martes, 7 de septiembre de 2010

Gino Scartaghiande



Hay viejos que duermen

me dan risa los océanos
con sus profundidades verdes.
No te vayas, te lo ruego.
Mira, no soy precisamente
yo, sino el más hondo barranco
del universo para recibirte.
Las estrellas de tu esperma
estallan dentro de mí,
ninguno de nosotros dos
es éste o aquél.
Hay viejos que duermen
en la estación. Por los suelos.


Que por lo menos

Ayuda a que se vayan las palabras.
Sentido. Sinsentido.
Pero no es la verdad. Es
una cuestión poco interesante.
Es la coerción de dos mil
años de literatura. Pero
no es justamente que
las cosas jamás pensadas se
pusieran a temblar así,
sucede que por lo menos
se comienza a balbucir
tras el silencio de las palabras
y el mal atroz que nos hicieron
siempre a propósito de esos sentidos,
porque la palabra guerra
tiene fusiles que matan,
deveras, y también
ayuda a que se vayan las palabras.



Traducción: Guillermo Fernández

Gino Scartaghiande

Nació en 1951, en Cava de’Tirreni (Salerno). Ha publicado Sonetos de amor para King Kong. Cooperativa Scrittori, Roma, 1977. Ha publicado también en la revista Periodo Ipotético.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Sakutaro Hagiwara



Muerte de una rana

Mataron a una rana,
los niños alzaron las manos formando un corro,
todos juntos,
alzaron pequeñitas
y ensangrentadas manos.
Salió la luna.
Encima del cerro se yergue una persona.
Hay un rostro debajo del sombrero.



Piedad amorosa

Sin duda, con tus dientes bellos y duros,
mujer, masticarás el verdor de hierbas,
Mujer,
con esta tinta de hierba verdegay,
el rostro te pintaré del todo,
te excitaré a la lujuria,
y nos divertiremos con juegos secretos a la sombra del
follaje.
Mira,
aquí las campánulas mueven el cuello,
allá cimbrean los brazos las gencianas.
¡Oh! abrazaré tu seno con firmeza.
Tú, tú me empujarás con toda fuerza el cuerpo.
Así, en medio de este campo desolado,
retocemos como dos culebras.
¡Oh! yo, yo te acariciaré apretándote,
te mancharé la piel hermosa con el verde jugo de la
hierba.



Sakutaro Hagiwara
(1886-1942)

Nació en Japón, (Maebashi), prefectura de Gunma y fue hijo de un médico local. Se interesó en la poesía, especialmente en el tanka; y comenzó a escribir poesías, a pesar de su contrariedad a los deseos de sus padres. En su juventud, comenzó a contribuir poemas a diversas revistas, publicando sus versos tanka en las revistas literarias Shinsei y Myōjō.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Rafael Felipe Oteriño



Una palabra

Para decir: piedra,
pez, viento, paloma,
tuve que vivir.
Para nombrar a un barco,
para decir: estela,
horizonte de mar, bahía,
tuve que vivir.
Para virar,
para guiarme por las estrellas,
para seguir un rumbo fijo,
tuve que vivir.
Para señalar el Norte,
para enviar un mensaje
–hermosos días, hermosas noches–,
para esperar respuesta,
para saber esperarla,
tuve que vivir.
Para decir caballo: mi caballo.

Todo debió pasar
por mis pies, por mis manos,
tocarme, golpearme,
penetrar mi piel
como el lento acoso de una fiera.
Para afirmar: "–éste es el aire
y el fuego",
"–esto lo líquido y lo sólido",
y que aire, fuego,
líquido, sólido,
desnudaran su corazón de medusa,
su confundido aroma,
tuve que vivir.
Más allá de todas las tentaciones,
por encima de todas las preguntas,
tuve que vivir.

Para decir una palabra,
para decir una sola
palabra,
la primera palabra
y la última,
para que naciera esa palabra,
tuve que vivir.



