viernes, 8 de octubre de 2010

Joaquín O. Giannuzzi




Cumpleaños


Y de pronto me aplastaron los años.
Miré en tono, incrédulo y buscando
donde depositar la carga, como si creyera
en la universidad de la condena.
Pero la verdad personal
me envolvió con la evidencia
de un alambre de púas.
No les deseo certezas de este tipo
sigan nomás comiendo que en nada hay gloria
mientras en algún lugar del esqueleto
palpo el hueso más cercano a su fin.



Joaquín O. Gianuzzi
Nació en Buenos Aires en 1924. Ejerció el periodismo y la crítica literaria en diversos medios, entre ellos la revista Sur y los diarios Crítica, La Nación y Clarín. Su vida de escritor la dedicó a la poesía. Fue distinguido con el Premio Vicente Barbieri otorgado por la SADE (1957), el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes (1963 y 1977), el Gran Premio de Honor Fundación Argentina para la Poesía (1979), el Segundo Premio Nacional de Poesía (1981), el Primer Premio Municipal de Poesía (1980 - 1982), el Primer Premio Nacional de Poesía (1992) y el Premio Esteban Echeverría (1993). Ha publicado los siguientes libros: Nuestros días mortales (Sur, 1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991), Apuestas en lo oscuro, Emecé(2000), y Obra Poética (Obras completas, Emecé, 2000).


Obra: Robert and Shana Parke Harrison

jueves, 7 de octubre de 2010

Gabriela Wiener




Pequeña hermana


Cuando estés dormida yo apagaré la lámpara de hueso
Que separa nuestras camas
La noche será breve como un apagón
Porque he hablado con Dios
Con doctores del sueño
Y me lo han prometido
Yo también prometo
Ayudarte a contar las bombas en el cielo
Y a desanudar nuestros estómagos
De la boca del animal sobreprotector
Que copula en nuestras pesadillas

Vuela
Vete lejos del país de los miedos infantiles
A tu vuelta tendré puesta la mesa
Con platos de juguete
Que nunca se enfrían
Nuestra comida preferida
De geranios robados
Y esas flores rojas de tallos lechosos
Que pueden dejarte ciega

Tendré nuevos collares de cuentas de colores
Para las tardes en que venga a visitarnos la muerte
Pondremos una cuenta por cada arrepentimiento:
–Pude haber sido más tierna
Pude haber sido más fuerte
Pude haber sido más revolucionaria–
El collar del remordimiento será un collar de dientes de bebé

(Ahora me confesaré: he hecho el ridículo tantas veces
Con mi colección de rostros tenebrosos
He sido el esperpento de los apagones
La asesina de osos de peluche
Una adolescente drogadicta
Quizá mientras todos hacían otra cosa
Yo me quedé alimentando demasiado rato
A los cisnes decadentes de Huampaní
Y a uno en particular
Pero ya no tiene la menor importancia
Ya no dibujo casas con chimeneas, caminitos y una bandera del Perú)

Ahora estoy aquí, yo soy la grande y tú la pequeña
Suenan todos nuestros discos uno tras otro
Y todas las canciones tristes son alegres
Más fuerte, más fuerte que este inmenso ruido de nuestras cabezas
Esta noche será breve y silenciosa
He hablado con los perros solitarios
Con las botellas rotas
He hablado con los terroristas
He vuelto a casa
Será como nuestro primer viaje en avión
Como una guerra de almohadas

Por eso vuela, rompe las nubes
Te veo esta noche como un pájaro fantástico
El de nuestra historia sin fin
Un enorme pájaro sonriente
Te veo como la primera vez que te vi
Reflejada al lado mío en un televisor
Blanco y negro
Apagado

Volveremos a comer melocotones blancos y pelados
En los patios de la clase media
Volverán nuestros juguetes tuertos y no nos reprocharán nada
Seremos las bailarinas paralíticas de nuestras cajas de música
Y esta vez nuestros pelos tendrán flores de verdad

No tengas miedo a las cosas que dan miedo
Ten miedo a lo que no da miedo
Piensa: la única oscuridad posible
Nos envuelve bajo la luz de nuestras frazadas perforadas
Ahí donde aprendimos a acuchillar sombras

Nuestros vestidos están esperándonos
Limpios y planchados sobre la cama
Tú bailas y yo te riego con la manguera
Sonríes dentro de mí
Como un sticker de estrella bajo el techo



Gabriela Wiener
Perú - Lima, 1975.

