miércoles, 10 de marzo de 2010

Rafael Alberti y Paco Ibañez

A galopar

Letra: Rafael Alberti
Música: Paco Ibañez




Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar.


Rafael Alberti

domingo, 7 de marzo de 2010

Carlos Barbarito



De la vida se sale herido

De la vida se sale herido,
ningún mar sabe de este andar
bajo remotas esferas
después del desamor y el silencio.
Sólo es verdadera la lastimadura,
el día entra de espaldas a la noche
y la noche es una boca
desde la que toda palabra se envilece y se pudre.
En insomnio, reflejo de último y extranjero.
¿Dónde se guarda el secreto? ¿Cuándo
se tensará la cuerda en el aire quieto?
Cada casa reserva escasez y desidia,
espejo y muerte, número sin trama.
¿Dónde se guardan la moneda,
el ala, el signo del arrebato,
la voz y la brasa, el filo, la piedad, el musgo?
De la vida se sale herido,
ningún mar sabe de la presa entre redes,
de la rama que arde sola, lejos.



CARLOS BARBARITO
Nació en Pergamino, Argentina, el 6 de febrero de 1955. Libros publicados: Poesía quebrada; Teatro de lirios; Éxodos y trenes; Páginas del poeta flaco; Caballos y otros poemas; Parte de entrañas; Bestiario de amor; Viga bajo el agua; Meninas/Desnudo y la máscara; El peso de los días; La luz y alguna cosa; Desnuda materia, La orilla desierta; Piedra encerrada en piedra, entre otros.

jueves, 4 de marzo de 2010

Javier Villafañe



Poemas de Javier Villafañe
"Hay que regar antes que llueva"


Dios con frecuencia
se provoca un sueño.
Sueña
que es hombre

es su sueño deseo
ser hombre y sufrir
amar, morir
y tocar su esqueleto

y como su anhelo
es realidad soluble
espejo fiel del sueño

a veces despierta muerto
buscando entre las nubes
el polvo de sus huesos.

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En qué pensaba Dios cuando hizo la mosca
sus malolientes deleites relajados
el suicidio en un plato de sopa
su infaltable presencia en excusados

transitados
por caballeros que sin llegar aflojan
damas menstruosas
y niños con diarreas de verano

y soreteando por plazas y caminos
entre estiércol y charcos
imprevistos

se pregunta la mosca mientras va volando
¿y yo, en qué estaba pensando
cuando Dios me hizo?

miércoles, 3 de marzo de 2010

Dardo Dorronzoro




TODAS LAS MAÑANAS

No me cortarán el viento de los ojos,
yo te digo;
no me cambiarán de azul la torre de los pinos,
ni manejarán palomas con las nubes de mis dedos.
Yo soy todas las mañanas de los hombres, te digo,
todos los inviernos, todos los eneros,
yo soy una sangre perdida en la calle más antigua,
una espuma de llanto y una tos en los jergones;
yo soy para siempre en mi último camino.



Dardo Sebastián Dorronzoro nació en San Andrés de Giles,
provincia de Buenos Aires, en 1913.
El 25 de junio de 1976 fue secuestrado por un Grupo de Tareas
de su casa en el barrio La loma, en la ciudad de Luján.

martes, 2 de marzo de 2010

Isidoro Blaisten



Para qué sirve un poeta

Qué es un poeta


Pienso que es un gato de cinco patas, un olmo que da peras, alguien que se sienta a la puerta de su casa y no ve pasar el cadáver de su enemigo, tampoco ve pasar el cadáver de su amigo, ve pasar su propio cadáver.

El poeta es el único ser que se baña dos veces en el mismo río, el único que se moja dos veces en la misma lluvia. Shakespeare, el poeta que dijo: el resto es silencio, el poeta que dijo que la vida es una historia llena de ruido y furia contada por un idiota, dijo de los poetas que los poetas son los espías de Dios. ¿Por qué los poetas son los espías de Dios y no el poeta es el espía de Dios?

Simplemente porque Dios es el más grande de los poetas. Y los poetas son, entonces, los espías del supremo espía. Dios es una luz imprecisa que los poetas ven sin enceguecerse, sin entornar siquiera los ojos mientas los boquiabiertos tropiezan en la oscuridad.

¿Para qué sirve?

Según el lugar desde donde se formule la pregunta, para nada. Como dijo Oscar Wilde, todo arte es inútil.

Todo poeta es inútil y para algunos familiares de poetas todo poeta es un inútil. Pero, o porque, si se formula la pregunta desde otro lugar, el poeta trastrueca la familia y los familiares, vuelve útil lo inútil y cuando el viento sopla por los ojos da vuelta la red, la seda de los párpado.



