martes, 13 de abril de 2010

Cesare Pavese



Regreso de deola


Volveremos a la calle a mirar transeúntes
y también nosotros seremos transeúntes. Idearemos
cómo levantarnos temprano, deponiendo el disgusto
de la noche y salir con el paso de otros tiempos.
Le daremos en la cabeza al trabajo de otros tiempos.
Volveremos a fumar atolondradamente contra el vidrio,
allá abajo. Pero los ojos serán los mismos,
también el rostro y los gestos. Ese vano secreto
que se demora en el cuerpo y nos extravía la mirada
morirá lentamente en el ritmo de la sangre
donde todo se pierde.

Saldremos una mañana,
ya no tendremos casa, saldremos a la calle;
nos abandonará el disgusto nocturno;
temblaremos de soledad. Pero querremos estar solos.
Veremos los transeúntes con la sonrisa muerta
del derrotado, pero que no grita ni odia
pues sabe que desde tiempos remotos la suerte
-todo lo que ha sido y será- lo contiene la sangre,
el murmullo de la sangre. Bajaremos la frente,
solos, a media calle, a escuchar un eco
encerrado en la sangre. Y ese eco nunca vibrará.
Levantaremos los ojos, miraremos la calle.



Cesare Pavese

(San Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950) Escritor italiano. Su infancia y su juventud transcurrieron en Turín, donde se graduó en Letras con una tesis sobre W. Whitman. Su carácter tímido, los desengaños amorosos y las sucesivas crisis vitales, de orden religioso y político (en un principio vinculado al fascismo, posteriormente fue miembro del partido comunista), lo llevaron hasta un aislamiento que culminó en suicidio.

domingo, 11 de abril de 2010

Mario Jorge De Lellis



Canto a los hombres del papel sellado

Uno los ve fundamentales, tristes,
palideciendo al puro contacto con las rosas
con larga urbanidad prolijamente seca,
ojo de gancho duro, talonarios,
y aroma de calas siguiéndoles las muertes,
y un impecable estar adentro de la ley
como al fondo de un sótano marino.

Uno los ve con cosbatas y gominas,
electores correctos,
fanatizados cuerpos bajos el saco,
inmóviles, de negro, cerrando abriendo puertas,
decreciendo en constante pulso inútil.

Uno los ve al margen de las cosas vivas,
hazmerreíres serios,
impermeabilizados.

Uno quisiera alzarlos hasta las lentas noches
donde duele la acacia y las lunas varían
de acuerdo al pensamiento;
uno quisiera alzarlos hasta el salado sitio de los mares
donde navega en busca de occidentes
el leve calamar o la gaviota;
uno quisiera despertarlos, acaudillarlos,
llevarlos al jilguero, a la harina,
al quiróptero hundido entre las sombras
de las malditas casas,
a la dulce majada renovada en el muy blanco sur,
al taller con muchachas que se asoman al día
sonriendo sus cansancios,
al gangoso impedido en una esquina,
al tañido violín, a la metáfora,
al viento y al cereal y al perejil
y a las más altas cumbres y a la niebla.

Uno quisiera incluso concederles un poco de horizonte,
un dorso de sus días, un quiosco entre las nubes,
un extraño país con calabazas,
con altos cuellos de ocas investigando lluvias.

Puesto que no verán este fanal del mundo, de los hombres,
de las tallas auténticas,
de la lana abrigándonos las carnes del invierno,
del mar impenetrable penetrando
en un ritmo de ojos y palomas.
No sentirán ciprés, abeja , río,
no sentirán amor tendido como un tierno animal
buscándose en los dedos,
ni una impalpable vida funcionando en los latidos mínimos.

Uno quisiera incluso que supieran,
que se fueran con vientos por el mapa
como nos fuimos todos los raros mensajeros
del aire y de las cosas.

Pero siguen allí, fundalmente, tristes,
cumpliendo sus deberes,
oxidando sus caras poco a poco,
con acalambramiento amargo entre los dedos,
sin saber por qué son, sin comprender tampoco
que inevitablemente terminarán nutridos de materia.
Duros. Solos.



