domingo, 13 de marzo de 2011

Alberto Girri



4. Cuando la idea del yo se aleja

De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: "Yo soy"
y en la enfermedad y la muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.

Antes hacía, ahora comprendo.



Alberto Girri



Nació y murió en Buenos Aires (1919-1991). Autor de más de treinta libros de prosa y poesía. Traductor de numerosos poetas ingleses y estadounidenses


Imagen superior extraída de: http://elpasatiempo.org/295/psicoanalisis-gratis/

viernes, 11 de marzo de 2011

Norberto Napolitano "Pappo"





Le he pedido tanto a Dios
que al final oyó mi voz
por la noche a más tardar
yendo juntos a la par
Cartas de amor en el hall
se secan con el sol
lejos de la gran ciudad ella es mi felicidad
nada como ir juntos a la par
Nada como ir juntos a la par
y caminos desandar
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí
nada como ir juntos a la par
Se su nombre, se su edad
y sus gustos en la intimidad
cuando un corazón se entrega
y el mañana nunca llega
que más puedo hacer
Nada como ir juntos a la par
y caminos desandar
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí
nada como ir juntos a la par.



Norberto Aníbal Napolitano
Santa Isabel, Argentina, 10 de marzo de 1950 – Luján, Argentina, 25 de febrero de 2005, mas conocido como Pappo y apodado «El Carpo», fue un guitarrista, cantante y compositor de blues, rock y metal argentino. Integrante del grupo Los Abuelos de la Nada, Engranaje, Los Gatos, Conexión Nº 5 y La Pesada del Rock and Roll; y fundó Pappo's Blues en los '70 y Riff en los '80, bandas con las que tocaba en forma simultánea.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Laura Massolo



Etcétera

Y lo que falta es etcétera.
Vivos, muertos, ene ene, todos, etcétera.
Tumba, río, desconsuelo, frontera, interrogante, etcétera.
Brazo, dedo, cráneo, un pedazo de la pierna, etcétera.
Y un lugar remoto que vimos o no vimos, que ya no está.

Un avión que se estrelló, un edificio, un monumento, un hombre, etcétera.
Una explosión, dos explosiones, un suicida, una tonelada de nitrotolueno, dos mechas, una nena que pasaba por ahí, etcétera.

Hiroshima puede ser etcétera en una lista de arrepentimientos.
Y habría que contar en cada caso, etcétera.
Los nombres que se ignoran después de algunos nombres que se saben pueden ser etcétera.
Lo demás, esto y aquello,
lo que nunca se supo,
el que ya no vuelve,
un recuerdo.

Nada.



Laura Massolo
Nació en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, en diciembre de 1954.
Escribe poesía, cuento, novela y teatro. Coordina talleres literarios desde 1990, dedicándose a la formación de escritores y coordinadores de taller y a la corrección de textos literarios.
Publicó los libros de poemas Afuera estaba el mundo, (2001, Ediciones del Dock, Buenos Aires) y Y amén (2002, Edicions 96, Valencia, España).

lunes, 7 de marzo de 2011

Marosa di Giorgio




Los leones rondaban la casa

Los leones rondaban la casa.
Los leones siempre rondaron.
Siempre se dijo que los leones rondaron siempre.
Parecían salir de los paraísos y el rosal.
Los leones eran sucios y dorados.
Ellos eran muy bellos.
Los ojos como perlas. Y un broche brillante en el pecho
entre aquel pelo áureo.
Los leones entraron a la casa.
Corrimos a esconder los floreros de sal, de azúcar, el cometa
Halley, las queridísimas sábanas nevadas, la colección de estampillas.
Y a traer los sudarios.
Los leones eran al mismo tiempo, presentes e invisibles, al
mismo tiempo, visibles e invisibles.
Se oía el rumor de la leche que robaban, el clamor de la miel
y la carne que cortaban.
Llevaron hacia afuera a la abuela oscura, la que tenía una
guía de rositas alrededor del corazón.
Y la comieron fríamente. Como en un simulacro.
Y -como si hubiese sido un simulacro!- ella tornó a la
casa y dijo: -Los leones rondaron siempre. Están delante
de los paraísos y el rosal. Dijo: -Los leones están acá.