Lo mínimo

Tardamos años en comprender lo mínimo:
el golpe de la piedra en el agua,
la espuma desvaneciéndose en la orilla,
la hoja que se revela al trasluz
y así danza. Su abstracto jardín.
También en ellos está la mano de Dios:
más íntima, menos dolorosa, sin el peso
de guardar el abismo, libre
de su lección moral. Dios sabe por qué.



Rafael Felipe Oteriño
(De Lengua madre, 1995)

Nació en La Plata, en 1945.

Altas lluvias, 1996
Campo visual, 1976
Rara materia, 1980
El príncipe de la fiesta, 1983
El invierno lúcido, 1987
La colilla, 1992
El príncipe de la fiesta, 1983
Lengua madre, 1995

sábado, 4 de septiembre de 2010

Victor Jara

Luchín




Frágil como un volantín
En los techos de Barrancas
Jugaba el niño Luchín
Con sus manitos moradas
Con la pelota de trapo,
Con el gato y con el perro,
El caballo lo miraba...
En el agua de sus ojos
Se bañaba el verde claro,
Gateaba a su corta edad
Con el potito embarrado,
Con la pelota de trapo,
Con el gato y con el perro,
El caballo lo miraba...
El caballo era otro juego
En aquel pequeño espacio
Y al animal parecía
Le gustaba ese trabajo,
Con la pelota de trapo,
Con el gato y con el perro,
Y con Luchito mojado...
Si hay niños como Luchín
Que comen tierra y gusanos
Abramos todas las jaulas
Pa'que vuelen como pájaros,
Con la pelota de trapo,
Con el gato y con el perro,
Y también con el caballo.



Victor Jara

Nace el 28 de Septiembre de 1932 de padres campesinos: Manuel, inquilino. Amanda, cantora. Su infancia transcurre en Lonquén, localidad cercana a la capital y su juventud en Santiago, en la Población Nogales.
A la muerte de su madre ingresa al Seminario Redentorista de San Bernardo. Permanece allí por poco más de un año.
No posee formación musical académica: Su madre le enseña a tocar guitarra. En el Seminario aprende Canto Gregoriano.

11 de Septiembre de 1973: Víctor se dirige a la Universidad Técnica del Estado, su lugar de trabajo, donde cantaría en la inauguración de una exposición, desde la cual se dirigiría al país el Presidente Allende. Los militares rodean el recinto universitario ingresando a él el día siguiente, tomando detenidos a todos los profesores y alumnos que se encontraban en su interior.

Víctor Jara es llevado al Estadio Chile y torturado.
Muere acribillado el 16 de Septiembre, pocos días antes de cumplir 41 años.
Su cuerpo es encontrado en la morgue como NN.




viernes, 3 de septiembre de 2010

Cristina Peri Rossi

Bookworm de luxe




Te he cambiado por el bookworm de luxe;
           ahora, en lugar de las cálidas noches desnudas
           sorbiéndonos los sexos,
           enhebro palabras en la pantalla del ordenador
           como las cuentas de un abalorio vaginal.
           AMOR, cien puntos;
           OLVIDO, quinientos;
           DESAMOR, seiscientos.
           Caen las letras como la saliva caía en nuestros cuerpos
           las fichas rojas anuncian un incendio que ya no es
           de nuestras vulvas
           y drogo mi insomnio senil
           con la musiquita del ordenador
           como antes escuchaba en mi hombro
           tu respiración.
           Te he cambiado por el bookworm de luxe
           y te aseguro, me va bien el cambio:
           como las grandes catástrofes,
           una vez que han pasado,
           se siente dolor,
           pero ya no se tiene miedo.



Cristina Peri Rossi
de Habitación de Hotel (Ed. Plaza&Janés, 2006)

Nació en Montevideo, Uruguay el 12 de noviembre de 1941 y durante la dictadura en su país, al igual que muchos intelectuales se vio obligada a exiliarse. Vive en España desde 1972.