Mario Jorge de Lellis, extraido del libro: CANTOS HUMANOS, Colección "Ventana de Buenos Aires", Bs. As., 1956.

sábado, 10 de abril de 2010

Héctor Negro



LOS PÁJAROS CANTAN


Todas las mañanas los pájaros cantan.
Aunque suba el dólar y se caiga el alma.
Nadie escucha el canto que arranca en el alba.
Porque todos cargan su noche cargada.

Nadie tiene tiempo, nadie tiene ganas.
Qué importancia tienen tan breves gargantas.
Se acelera el pulso, la presión es alta.
Pero igual que siempre, los pájaros cantan.

En la ventanilla de la fría caja,
no se han enterado que en esta mañana
lo mismo que siempre, los pájaros cantan.
El sello de goma tampoco descansa.

Y el trámite urgente que se desbarata.
El stress que ahoga...No oyen, no paran.
Pánico en la Bolsa. La deuda se agranda.
Pero igual que siempre los pájaros cantan.

Renunció el ministro. La inflación arrasa.
Los gremios protestan. Alguien pide calma.
Pero esta mañana, en que todo pasa.
Nadie tiene tiempo, y sigue la máquina.

El papel sellado, el jefe que manda.
Afiches que venden. Plata que no alcanza.
Una noria inútil que no cambia nada.
Todas las mañanas los pájaros cantan.

Los pájaros cantan..., todas las mañanas...





Héctor Negro
(estos versos pertenecen al libro Gorrión del Mundo)

viernes, 9 de abril de 2010

Humberto Costantini




CHE MUNDO, COSA, GENTE

Che mundo, cosa, gente,
vida en serio,
no se me rajen, tomen
una sopa conmigo.
Sepan,
yo soy un pecador,
anduve con el diablo,
anduve en contrabando de palabras,
supe fabricar vida hablando solo,
me lo pasé en peleas, cayéndome y matando.
Supe vistear con Dios
(una vez lo paré y le pedí fuego,
casi me mata el bárbaro.
Yo soy un pecador,
pero pagué,
tuve condena y la cumplí carajo.
Por eso mundo, cosa, gente,
vida en serio,
no se me rajen, tomen
una sopa conmigo,
digo,
si no los comprometo.
Tomen algo.



Humberto “Cacho” Costantini
Nace en Buenos Aires, el 8 de abril de 1924 y fallece el 7 de junio de 1987.
Completa sus estudios universitarios y se recibe de médico veterinario. Ejerce su profesión en los campos cercanos a la ciudad de Lobería (provincia de Buenos Aires), luego en 1955 regresa a Bs. As, donde ejerce variados trabajos.
Parte al exilio en México en 1976 luego que la dictadura desapareciera a sus amigos Roberto Santoro y Haroldo Conti y tantos más.
En 1983 regresa a Buenos Aires después de 7 años, 7 meses y 7 días de exilio.
Su obra ha sido publicada en varios países e idiomas, entre otros en alemán, checo, inglés, finlandés, hebreo, polaco, sueco y ruso.

Contrae una enfermedad que lo lleva a la muerte la madrugada del 7 de junio de 1987. La noche anterior había trabajado como cada día, aprovechando el leve bienestar entre quimioterapias, en su novela La rapsodia de Raquel Liberman, de la cual alcanzó a completar dos tomos. Esta obra permanece inédita.

Bibliografía: “De por aquí nomás” (cuentos) ediciones en 1958/1965/1969; “Un señor alto, rubio de bigotes” (cuentos) ediciones en 1963/1969/1972; “Tres monólogos” (teatro) ediciones en 1964/1969; “Cuestiones con la vida” (poemas) ediciones en 1966/1970/1976/1982/1986; “Una vieja historia de caminantes” (cuentos) edición en 1970; “Háblenme de Funes” (tres novelas breves) ediciones en 1970/1980; “Libro de Trelew” (narración épica) edición en 1973; “Más cuestiones con la vida” (poemas) edición en 1974; “Bandeo” (cuentos) ediciones en 1975/1980; “De Dioses, hombrecitos y policías” (novela) ediciones en 1979/1984/2009; “Una pipa larga, larga, con cabeza de jabalí” (teatro) edición en 1981; “La larga noche de Francisco Sanctis” (novela) edición en 1984; “En la noche” (cuentos) edición en 1985; “Chau, Pericles” (teatro completo) edición en 1986; “La rapsodia de Raquel Liberman” (novela; dos tomos de tres concluidos; 1987