El oficio de Dios

Vamos barruntando que el poeta tiene una propiedad milagrosa. Eso que Girri denominó en poemas perfectos “propiedades de la magia” es propiedad del poeta. Y sospecho que, a través de esa magia, vamos comprendiendo para qué sirve un poeta: sirve para darnos vuelta al revés, mostrarnos que la poesía es una manera de vivir y de morir, hacernos saber que sobre el puente del daño el poeta y la muerte se acometen.

Por eso, cuando Enrique Heine se moría, su mujer, que le había amargado la vida, le dijo: “Te estás muriendo, Enrique, encomiéndate a Dios para que te perdone”. “No te preocupes”, le dijo el poeta, “perdonar es su oficio”.



Isidoro Blaisten nació en Concordia el 12 de enero de 1933, hijo de David Blaisten y Dora Gliclij, judíos que poblaron Entre Ríos, queda sin padre a los 9 años y un año después, habitando ya en Buenos Aires, fallece su madre, cuando vivía en un conventillo pobre de la calle Pringles, en el barrio de Almagro.

lunes, 1 de marzo de 2010

Alberto Szpunberg


Casualmente, Cortázar…
por Alberto Szpunberg


Un delicado recuerdo de Julio Cortázar trazado por el poeta Alberto Szpunberg, deja a la vista la gran humanidad del escritor que adhirió fervorosamente a las revolcuiones latinoamericanas.

La memoria hace suyo el juego que Cortázar propone al lector de Rayuela: renovada lectora de sí y del otro que siempre nos habita, la memoria sigue libremente diversos itinerarios y acomoda los recuerdos de distinta manera para recorrerse a sí misma y descubrirse siempre igual y siempre otra. Ese es el “amor más allá de la muerte”. La lectura que hace la memoria de sí es también un renovado descubrimiento del otro. Por eso, siempre es diálogo: a veces, muy íntimo; a veces, multitudinario, aunque, en realidad, siempre íntimo y multitudinario a la vez.
¿Qué se hizo de Cortázar –me pregunto– en medio de estos derroteros de la memoria? Acaso un profundo extrañamiento, cada vez más fuerte, que me agarra cuando algo importante ocurre de pronto: como hoy, en el subte, un chico que vendía estampitas de la Desatanudos, al que le saqué la lengua y se sonrió... ¿A quién contarle, con quién comentar los grandes acontecimientos de la historia? Ahora mismo, por ejemplo, me sentaría con Cortázar en un café, en la mesa de la ventana, y lo pondría al tanto: -¿Sabés, Julio?, hoy en el subte, había un chico… Le saqué las lengua y se sonrió... ¿Vos no sos devoto de la Desatanudos?
Conocí a Cortázar en la Agencia Nueva Nicaragua, en París, donde yo trabajaba: un día tocó el timbre, le abrí la puerta y nos quedamos charlando horas. En la charla, Nicaragua era ese chico, el de hoy en el subte... A la nochecita, al irse, Cortázar se llevó las manos a la cabeza y me preguntó: “¿Para qué era que había venido? Ah, claro, ya me acuerdo: es que pasaba por casualidad...”
Ahí nomás le conté a Cortázar que mi historia con él también había empezado por casualidad. Me acababa de comprar Los premios, en El Ateneo de Florida, iba para casa y entré en el London, Perú y Avenida de Mayo, y me puse a leer y ahí descubrí que, sin saberlo, por pura casualidad, me encontraba en el mismo café que frecuentaban los personajes de su novela.
Cortázar se rió: “¡Fijate, che, qué casualidad! Yo también conocí a mis personajes del London en el London…”
Entonces, le conté que no era broma: un día, en el mismo London, yo entré y, también casualmente, encontré a un compañero que hacía tiempo que no veía y le dije: “¡Flaco, qué casualidad!”. Y el Flaco se puso de pie, no para saludarme, sino para citar a Hegel: “La casualidad no es ausencia de causalidad, sino de una causalidad inmediata”. Cortázar se impresionó: “¿Hegel? –me dijo– Eso sí que yo ni por casualidad…”.
Ni por casualidad le conté a Cortázar que el Flaco ya no está. ¿Para qué si todas esas cosas Cortázar las sabía? Por eso, la memoria sigue libre sus asombrosos caminos, como ahora, casualmente. Y también por eso, por ser el otro de nuestra memoria, no hay, nunca habrá una causalidad inmediata para recordar a Cortázar, como tampoco al Flaco, excepto ese chico, sí, ese chico, el de la Desatanudos, al que hoy le saqué la lengua y se sonrió... Es que no hay otro “amor más allá de la muerte”...


