inspector de policía.
Exilio en LondresEn 1968 se traslada a Granada para matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras e iniciar los estudios de Filología Románica en la universidad, donde descubre la poesía de César Vallejo y Pablo Neruda. Joaquín vive por primera vez con una mujer, llamada Lesley, y prepara su tesis de español en Granada.
Su ideología izquierdista lo lleva a relacionarse con movimientos contrarios al régimen franquista. Este mismo año, cuando se proclamó el estado de excepción, su padre, que era comisario en Úbeda, recibe la orden de detenerlo por pertenecer al Partido Comunista.
En 1970 comienza a colaborar con la revista Poesía 70, compartiendo páginas con Luis Eduardo Aute o Carlos Cano. En ese mismo año lanza un cóctel molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao en Granada en protesta por el Proceso de Burgos, por lo que se ve obligado a exiliarse.
No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso, tengo en mi todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto, De mi cuarto entre los millones del mundo que nadie sabe cual es. (Y si supiese cual es ¿Qué sabrían?)
De ahí hacia el misterio de una calle cruzada constantemente por gente, Hacia una calle inaccesible a todos los pensamientos, Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta, Con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y de los seres, Con la muerte poniendo la humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres, Con el Destino conduciendo la carroza de todo por la carretera de nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad. Estoy hoy lúcido, como si estuviese moribundo, Y no tuviese mas hermandad con las cosas Si no una despedida, tornándose esta casa y este lado de la calle La hilera de carruajes de un comboy. Y una partida estridente Desde dentro de mi cabeza, Y un temblor de mis nervios y un rechinar de huesos en la ida.
Estoy hoy perplejo como quien pensó y encontró y olvidó. Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo Al Estanco del otro lado de la calle, como cosa real por fuera, Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Erré en todo. Y como no hice ningún intento, tal vez todo fuese nada. El aprendizaje que me dieran, Descendí de él por la ventana trasera de la casa. Fui hasta el campo con grandes propósitos. Mas allá encontré sólo hiervas y árboles, Y cuando había gente era igual a la otra. Salgo de la ventana, me siento en una silla. ¿Qué pensar?
¿Qué sé yo lo que será de mí, yo que no sé lo que soy? ¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tantas cosas! ¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber tantos!
¿Genio? En este momento Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo, Y la historia no señalará ¿Quién sabe? , ni uno, Ni habrá sino ensueño de tantas conquistas futuras. No, no creo en mí. ¡En todos los manicomios hay quejosos locos con tantas certezas! Yo, que no tengo ninguna certeza ¿Estoy más cierto o menos cierto?
No, no creo en mí... ¿En cuantas buhardillas y no buhardillas del mundo No están en esta hora genios-para-si mismos soñando? Cuantas aspiraciones altas y nobles y lúcidas Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas -, ¿Y quien sabe si realizables, Nunca verán la luz del sol real ni encontrarán oídos de gente? El mundo es para quién nace para conquistarlo Y no para quién sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón. Tengo soñado más que lo que Napoleón hizo. Tengo apretado contra el hipotético pecho más humanidades que Cristo, Tengo hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió. Mas soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla, Aunque no viva en ella; Seré siempre el que no nació para eso; Seré siempre sólo el que tenía cualidades; Seré siempre el que esperó a que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta Y cantó la canción del Infinito en un gallinero, Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado. ¿Creer en mí? No, ni en nada. Me derramé la Naturaleza sobre la cabeza ardiente Su sol, su lluvia, el viento que me encuentra el cabello, Y el resto que venga si viene, o tuviera que venir, o no venga. Esclavos cardíacos de las estrellas, Conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama; Pero despertamos y él es opaco, Nos levantamos y él es ajeno, Salimos de casa y él es la tierra entera, Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolate, pequeña; ¡Come chocolates! Mira que no hay más metafísica en el mundo sino los