(Poema extraído del libro CUESTIONES CON LA VIDA, Editorial Canto y Cuento, 1966)

sábado, 3 de abril de 2010

Mario Trejo



Orgasmo
(fragmentos)

1
Breve vida feliz
Breve muerte feliz

3
Huir de la pequeña historia.
La anécdota me saca de quicio.
Vivamos el Gran Cuento.
Estoy traduciendo.
Hablo una lengua que apenas conozco
sonidos heredados
robados a lo lejos
ruidos enfermos de cultura.
Yo quiero hablar de mi lengua
lengua enferma
asesina del padre y de la madre
lengua experta
jerga de la experiencia.
Tartamudeo
Gruño
Digo sólo estertores.
La garganta se seca
vomito canciones mongoloides
y mi madre junto a mí
repite que me deja para siempre.
Un aeropuerto está cerca.
Siempre será así.

9
No hay nada más honesto que la necesidad.

10
Ha llegado la hora.
Confesaré.
Daré datos precisos.
No mentiré.
No caeré en contrabando.
Tomaré todas las drogas.
Acataré lo sagrado y lo profano
su único hijo
nuestro dolor.
No codiciaré la muerte del prójimo.
Me revolcaré sólo de amor.
La noche, sabemos, etcétera, etcétera, etcétera.
El alba
ya lo dije es oficio de sobrevivientes.



Mario Trejo
Orgasmo y otros poemas (1989), CEDAL

viernes, 2 de abril de 2010

Yutaka Hosono



El deseo


En el abdomen y hacia la espina, en línea horizontal,
hay un mar desteñido.
Mi hijo ahí, desarmado, a medianoche,
hecho un montón de palillos chamuscados,
llueve como tortugas.
Las bombas incendiarias.
Las lápidas sepulcrales en el arenal.
Con un brazo arrancado al niño,
la mujer viene corriendo.
Los cabellos se mecen en el fondo de la cuneta.
La ascensión al cielo de la novia.
El joven aferrado al recuerdo
como si abrazara aquellas piernas blancas,
desea aplastar el trasero de la abeja
porque la imagen no es tridimensional
por mucho que se proyecte en la pantalla.
Y bebe la charca de un trago.
Lame con avidez el casco del buque de ágata
y espera el final mirando para arriba.


Yutaka Hosono
[Yokohama, 1936], estudió español en la
Universidad de Tokio y durante más de cuatro décadas trabajó
en Brasil, Bolivia y México donde tradujo al japonés numerosos
poetas españoles y latinoamericanos.
Algunos de sus libros son En donde se agote la tristeza
(1993), Cazador de flores (1996), La máscara sonriente (2002)
o Dioses en rebeldía (1999). Traducciones del autor revisadas
por Sergio Mondragón y Gregory Zambrano.

jueves, 1 de abril de 2010

Ruriko Mizuno



El cielo de la nevera

Un bocadillo de invierno en un plato
en cuyo extremo
sin cesar
está nevando.

(El mundo es mítico.)

Una noche así,
en un rincón del cielo,
agoniza un gigante,
con su campo de cultivo manchado de sangre...

Una noche así,
en el revés de las estrellas
el sol del ocaso burbujea susurrante,
mientras la madre difunta da a luz un bebé
sobre la sábana ondulante color rosado.

(El mundo gira varias veces).

Cierro la puerta,
y en la cocina, lejos de la bóveda celeste
lavo las fresas del invierno pleno.

Bajo el encierro del cielo nocturno,
el plato helado
se atrasa
en el sueño.


Ruriko Mizuno
[Tokio, 1932] hizo estudios de literatura
francesa en la Universidad de Tokio pero vive en Yokohama,
donde hace parte del consejo de redacción de la revista Hyoutan.
Ha traducido al japonés las Décimas de Violeta Parra. Algunos
de sus libros son La enciclopedia ilustrada de los animales
(1977), El caballo de Rapunzel (1987), Hermana menor de los
ojos avellanados (1999), Mondaorejas de ballena (2003) y Noche
de la marca conejo (2003. Traducciones de Ryukichi Terao.

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com