Alberto Szpunberg (poeta y periodista)

Carlos Patiño

Nota de Marcelo Massarino a CARLOS PATIÑO
Buenos Aires, 31 de mayo (*), especial para ANC-UTPBA).-



Fotografía de Roberto Santoro, por Juan Carlos Malieni en 1972.

“Nosotros queríamos poner en marcha el principio surrealista de sacar la poesía a la calle, que saliera del salón para que llegara al pueblo ¿Cómo lo logramos? Al principio con poemas más o menos espantosos. Nos decían que tirábamos ladrillos florecidos. Íbamos a los mítines, a las concentraciones, leíamos poemas en universidades y sociedades de fomento. Porque había una poesía sin pueblo y un pueblo sin poesía”, asegura el poeta Carlos Patiño, integrante del Grupo Barrilete junto a Roberto Santoro, a quien recuerda como “un generador, un tipo con una fuerza interior poco común.”
Pocos días antes de partir al exilio en México en junio de 1976 -después de firmar un pedido por los escritores desaparecidos que el titular de la SADE, Horacio Esteban Ratti, le entregó al dictador Jorge Rafael Videla el 19 de mayo de ese año- Patiño le pidió a Santoro que se fuera. “Esta guerra está perdida. No vamos a poder enfrentarlos, nos van a matar a todos. Cuando vengan ¿con qué les vas a tirar? ¿con libros? Te van a ir a buscar y te van a matar. Pero para Roberto su lugar estaba en el país y que pasara lo que pasara, se iba a quedar en su puesto de lucha. Consideraba que la situación era peligrosa pero que con cuidado se podía trabajar. Ya en el exterior recibí dos o tres cartas muy breves y sin remitente. Hasta que un día no hubo más cartas ni Santoro”.
“Éramos de la generación del sesenta, luchadores sociales en todos los terrenos contra el colonialismo cultural y por la liberación nacional y social”. En ese marco, la producción de revistas, carpetas con poemas e ilustraciones, libros e informes de Gente de Buenos Aires fue prolífica. Los Informes sobre Discépolo, la Esperanza, Santo Domingo, Lavorante y Trelew, entre otros, son una muestra de la dinámica de la poesía de aquellos años.
“Hacíamos una suerte de periodismo poético”, explica Patiño. “Cuando trabajas en un diario el jefe de redacción te pide una crónica. Nosotros hacíamos lo mismo pero el producto era un poema sobre un acontecimiento que recién se producía, le dábamos un enfoque distinto que le otorgaba otra dimensión a la noticia. Nuestra consigna era ‘¡para mañana, un poema!’, que a la noche siguiente se leían y seleccionábamos”. Reconoce en Roberto Santoro a quien más rápido se adecuaba a este estilo de poesía urgente, de cierre de edición.
Como parte del Informe sobre Santo Domingo, por la invasión norteamericana a la República Dominicana, Humberto Costantini escribió el Yanquis hijos de puta y Patiño incluyó Oración, que motivaron una declaración del Canciller de turno y una misa de desagravio a la Virgen María, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “Esto demuestra –señala Patiño- que el grupo Barrilete sacó la poesía a la calle, mala o buena, mejor o peor, pero siempre ligera y rápida porque tenía que ser comprendida hasta por el más iletrado de los hombres. Nos imponíamos incorporar el lenguaje coloquial en los trabajos, pero no con la intención de revolucionar la poesía. Simplemente, queríamos sacarla a la calle.”
Carlos Patiño, quien en 1990 ganó el premio Casa de las Américas por su obra Esquinas silenciosas y en la actualidad dicta talleres literarios en la zona de Quilmes, con el oficio y la paciencia de un artesano de la palabra explica el protagonismo que tuvo “la generación del sesenta” en la poética argentina: “hay una tentativa de aislar a los poetas productores de poesía política del resto de sus contemporáneos para dejarnos sin generación, porque la poesía del ‘60 fue un fenómeno amplio, con poetas que escribían como sentían, de los temas que sentían y en la forma que sentían.”
Recuerda una y mil anécdotas de su amigo y compañero que está presente en sus versos y en la plazoleta que lleva su nombre en el barrio de Chacarita. Va hasta la biblioteca y busca “un poema premonitorio” de Roberto Santoro, Canto a la esperanza: si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,/ si un día se va,/ yo crucifico al amor/ y después de enterrar a mis hermanos,/ me voy con el tranvía de la muerte/ a clausurar mi corazón en una plaza.” (ANC-UTPBA).
(*) Periodista

Poesía del Mondongo

A todos, gracias por compartir este espacio

Email: fernando1954@gmail.com