Obra: "La noche menos pensada" - Miguel Ronsino

miércoles, 6 de octubre de 2010

Gabriela Wiener




Foto en blanco y negro

la niña que será mi madre
coge un rifle
y me apunta con cierta sonrisa

si esa niña fuera mi amiga
le pediría su arma de fuego
y ambas dispararíamos al aire
para alejar a los curiosos

del cielo caería un ganso dorado

conociendo a mi madre
lo llevaríamos en una camilla de guerra
corriendo sobre la hierba
de los panteones
poblados de involuntarias flores
y trataríamos de convencerlo de que está vivo

esto no se verá en la foto
pero hay un momento en que yo
le arranco un ala
la empuño corriendo en dirección del viento
y le muestro a mi madre
por primera vez
(algo que piensa que ella me enseñó a mí)
la equívoca intersección del vuelo y de la pérdida



Gabriela Wiener
(Perú - Lima, 1975)
Periodista y poeta. Sus crónicas y reportajes pueden leerse en la revista peruana Etiqueta Negra, de la que es corresponsal en Barcelona. Además ha publicado en el Magazine de La Vanguardia, Suplemento Libros de El Periódico, Letras Libres, Lateral, Primera Línea, Club Cultura, Paula, Revista In de Lan (Chile), El Ajo, El Universal (México), Travesías (México), El Comercio (Perú), Semana (Colombia), entre otros. Se encargó de la sección de crónicas de la revista Lateral. Actualmente, tiene dos libros de crónicas en preparación. Es Licenciada en Lingüística y Literatura. Vive desde el 2003 en Barcelona, donde culminó una maestría en comunicaciones. Como poeta guarda el libro inédito “Hechos en casa”.

martes, 5 de octubre de 2010

Jaime Dávalos

Un animal que canta y sueña




De mínimas heridas lastimado
Me voy muriendo a ratos tan ligero
Que me siento lejano y extranjero
Del que ayer fuera alegre y confiado.
Tengo un niño en el alma rezagado
No quiero endurecerme, ay!, no lo quiero
Ni ser mi padre, ni tener sombrero
Sino ser un cantor enamorado.
Quiero permanecer en la tristeza
Y en la angustia de andar como los bichos
Perdido por el mundo de la leña

Llevar como una novia mi pobreza
Y morirme del gusto y del capricho
De ser un animal que canta y sueña.



Jaime Dávalos

Nacido en la ciudad de Salta del 29 de enero de 1921, hijo de Don Juan Carlos Dávalos y de Doña Celecia Elena.
Cursó estudios en su ciudad natal. Recorrió íntegramente su suelo patrio, de uno a otro confín, en contacto íntimo con la tierra y sus hombres, bebiendo en los caminos, en las ciudades y aldeas ese rico venero que habría de transformar en poema, canto o relato. Ha reunido en varios libros su producción de escritor, entre los que citamos : "Rastro Seco" (poemas, Salta, 1944), "El Nombrador" (poemas y canciones. Bs. As., 1957. Dos ediciones) ; "Toro viene el río" (relatos, Bs As., 1959 ; y "Coplas y canciones" (Bs. As. 1959).
Falleció en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1981.



Música: Julio Lacarra
en la voz: Julio Lacarra

domingo, 3 de octubre de 2010

Isidoro Blaisten




La balada del boludo


Por mirar el otoño
perdía el tren del verano,
usaba el corazón en la corbata,
se subía a una nube,
cuando todos bajaban.


Su madre le decía:
no mires las estrellas para abajo,
no mires la lluvia desde arriba,
no camines las calles con la cara
que ensucias la camisa;
no lleves tu corazón bajo la lluvia,
que se moja;
no des la espalda al llanto;
no vayas vestido de ventana;
no compres ningún tílburi en desuso.


Mirá tu primo, el recto,
que duerme por las noches.
Mirá tu tío, el justo,
que almuerza y se sonríe.
Mirá tu primo, el probo,
puso un banco en el cielo.
Tu cuñado, el astuto,
que ahora alquila la lluvia.
Tu otro primo, el sagaz,
que es gerente en la luna.


Tienes razón, mamá,
dijo el boludo.
Y se bebió una rosa.
No seré más boludo.
Y se bajó del viento.
Seré astuto y zahorí.
Y dio vuelta una estrella para abajo.
Y se metió en el subte.
Y quedaron las gaviotas en el río.


Entonces vinieron los parientes ricos
y le dijeron:
-Eres pobre, pero ningún boludo.
Y el boludo fue ningún boludo.
Y quemaba en las plazas
las hojas que molestan en otoño.
Y llegó fin de mes,
cobró su primer sueldo
y se compró cinco minutos de boludo.


Entonces vinieron las fuerzas vivas
y le dijeron:
-Has vuelto a ser boludo, boludo.
-Seguirás siendo siempre el mismo boludo.
-Seguirás siendo el mismo boludo siempre.
-Seguirás siendo un boludo siempre.