Marosa di Giorgio
De "Mesa de esmeralda" 1985

(Uruguay, 1932-2004). Desde 1978 se radicó en Montevideo donde inició su carrera poética en 1954 con su obra Poemas.
Sus poemas y relatos fueron traducidos al inglés, francés, portugués e italiano. Recibió importantes distinciones entre las que se destacan la Beca Fullbright y el Primer Premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2001.

sábado, 5 de marzo de 2011

Amable Antonio Mejía




Irak e Irán

Rendirse. ¿Cuánto cuesta estar sentado? Rendirse conforme, parecido
a pedir permiso para pasar a un baño ajeno. Rendirse, sacándose los
dientes postizos, penando en la muerte ajena, extraña de un cuerpo
parecido al nuestro.



Ruleta rusa

No todo el mundo se ríe tanto de sí mismo como yo ni intenta ponerse
en ridículo a la menor ocasión. Me gusta jugar conmigo mismo a mostrar
interés, y no hay cosa que el otro intuya más rápido que no soy eso
que digo, que quiero demostrar, que intento convencer. Es mi eterno
malditismo, mi eterna querella en lo que respecta al amor.



Para que no piense

En el comienzo fui Yo. A mitad del camino, Yo. A cualquier hora del
día o la noche, Yo. De espaldas, Yo. Yo en el sí, en el no. Para encender
la luz o apagarla, Yo. Mire o no mire, Yo. Estate tranquilo. Muévete.
Despacio. Rápido. Con sed. Hazlo, Yo. Defeca. Orina. Abre la puerta.
Ciérrala. Contra el polvo. A favor del polvo. Con cuidado. Así no. Por
ahí no. Mira que te puedes caer. Te lo dije. No saltes. Hazlo ahora.
Bien. Será mejor que lo deje para mañana. Mañana no, Yo. Por favor.
¡Oh sí! Ahora mismo. Sí, por favor. Qué no. ¡Válgame Dios! Yo ¿Sabes lo
qué estás haciendo? Yo, huela o no huela. Toque o no toque. Ni que me
empujen. ¿Qué puedo hacer Yo?



Amable Antonio Mejía
Es poeta y narrador. Nació en Santo Domingo en 1959. Autor del libro de cuentos Entre familia, de los poemarios El amor y la baratija y Días de semana y de la novela corta Primavera sin premura.

jueves, 3 de marzo de 2011

Marina Mariasch




Cuando todos estaban en el cine nosotros dos
pelábamos papas en equipo. Pedacitos de cáscara
rompían el silencio, caían de a uno
como gotas de una canilla mal cerrada:
el frío se acomodaba entre nosotros, algo para compartir.
Brillaba en un balde de agua limpia.
Y caían de nuevo. Como salpicaduras agradables
en un día de calor
mojaban el trabajo de cada uno
nos hacían recobrar los sentidos.
Así, mientras las luces se apagaban y se encendía
la película, y unos se acomodaban en la silla y otros
pelaban caramelos o hacían shhhhh
nosotros pelábamos papas, nos hacíamos chistes
con cuchillos filosos en las manos, muy cerca
uno del otro, nunca tan cerca
en todo el resto de nuestras vidas.