chocolates. Mira que todas las religiones no enseñan mas que confitería. ¡Come, pequeña sucia, come! ¡Si pudiese yo comer chocolates con la misma verdad con que comes! Mas yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es de hojas de estaño, Tiro todo al suelo, como tengo tirado la vida) Pero al menos queda la amargura de lo que nunca seré La caligrafía rápida de estos versos, Pórtico partido para el Imposible. Mas al menos consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas. Noble al menos en el gesto largo con que arrojo La ropa sucia que soy, sin rol, para el decurso de las cosas, Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas, O diosa griega, concebida como estatua que estuviese viva, O patricia romana imposiblemente noble y nefasta, O princesa de trovadores gentilísima y ruborosa, O marquesa del siglo dieciocho, escotada y estilizada, O cocot célebre del tiempo de nuestros padres, O no sé que moderno no concibo bien el qué ¡Todo eso, sea lo que fuere, que seas, si puede inspirar que inspire! Todo mi corazón es un vacío despejado. Como los que invocan espíritus invocan espíritus me invoco A mí mismo y no encuentro nada. Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta. Veo las tiendas, veo las aceras, veo los carros que pasan, Veo los entes vivos vestidos que se cruzan, Veo los perros que también existen, Y todo esto me pesa como una condenación al destierro, Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé, y hasta creí, Y hoy no hay mendigo que yo no envidie solamente por no ser yo. Miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira, Y pienso; tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses Porque es posible hacer una realidad de todo eso si hacer nada de eso; Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan el rabo Y que es rabo para este lado del lagarto cuando revueltos.
Hice de mí lo que no supe, Y lo que podía hacer de mi no lo hice. El dominó que vestí era errado. Me conocieron luego por quien no era y no desmentí, y me perdí. Cuando quise tirar la máscara, Estaba pegada a la cara. Cuando la tiré y me vi en el espejo, Ya había envejecido. Estaba borracho, ya no sabía vestir el dominó que no había tirado. Tiré fuera la máscara y dormí en el ropero Como un perro tolerado por la gerencia Por ser inofensivo Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles, Quien me diera encontrarte como cosa que yo hiciera, Y no me quedase siempre enfrente del estanco de enfrente, Imprimiendo a los pies una consciencia de estar existiendo, Como una alfombra en que un borracho tropieza O un ruedo que los gitanos robaron y no valía nada.
Mas el Dueño del Estanco llegó a la puerta y se quedó a la puerta. Ojo con el desaliento de la cabeza mal vuelta Y con el desconsuelo del alma mal-entendiendo. Él morirá y yo moriré. Él dejará el letrero, y yo dejaré versos. En cierto momento morirá el letrero también, y los versos también. Después de cierto tiempo morirá la calle donde estuvo el letrero, Y la lengua en que habían sido escritos los versos. Morirá después el planeta giróvago en que todo esto se dio. En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente Continuará haciendo cosas como versos y viviendo por debajo de cosas como letreros, Siempre una cosa enfrente de otra, Siempre una cosa tan inútil como la otra, Siempre lo imposible tan estúpido como lo real, Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio de la superficie, Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.
Pero un hombre entró en el Estanco (¿Para comprar tabaco?), Y la realidad plausible cae de repente encima de mí. Me semilevanto enérgico, convencido, humano, Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos. Sigo el humo como una ruta propia, Y gozo, en un momento sensitivo y competente, La liberación de todas las especulaciones Y la consciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar mal dispuesto. Después me hecho para atrás en la silla Y continuo fumando. En cuanto el Destino me lo conceda, continuaré fumando.
(Si yo me casase con la hija de mi lavandera Tal vez fuese feliz.) Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.
El hombre salió del Estanco (metiendo el cambio el bolsillo de los pantalones) Ah, lo conozco: es el Esteves sin metafísica. (El Dueño del Estanco llegó a la puerta.) Como por un instinto divino el Esteves se volvió y me vio. ¡Me gesticuló un adiós le grité Adiós al Esteves!, y el universo Se me reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño del Estanco sonrió.