Estudió música y biología y se graduó en Literatura Comparada. De su obra poética destacan “Evohé” (1971), “Descripción de un naufragio” (1974), “Diáspora” (1976), “Europa después de la lluvia” (1987), “Babel bárbara” (1991), “Otra vez Eros” (1994), y “Aquella noche” (1996). Ha sido merecedora de numerosos premios, entre ellos el Loewe de poesía en 2008 por su libro “Play Station”, el Ciudad de Torrevieja en 2007, el Rafael Alberti en 2003, y muchísimos más por lo que es considerada como una de las mayores autoras uruguayas del siglo XX.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Esteban Moore




Transpiraciones

en la noche prendida de silencio
cuando mueren los televisores
de las sombras nace la poesía

-mis dedos restregan su pelo-
y yo
yo sigo siendo

soy:
el mismo enano solitario necesitado de palabras
el que no se acostumbra a viajar con la muerte

el café
calles silenciosas
conducen al café
del solo última casa en luces

allí el solitario
en compañía de sus recuerdos
y copas y humo y música y humo
se envuelve de nostalgia
para dibujar en el aire días posibles

pero…veloz, la madrugada
no tardará en golpear
el sucio ventanal

entonces dispondrán los abandonados

                  de la luz que los agobia




Esteban Moore
Nació en Buenos Aires en 1952. Poeta, traductor y periodista. En poesía ha publicado: La noche en llamas (1982); Providencia terrenal (1983), Con Bogey en Casablanca (1987), Poemas 1982-1987 (1988), Tiempos que van (1994), Instantáneas de fin de siglo (Montevideo, 1999, Mención Honorífica, Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires), Partes Mínimas (Mar del Plata, 1999), Partes Mínimas y otros poemas (Buenos Aires, 2003. Segundo Premio Fondo Nacional de las Artes).

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Ricardo Zelarayán




Una madrugada

Las trizas no se ven.
¡Oh gran sorda al viento!
El viento hace trizas el tiempo.
El día se ha vuelto oscuro
para volverse a aclarar,
para ser otro día.
Mi larga espera no puede ser siempre.
El amor tiene que estar aquí...
no a cien leguas a la redonda.
El gallo despierta,
el pájaro doméstico del canto de la
madrugada.
Mis ojos comienzan a licuarse en contacto
con la luz.
Pero la llamarada sin estrépito del corazón
no despierta a los vecinos.
Ella (es decir vos) ya duerme
pero yo sigo despierto.
Ella dejó todo para mañana.
Es hora, me dijo.
Yo me he quedado como pez fuera del agua
de su mirada...
Feliz de vos (de ella),
por Dios te (me) oiga,
porque yo no estoy tan seguro
de hasta mañana.
Hay una gran diferencia
entre el soñador y el dormido/a
Entre los pájaros que duermen
y el gallo, cantor del alba.
Entre sus ojos cerrados
y mis ojos abiertos.
Todos están afuera (aunque duerman),
todos se han ido
hasta mañana.
Los que duermen han cerrado su sueño
con siete llaves
hasta mañana.
Los insomnes de amor y los otros
se quedan,
esperan.
Y yo visito una fábrica de encendedores
perdidos.
(Hoy no sólo se fabrican objetos para tener
sino también
objetos para perder.)
Pero los encendedores perdidos
no hablan con los paraguas perdidos.
Y yo me voy, pájaro negro,
con el paraguas infinito de la noche
acribillado por tus miradas,
por el recuerdo de tus miradas.
La madrugada es dura
como el pan del olvido.
Tu mirada es sólo un recuerdo
hasta mañana.



Ricardo Zelarayán
Nació en Entre Ríos en 1940
Libros publicados: “La obsesión del espacio” (Poesía, 1973, reeditado en 1997); “Traveseando” (Cuentos Infantiles, 1984); “La piel de caballo” (Novela, 1986, reeditada en 1999 por Adriana Hidalgo); “Roña criolla” (Poesía, 1991); “Lata peinada y otros escritos” (Ed. Argonauta. 2008); “Ahora o nunca” (Poesía Reunida. Ed. Argonauta 2009)

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com