-Debes dejar de ser boludo, boludo.
Y, medio boludo,
con esos cinco minutos de boludo,
dudaba entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre.
Y subió las escaleras para abajo,
hizo un hoyo en la tierra,
miraba las estrellas.
La gente le pisaba la cabeza,
le gritaba: ¡boludo!
Y él seguía mirando a través de los zapatos.


Entonces
vino un alegre y le dijo: Boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo: Pobre boludo.
Vino un triste y le dijo: Triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo: Reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo: Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo: Judío boludo.
Vino su madre y le dijo: Hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
Te quiero.



En la voz: Gian Franco Pagliaro

Isidoro Blaisten
Nació en 1933, en Concordia, se radicó en Buenos Aires y pronto asumió los rasgos de un porteño incorregible.

sábado, 2 de octubre de 2010

Humberto Costantini




Inmortalidad


Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.
Los colectivos me respetan,
Se inclinan ante mí,
Me lamen los zapatos como perros falderos.

Ocurre simplemente que no me muero más.
No hay angina que valga,
No hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,
Ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,
Ni fiebre de Junín, ni vigilantes.
Estoy del otro lado.
Simplemente, estoy del otro lado,
De este lado,
Totalmente inmortal.

Ando entre olimpos, dioses, ambrosías,
Me río, o estornudo, o digo un chiste
Y el tiempo crece, crece como una espuma loca.

Qué bárbaro este asunto
De ser así, inmortal,
Festejar nacimiento cada cinco minutos,
Ser un millón de pájaros,
Una atroz levadura.
Qué escándalo caramba
Este enjambre de vida,
Esta plaga llamada con mi nombre,
Desmedida, creciente,
Totalmente inmortal.

Yo tuve, es claro, gripes, miedos,
Presupuestos,
Jefes idiotas, pesadez de estómago,
Nostalgias, soledades,
Mala suerte…
Pero eso fue hace un siglo,
veinte siglos,
cuando yo era mortal.
Cuando era
Tan mortal,
Tan boludo y mortal,
Que ni siquiera te quería,
Date cuenta.



Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

viernes, 1 de octubre de 2010

Humberto Costantini




El futuro

Qué lindo era el futuro,
el futuro
del pizarrón de cuarto grado,
todo hecho con tizas de colores
y una confianza buena,
de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado.

era realmente lindo, lindo
aquel futuro
del pizarrón de cuarto,
había chicos decentes
tomados de la mano
chicos con las orejas limpias
y las medias derechas
y los dientes seguramente cepillados.

Juro que era lindísmo
el futuro
del pizarrón de cuarto grado
Había toros, libélulas y ríos
había trenes, palomas y silos y aeroplanos
había campos y escuelas y edificios altísimos
había vacas y ovejas
bellamente pastando

Había una iglesia y un trigal
y un puerto con muchísimos barcos
Al fondo, por supuesto,
un ancho sol naciente en amarillo,
con sus ojos, su boca, su sonrisa
en realidad
bastante parecido
al de la tapa del cuaderno 'Sol de Mayo'
pero de todos modos era una maravilla
aquel futuro
del pizarrón de cuarto grado

¡Ah, si pudiera entrar en el futuro!
en el futuro aquel en seis colores
del pizarrón de cuarto grado
Cómo caminaría derechito
hacia el gordo sonriente en amarillo
acogedor, humano
Cómo andaría entre toros, libélulas y ríos
y trenes y palomas y aeroplanos

A lo mejor iría
tomado de la mano
de algún chico decente, buenito, bien peinado
Caminaríamos alegres y llenos de esperanza
porque, es claro...
el camino sería bello y fácil
como eran los caminos del futuro
en el lindo futuro
del pizarrón de cuarto grado

Sin barreras, sin piedras,
sin pozos, sin semáforos
nadie nos pediría documentos
ni nos requisarían baleros subversivos
ni nos sospecharían ladrones
o extremistas o infiltrados

Nadie nos metería, por supuesto,
en un atroz fantasmagórico Ford Falcon,
ni mucho menos iríamos a aparecer al otro dia
junto a un montón de cápsulas servidas,
ni dirían los diarios
con sus letras chiquititas y su fea sintaxis
cosas como "se procedió a identificarlos"

No, no,
sencillamente no,
porque eso no figuraba para nada en el futuro,
porque eso la señorita no lo había dibujado
con borrador, y tiza y esperanza
en el prolijo y diáfano futuro
del pizarrón de cuanto grado
El cual como se sabe estaba todo hecho
con tizas de colores
con un redondo sol de Sol de Mayo
y una confianza buena,
de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado.



Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com