Tiene que salir por algún sitio esto tiene que salir si se metió por algún lado va a salir por la teoría de contrarios si baja lo que sube esto tiene que salir.
Tiene que salir con un licuado de ciruela va a salir con tamaringo y con batalla va a salir con mucho agua y salvado y una dieta moderada esto va a salir.
Tiene que salir aunque me tenga que quedar aquí a vivir aunque me digan que no tengo porvenir en este intento me la juego de aquí yo no me muevo esto va a salir.
El mundo se divide entre los que obran mal y los que obran bien.
Liliana Felipe Nace en Villa María, Córdoba, en 1954 es una actriz, cantante, pianista y compositora argentina descendiente de los indigenas comechingones.
Exiliada en México debido a la dictadura militar argentina de 1976 en la cual su hermana y su cuñado son desaparecidos víctimas de la represión. Colabora con la organización sin fines de lucro H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). En 1990 funda con Jesusa Rodríguez (su pareja desde hace más de 2 décadas) el Teatro Bar El Hábito y restauran el Teatro de La Capilla, espacios de cultura independiente. Allí se realizan obras propias de cabaret y de artistas independientes. También en ese año reciben el Obie Award que otorga el periódico Village Voice de Nueva York e inaugura con la obra Las Horas de Belén el Teatro Brava! en San Francisco, California. En 2001 se presenta en las salas La Trastienda (Capital Federal), Fundación PROA (Buenos Aires) y en el Teatro Real (Córdoba). En 2000 y 2002 realiza funciones a beneficio de H.I.J.O.S. y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas en el Auditorio de Radio Nacional Córdoba y en el Teatro del Libertador San Martín, Córdoba. Desde 2000 participa en los Encuentros de Performance del Instituto de Estudios Hemisféricos de la Universidad de Nueva York ( NYU ), encuentros bajo la coordinación de Diana Taylor. Del 2001 al 2004 es contratada por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para realizar 17 Talleres de Empoderamiento para Mujeres Indígenas y Campesinas en 15 Estados de la República de México. El 11 de marzo de 2010 contrae matrimonio con Jesusa Rodríguez, siendo una de las primeras cuatro parejas del mismo sexo en casarse de el Distrito Federal, México.
Mi Buenos Aires querido cuando yo te vuelva a ver, no habrás más pena ni olvido.
El farolito de la calle en que nací fue el centinela de mis promesas de amor, bajo su quieta lucecita yo la vi a mi pebeta, luminosa como un sol. Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver, ciudad porteña de mi único querer, y oigo la queja de un bandoneón, dentro del pecho pide rienda el corazón.
Mi Buenos Aires tierra florida donde mi vida terminaré. Bajo tu amparo no hay desengaños, vuelan los años, se olvida el dolor. En caravana los recuerdos pasan, con una estela dulce de emoción. Quiero que sepas que al evocarte, se van las penas de mi corazón.
La ventanita de mi calle de arrabal. donde sonríe una muchachita en flor, quiero de nuevo yo volver a contemplar aquellos ojos que acarician al mirar. En la cortada más maleva una canción dice su ruego de coraje y de pasión, una promesa y un suspirar, borró una lágrima de pena aquel cantar.
Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más pena ni olvido.
Alfredo Le Pera Nació en la ciudad de San Pablo (Brasil) el 8 de junio de 1870, pero su familia se trasladó a Buenos Aires cuando tenía 2 meses de haber nacido, por lo que vivió toda su infancia allí.
Es reconocido como uno de los grandes compositores de letras de tangos, sobre todo los que Carlos Gardel interpretó a lo largo de su carrera.
Murió en Medellín (1935)
Intérprete y arreglos: Carlos Libedinski Letra: Alfredo Le Pera Música: Carlos Gardel