El corazón de las rocas, el verano

De las conversaciones en una sola
lengua quedó una roca, el caracol seco
en el patio, donde tu hermana pedalea
la furia de las decisiones. El calor volvió
con toda la furia. Ustedes corrieron
a oler las flores y con tu certeza --
“Son jazmines”-- se evaporó
la magia de las feromonas.
Por el pasillo que va de la
incertidumbre a la necesidad
pasé haciendo bailar el camisón
para los vecinos y algo negro,
desde el fondo de tu habitación,
me recordó la mecánica del
aquí: No dormías. Lo negro
del ojo brillaba de más, como los ojos
de los animales nocturnos.
Te pregunté en qué pensabas.
“En las vacaciones. En las chicas
que jugaban al goofy en la pileta.”
Una vez, atrapado por la
retórica, un hombre
me regaló una joya: un collar
de cristal de roca, una piedra atada
al cuello con mi nombre. En las vacaciones,
en la zona húmeda donde la espuma
viene y se va, la arena
formaba pocitos donde nos hundíamos,
y en esos pozos mínimos que hacían
los bichos de mar formando
constelaciones que jamás llegábamos
a descifrar, perseguíamos
nuestras ilusiones, la felicidad hecha
berberecho. Entre las rocas, con anteojos
negros y bikinis negras, las mamás
completamente manipuladas
por el viento de la orilla
hacíamos esfuerzos por hablar
de todo lo bueno y ustedes
iban, venían y cortaban
la negrura con sus rastrillos verdes,
los baldes rojos. Casi nevaba
con esas gotas, con una mano
mapeaba la superficie
del agua. Pensaba
en esa misma escena
en el verano siguiente, sólo
una libreta y un libro en la lengua
de lo que nunca hicimos.
Las gotas que salpicaban eran
casi nieve de tan frías. Las mamás
nos esforzábamos, o no tanto:
Lo bueno parecía estar en algún lado, cerca
en esos baldes, el rojo y el amarillo, llenos
de berberechos después de un rato.
Los dejamos ir, los soltamos, a la vera
de la correntada, a que siguieran hurgando con
su lengua los túneles de sus refugios, de sus
huidas. Por un rato, una de nosotras
lo posó en el brazo dorado que da
pan y trigo, miel y leche, y sintió
su lengua única, blanca
quitarle la sal a las espigas de su brazo
nutritivo, y se lo mostró a todos
para que no tuvieran miedo y lo devolvió
a la marea. Me imaginé la misma escena
en el verano siguiente, con la marea
más alta, el mapa de las palabras
cristalizado, el agua tapándonos
las rodillas. Mi niño-bañero izando
la bandera a media asta y recitando
la tabla del peligro como un
limerick, o una verdad científica
sobre el corazón de las cosas.




Marina Mariasch
Nació en 1973, es poeta y editora de la pionera Editorial Siesta.Publicó los libros de poemas Coming attractions, XXX y Tigre y león. Además ha participado en diferentes antologías, como En Celo y Buenos Aires/Escala 1:1. Acaba de presentar su nuevo libro, El zig zag de las instituciones (Vox).

martes, 1 de marzo de 2011

Martín Moureu



a Cristo mi precursor


Cuando la Tierra era
plana como el mapa
de la llanura pampeana
y la historia antigua
descontaba sus años,
los átomos que me componen
andaban dispersos por ahí.
¿No te tocó un chicle bazooka
anunciando mi advenimiento?

Echada la cuenta de los planetas
los entonces y las caras,
en esta anatomía
mis átomos se complicaron.
Que salten las alarmas de los autos,
que los celulares se queden sin señal.
Incontenible. Inalcanzable.
Allá del planisferio y los relojes
y de los espejos, soy el desconocido
que chau a tu pasar.

          No vengo a tocar timbre
los domingos a la mañana,
redimirlos de ese odioso dios
es el mandado que tengo.
Levanto los puchos tirados
y le doy una pitada, así
voy siguiéndole el rastro.

Con tal de un probar de ajenos secretos
también supe empinarme su vino divino
y en el fondo si Cristo
le hubiese visto
la cara a cara a Dios,
jamás habría ido a la Cruz.

Desconocido pero inconfundible
soy algo más que el número
de átomos míos. Mi nombre
completa los crucigramas.

No hay mapa que me pueda contener
ni los cronómetros pueden alcanzarme
los espejos no pueden reconocerme
los espejos. Dios está en todas partes
          no puede huirme.




POXI-ran

¿Nunca viste un eclipse de sol
con careta de soldar?¿Viste cuando
prendés la radio y se te pega
el reguetón que están pasando
y no te lo podés sacar de encima?
¿Te estás quedando pelado o es
una ilusión óptica? ¿Viste
que los desaparecidos son todos
re parecidos? ¿Y que las DRF
tienen gusto a Kolynos?¿La luz pestañó
o fuiste vos? ¿Nunca te bañaste
con el calefón enchufado?
¿Estás OK       ¿Estás OK
o estás KO? o estás KO?



Martín Moureu
De "Sin tácticas" (inédito)
Nació en Ayacucho, Pcia. de Buenos Aires. (1981)
En su adolescencia lideró la banda heavy metal “Esqueletor”, de escasa repercusión.
Actualmente se encuentra preparando una traducción de Poe bajo el título “Del latido delator y otros relatos”.

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com